viernes, 20 de junio de 2008

EL TONAL Y EL NAGUAL ( * )


Antes de entrar a este capítulo de libro deseamos comentar algunas cuestiones sobre los términos tonal y nagual. Ha sido nuestra intención encontrar conexiones entre los conceptos que Castaneda describe acerca del conocimiento que Don Juan llama "Toltequidad" y que dice son prácticas muy remotas de los "toltecas". Esto también lo dicen algunos textos académicos de Historia y Antropología.

Esta forma de conocimiento -que no se podría llamar "filosofía" porque el conocimiento no es aprendido por la razón- es, creemos, el hilo conductor o matriz "filosófico" cultural del Anáhuac. Pero es prudente señalar que las coincidencias entre este conocimiento y algunos estudios académicos es más rica en las tradiciones, costumbres, prácticas y oralidad de los pueblos indígenas que, sin procesos racionales, siguen muchas de las técnicas de la Toltequidad de manera natural, a través "de el costumbre", como lo han hecho durante cientos de años.

En la actualidad es inmensamente más difícil vivir como indígena, que vivir como pordiosero o subempleado en los cinturones de miseria de las ciudades. Esa fuerza interna que han demostrado los indígenas a lo largo de los últimos 500 años de opresión consideramos que ha sido posible, en gran parte, porque se ha alimentado del conocimiento “no racionalizado" que subyace en sus tradiciones y costumbres, en su cultura.

Este mismo conocimiento también se manifiesta, de una u otra forma, en la variedad de culturas populares que conforman el rostro actual de nuestro país. Los conceptos de tonal y nagual no son extraños para ningún mexicano. Existen muchas palabras del náhuatl que usamos cotidianamente en nuestro español urbano. Por ejemplo, Tonatiuh es el sol; Tonatzin es nuestra madre querida o la Virgen de Guadalupe. Alfredo López Austín, en su Cuerpo humano e ideología, las concepciones de los antiguos nahuas, en la página 223 dice: " ... El sustantivo TONALLI, derivado del verbo TONA, "irradiar" ("hacer calor o sol", según Molina), tiene los siguientes significados principales: 1.irradiación; 2. calor solar; 3. estío; 4. día; 5. signo de día; 6. destino de la persona por el día en que se nace; 7. "el alma y espíritu" (Molina: Totonal); 8. cosa que está destinada o es propiedad de determinada persona (Molina: tetónal)."

Y en la página 418, López Austin, al hablar de las descripciones del nagualismo, retorna un texto de Fray Bernardino de Sahagún: "El nahual es el sabio, poseedor de discursos, dueño del depósito, sobrehumano, respetado, grave, serio, no burlado, no sobrepasado. El buen nahualli es depositario, hay algo en su interior, guardador, observador. Observa, conserva, auxilia; a nadie perjudica."

Volviendo al libro de Castaneda, Don Juan usa el término tonal para hablar del mundo conocido -parte derecha- o de la razón, y el término nagual, con dos acepciones, una que se refiere a la parte izquierda -de la "otra realidad", de la percepción, la contraparte del tonal- y otra que se refiere al nombre que se le da al hombre de conocimiento, el líder de un grupo de guerreros al que se le nombra "el nagual", como lo fue Don Juan en su grupo, o Elías y el propio Castaneda.

Para Don Juan el tonal nace con el hombre y muere con él; el nagual es la otra parte del ser humano que siempre está ahí, antes, durante y después. El tonal es el mundo que se urde con la razón; el nagual es el mundo del poder, donde lo único que puede hacer el hombre es “atestiguar”.

Castaneda recibe conocimientos a través de técnicas prácticas para "barrer" o limpiar la isla del tonal, porque el camino del guerrero no es más que la capacitación para ahorrar energía a partir de reducir la importancia personal, para poder entrar al mundo del nagual. Don Juan le dice a Castaneda que un guerrero no puede andar con lamentos y quejas, porque su vida es un desafío interminable, y no existen formas para que los desafíos sean bonitos o feos, buenos o malos. Los desafíos son sencillamente eso, desafíos. Allí radica la diferencia entre los hombres comunes y los guerreros. Mientras que para los primeros el mundo está lleno de bendiciones o maldiciones, para los segundos es un desafío interminable donde está a prueba su impecabilidad y su "desatino controlado”.

“ ‑Sólo como guerrero puede uno soportar el cami­no del conocimiento -dijo‑. Un guerrero no pue­de quejarse ni lamentar nada. Su vida es un desafío interminable, y no hay modo de que los desafíos sean buenos o malos. Los desafíos son simplemente de­safíos…
‑La diferencia básica entre un hombre común y un guerrero es que un guerrero toma todo como un desafío ‑prosiguió‑, mientras un hombre ordinario toma todo como bendición o maldición…
Luego me pidió razón detallada de cómo había yo llevado a cabo las recomendaciones que don Genaro y él mismo hicieron acerca de mi mundo cotidiano y mis relaciones con la gente…
Cuando un guerrero tiene por fuerza que creer, lo hace porque así lo escoge, como expresión de su predilec­ción más íntima.. Un guerrero no cree; un guerrero tiene que creer."…
"Así que, si no fuera porque nos damos cuenta de la presencia de nuestra muerte no hubiera poder, ni misterio."…
Tener que creer que el mundo es misterioso e insondable era la ex­presión de la predilección intima de un guerrero. Sin ella, el guerrero no tenía nada…” Carlos .Castaneda. Relatos de Poder.

( * ) Tomado del libro PARA LEER A CARLOS CASTANEDA


www.toltecayotl.org



jueves, 19 de junio de 2008

QUÉ ES LA TOLTECÁYOTL 2/2 ( * )


Segunda parte


Fue en Teotihuacan donde los dioses iniciaron el Sol en el que vivimos. Para ello fue necesario que se sacrificaran los dioses y se lanzaran al fuego liberador de la partícula divina. De esta manera se creó el Sol y la Luna. De la misma manera los dioses encomendaron a Quetzalcóatl que fuera al Mictlan[1] a robarle al Señor de la Muerte, Mictlantecutli, los huesos de los seres humanos del Cuarto Sol para con ellos realizar un sacrificio con su propia sangre, a fin de darles vida. También le encomendaron dotarlos de alimento. Fue así que descubrió "el Monte de Nuestro Sustento", donde se encontraban almacenados todos los granos que son el alimento del Quinto Sol.


Finalmente, todos los dioses se sacrificaron para que los seres humanos viviéramos, es por ello que a las personas se les llamaba "masehuales", que en náhuatl significa "merecedores del sacrificio de los dioses" , lo que marca una de las pautas esenciales de nuestra manera de entender la vida: el sacrificio.


Los toltecas crearon una estructura religiosa para los seres comunes que formaban "las pencas del nopal" o “el ala y la cola del águila", giro metafórico para nombrar a la población en general. En la religión existía una gran fuerza creadora, superior a cualquier concepto humanamente imaginable. Por ello decidieron no darle nombre ni representación. Era lo invisible e impalpable que se encontraba en todo lugar al mismo tiempo. A Él se referían como "Aquél por quien se vive", "Noche viento", "El señor del cerca y del junto". Equivale a Dios Padre en la religión judeocristiana.


En su aspecto más humanizado y conceptual, Dios era considerado una divinidad dual, mitad femenino y mitad masculino. En la religión cristiana equivaldría a Jesucristo, hijo de Dios en la Tierra. También se lo entendía como el conjunto de pares opuestos complementarios con los que se construye "el mundo en el que vivimos". Los antiguos se refirieron a este par como el "Dios del Agua" y el "Dios del viento". El primero comprende todo lo que nos rodea, que por su naturaleza está compuesto de átomos y es energía "condensada o materializada". El segundo abarca la "otra energía" de la que se compone el mundo, el "soplo divino" que le otorga conciencia a la materia. Al dios del agua, los nahuas le llamaron Tláloc y al del viento, Quetzalcóatl. Los mayas nombraron a dicho par: Chac y Cuculcán, respectivamente. De similar manera, cada cultura concibió el mismo par, simbolizado bajo nombres diferentes, ya que nuestros Viejos Abuelos constituyeron una sola civilización, independientemente de la diversidad de culturas en las que se haya expresado tal sabiduría.


Los cinco rumbos de la existencia constituyen otra de las piedras angulares de la filosofía y la religión en el México Antiguo. De acuerdo a éstas, el mundo humano estaba condicionado por cinco direcciones, que se trazaban a partir del ombligo o centro energético. Una línea dividía al hombre en dos planos. El segmento de la cintura a la cabeza representaba el cielo y comprendía los órganos que simbólicamente ayudaban a exaltar el espíritu: el cerebro y el corazón. Dicha parte estaba simbolizada por el ave más bella que remonta las alturas celestiales: el Quetzal. El segmento del ombligo a los pies representaba la tierra y también abarcaba dos órganos que propiciaban que el ser humano se aferrara a la tierra: los riñones y el sexo. Estaba representado por el reptil, que inteligentemente se arrastra por el polvo de la vida: Cóatl.


El desafío primordial de la existencia, según la filosofía tolteca, consiste en integrar o encarnar el Quetzalcóatl, o sea, lograr el equilibrio entre el aspecto espiritual y el material de nuestro ser.


Pero los toltecas todavía iban más allá, trazando un corte simbólico en sentido longitudinal. La parte derecha resultante representaba el mundo tangible o Tonal, junto con los atributos: racional, solar, masculino y objetivo. La parte izquierda representaba el mundo intangible o Nahual, junto con los atributos: intuitivo, lunar, femenino y oculto o sutil, que en la cultura milenaria china equivalen exactamente al Yang y al Yin, respectivamente.


Si en lugar del cuerpo, la cruz se traza sobre la tierra para darle tres dimensiones, aparece una quinta dirección además de los cuatro puntos cardinales o “rumbos de la existencia”: el arriba y el abajo: la exaltación o la degradación, al igual que el Yin y el Yang en su círculo compartido. En efecto, en el plano terrestre de la existencia encontramos cuatro puntos cardinales partiendo “del centro o obligo del mundo”. Sin embargo, del centro parten otras dos direcciones, una que es ascendente y se dirige hacia arriba. Y la otra descendente que se dirige hacia abajo.


Los toltecas postulaban que el gran desafío humano consistía en equilibrar los cuatro "rumbos de su existencia" en tendencias balanceadas para con ello lograr elevación espiritual y, por ende, la trascendencia. De modo contrario, sí el individuo se afanaba más en cualquiera de las direcciones -mostrar proclividad excesiva hacia le etéreo y espiritual, lo burdo o material, lo lógico y racional o lo intuitivo y sutil- corría el peligro de caer en la insensatez o merma personal.
El pensamiento tolteca o Toltecáyotl no varía gran cosa respecto del pensamiento filosófico de cualquier otra civilización antigua pues, en esencia, el ser humano y su destino es uno y el mismo para todos, sin importar tiempo ni espacio o cultura. De modo que al abordar el pensamiento filosófico de los toltecas no puede uno sino apreciar el parecido con el de otras civilizaciones y, a menudo, asombrarse con sus semejanzas.


La maestra Laurete Séjurné llama a la concepción arriba mencionada "Quincunce o Ley del Centro”, la cual está representada de manera reiterativa a todo lo largo de la Toltecáyotl. En la arquitectura del México antiguo veremos normalmente un patio cuadrado central, con cuatro habitaciones o pirámides a los lados y una pequeña construcción en el centro, representándola. El calendario azteca exhibe repetidamente los cinco puntos de la existencia. Todas las manifestaciones iconográficas mexicas como esculturas, pinturas, estelas, textiles, tallas, grecas, revelan el quincunce. Al igual que la cruz de los cristianos, éste aparecerá en todos y cada uno de los sitios energéticos.


La Toltecáyotl comprende el conjunto de conocimientos y sabiduría generada por los toltecas con miras a la consecución de la más elevada misión del ser humano en la vida. En ese sentido, representa la herencia más noble y el fruto más fecundo de los antiguos y sabios pueblos del México antiguo.


Importante es repetirlo: dicha sabiduría vive, está vigente hasta nuestros días y constituye lo que en verdad nos sostiene como individuos y como pueblo hasta el día de hoy. Pero debido a la colonización cultural y espiritual que sufrimos, no aflora al plano conciente, si bien representa indiscutiblemente uno de los más valiosos recursos que nos permiten enfrentar el mundo actual. El desafío de los mexicanos en el tercer milenio es, pues, tomar conciencia dicho patrimonio cultural intangible que hemos heredado de nuestros Viejos Abuelos para enfrentar el turbulento presente que nos ha tocado vivir.

[1] Lugar de los muertos.


( * ) Tomado del libro LOS GUERREROS DE LA MUERTE FLORECIDA

miércoles, 18 de junio de 2008

¿QUÉ ES LA TOLTECÁYOTL? ( * )



Uno de los objetivos de la colonización fue despojar a los pueblos invadidos y vencidos, de su memoria histórica y sus conocimientos ancestrales. Para comenzar, se propusieron imponer la visión hispanista, vigente hasta nuestros días, de que ellos, los españoles, trajeron la "civilización, la cultura, la religión, el arte y la educación" a nuestro pueblo. Ello se entiende como que la humanización y civilización de México se dio exclusivamente mediante su europeización y, extendiéndolo al día de hoy, México se estaría civilizando mediante la globalización. Así pues, consideraron necesario destruir todo vestigio de "atraso, paganismo diabólico y oscurantismo primitivo" de los pueblos colonizados.


En el siglo XVI los invasores tuvieron que aceptar, en juicio ante el Vaticano, que los Viejos Abuelos poseían alma y eran seres humanos. A la sazón se les llamó "indígenas" para escamotearles su derecho a ser humanos, del mismo modo en que la sociedad dominante les escamotea su derecho constitucional a ser reconocidos como entidades culturales diferentes, libres y autónomas.
A partir de tal sesgo, desde el siglo XVI se afirma que los antiguos mexicanos carecían de pensamiento filosófico estructurado y refinado que brindara sustento a su añejo proceso civilizatorio, y sirviera de plataforma y raíz a los conocimientos matemáticos, científicos, religiosos, artísticos y sociales, que le son reconocidos universalmente y de los cuales existen impresionantes y elocuentes vestigios.


Los “nativos” para los conquistadores a lo sumo llegaron a poseer una transfigurada religión politeísta por la cual adoraban al agua, al viento y al sol, sacrificaban bellas doncellas a quienes les extirpaban el corazón en sanguinarias ceremonias, y transcurrían su vida apenas ocupados en los trabajos agrícolas y las guerras tribales.


La abyecta negación de la existencia de una filosofía en el pueblo tolteca ha condenado al laberinto de la soledad a nuestra civilización, ya que no se podría entender la cultura grecolatina sin filósofos y pensadores como Sócrates o Platón, la india sin el budismo y el hinduismo y la china sin el taoísmo y el confucionismo. El México Antiguo y el México contemporáneo, sin el pensamiento tolteca, no se pueden entender cabalmente. El análisis se queda apenas en la superficie de una arqueología estéril, o el indescifrable surrealismo de las culturas populares y la antropología eurocentrista.


Es inadmisible pensar que si el México de hoy fue parte de una civilización tan antigua e importante como la china y la india, no posea un complejo sistema de conocimientos que explican el sentido de la vida, el mundo, el universo, que se plantean la misión de los humanos en esta existencia, y dan cuenta de sus extraordinarias obras materiales.
Por supuesto que existió dicha filosofía y representa el fruto más importante y decantado de nuestra civilización. Es la que nos da cohesión y pertenencia para aspirar a un sólido futuro en los hostiles tiempos por venir.


La Toltecáyotl es la expresión más inmediata de este legado y adormecido conocimiento milenario. Ella se asocia a los toltecas, los hombres y mujeres de conocimiento del esplendor del México antiguo.


El concepto ‘Toltecáyotl’ nos remite a lo perteneciente y característico de los habitantes de una Tollan, una ciudad. Los relatos en náhuatl nos dicen que la Toltecáyotl comprende los mejores y más importantes logros del ser humano en sociedad: artes y urbanismo, escritura, calendario, centros de educación, saber acerca de la divinidad, conocimiento sobre las edades del mundo, los orígenes y el destino del hombre, y enfatiza la formación de "rostros propios y corazones verdaderos".


Al referirse la Toltecáyotl a los atributos de los constructores de metrópolis, mucho tiene en común con los aspectos histórico y antropológico del concepto de "civilización", en la cultura occidental. Debemos recordar que la palabra civilización proviene de civitas, en latín, y Toltecáyotl viene de tollan, metrópoli.


Según la memoria histórica de los pocos escritos que quedaron, a los Toltecas se les recuerda así:
"En verdad muchos de los toltecas eran pintores, escribanos de códices, escultores, trabajaban la madera y la piedra, construían casas y palacios, eran artistas de la pluma, alfareros...En verdad eran sabios los toltecas, sus obras todas eran buenas, todas rectas, todas bien planeadas, todas maravillosas...Los toltecas eran muy ricos, eran felices, nunca tienen pobreza ni tristeza. Los toltecas eran experimentados, acostumbraban a dialogar con su propio corazón. Conocían experimentalmente las estrellas, les dieron sus nombres. Conocían sus influjos, sabían bien cómo marcha el cielo, cómo da vueltas"... Informantes de Sahagún, Códice Matritense).


Sin embargo, profundizando el concepto -y de una manera descolonizada- podríamos afirmar que la Toltecáyotl comprende los conocimientos, prácticas y sabiduría implicados en la búsqueda de la trascendencia de la vida material para alcanzar la realización espiritual. En ello se equipara al conocimiento de los egipcios, chinos e indios, que en el vértice superior de su desarrollo civilizatorio procuraron trascender la muerte física para penetrar en los insondables misterios de la espiritualidad.
Para los toltecas "ésta no es nuestra verdadera casa" ,sólo es un paso a la "vida eterna"…

¿Acaso de verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra,
Aunque sea oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí."
Ms. Cantares mexicanos.


En dicha civilización la experiencia de los hombres era verdaderamente espiritual y en la tierra sólo se estaba trabajando el plano humano. Para aquellos hombres todo era pasajero e intrascendental frente a la prioridad de "aprender" para decantar el espíritu y liberar la partícula divina que habita en todos.

Según los toltecas, existieron antes cuatro intentos infructuosos del ser humano en la búsqueda de la perfección. Tras cada intento la Tierra fue destruida por pavorosos cataclismos. De acuerdo a su saber vivimos en el Quinto Sol o intento por alcanzar el equilibrio o perfección. Según las profecías toltecas, el final del Quinto Sol está cerca; tras él nacerá el Sexto Sol, de plenitud y equilibrio.


(*) Tomado del libro LOS GUERREROS DE LA MUERTE FLORECIDA

martes, 17 de junio de 2008

LA CULTURA MADRE. ( * )


La cultura olmeca es la esencia y la fundación de nuestra civilización. Los rasgos culturales más importantes que estarán vigentes por lo menos durante tres milenios del desarrollo humano que se implementó en lo que hoy conforma el territorio nacional y del cual somos herederos únicos y legítimos.
La iconografía, la arquitectura, los símbolos filosóficos-religiosos de la serpiente, el jaguar, el águila, que aparecieron claramente definidos en los testimonios de la cultura olmeca, seguirán vigentes durante los sucesivos periodos hasta el momento de la invasión. El optimismo por la vida, capaz de realizar inconmensurables proyectos espirituales que dejaron impresionante huella en la materia; sean pirámides, sistemas complejos de habitaciones sin ningún uso doméstico o habitacional, hasta formidables sistemas hidráulicos, con presas y canales o kilómetros de caminos empedrados.

“Y ahora júzguese el progreso del fenómeno cultural ocurrido en el territorio de Mesoamérica durante cerca de tres milenios; piénsese en la índole de la humana energía que poseyó la capacidad de edificar, entre otras muchas, las ciudades antes indicadas, ciudades en las cuales dieron flor y frutos las artes y las ciencias; donde la sabiduría sirvió de raíz y coronamiento a los gigantescos esfuerzos materiales requeridos por tal edificación.
Habrá que concluir que sólo una concepción moral plenamente optimista y feliz, habida por el hombre acerca de sí mismo y de su mundo, pudo engendrar el núcleo de esa energía incalculable. Una dichosa concepción humanista de veneración por la vida en la totalidad de sus manifestaciones”. (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)

Lo cierto, la vigente y palpable de la herencia Olmeca y que ha sido trasmitido a las culturas posteriores, quienes lo desarrollaron y llevaron a expresiones exquisitas de la cultura y el arte, cada una dándole su toque y su acento personal. Es sin lugar a dudas su optimismo por la vida y su sentido místico y espiritual de la existencia y el universo.

“Con ellos (los olmecas) comienza en definitiva lo que lícitamente puede considerarse la cultura mesoamericana en su plenitud. Por una razón que explicaré más adelante, ellos lograron difundir los principios de su idea del hombre y del mundo hacia los pueblos contemporáneos suyos y, lo que es incluso más significativo, consiguieron hacerlos vivir en la integridad de las maneras culturales que surgieron en Mesoamérica aún miles de años después que ellos habían desaparecido, logrando que tales maneras de cultura fueran, por su fondo común, una cultura única.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)

Mucho nos falta por descubrir sobre la antigua cultura olmeca y desacreditar todas las mentiras que se han escrito doctamente en contra de ella. En efecto, como las universidades norteamericanas pueden financiar a sus investigadores, estos han escrito mucho sobre los olmecas. La mayor parte son sus “Propias conjeturas” nacidas de juicios equivocados desde su primera raíz y que se han ido acumulando con el tiempo.

“Con respecto de los olmecas, se ha conjeturado acertadamente de la posibilidad de que hayan implantado un imperio; según tal conjetura, habrían extendido su influjo en la Mesoamérica de entonces valiéndose de la fuerza de efectivos militares. Nada se ha encontrado que llegue a probar tal cosa, ni en sus representaciones plásticas ni en otros de sus vestigios arqueológicos. Ninguna huella suya se tiene de armas de agresión o defensa, salvo algún puñado de puntas de flecha descubiertas en La Venta. (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)

Sin embargo, en México se empiezan a publicar investigaciones inteligentes, descolonizadas y libres de prejuicios, como las del Dr. Rubén Bonifaz Nuño, quien nos señala un nuevo camino. Ver con nuestros propios ojos, pensar con nuestras propias ideas y sentir con nuestros propios sentimientos, es la escuela que crea Bonifaz Nuño. Pero existen otros caminos, como pueden ser la tradición oral, los linajes de conocimiento o por la delicada vía de los enteógenos.

“De esta suerte, valiéndose de análogas complicidades, los eruditos estadounidenses han formado, respecto de la cultura olmeca, un sistema de mentidas conjeturas cuyo cuyas principales características son el desdén y la ignorancia.
Condenable es eso, pero no es, en mi opinión, lo peor; lo peor consiste en que los estudiosos mexicanos, voluntariamente sometidos a una perversa forma de colonización extranjera, se sujetan, por lo común, a las sistemáticas equivocaciones de los eruditos estadounidenses, y las repitan y las confirman como verdades, acaso con el deseo y la esperanza de que éstos los tengan por iguales suyos.
De estos casos, por obvio principio de dignidad, no quiero ofrecer ningún ejemplo.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1995)

Aunque parezca atrevido suponerlo, necesitamos descubrir lo que existe de la cultura olmeca en los mexicanos del siglo XXI. Entender nuestra continuidad histórica y cultural a lo largo de estos ocho mil años, es uno de los desafíos más importantes que tenemos aquellos que deseamos acabar con la colonización y construir una sociedad justa y armoniosa. Los olmecas y el fruto de su sabiduría no han muerto o esta desaparecida. Es parte intrínseca de lo que hoy somos. Es la cultura propia nuestra que no compartimos con ningún otro pueblo del mundo.

¨Victoriosas sobre las injurias y el desprecio de los extranjeros, se levantan aún las señales de aquel sistema espiritual de iluminación que construyeron nuestras antiguas ciudades.
Allí el urbanismo, la ingeniería, la arquitectura, la escultura, la metalurgia, la pintura, las artes todas, allí las ciencias, la matemática, la astronomía, la medición del tiempo, florecieron obedientes al mismo entusiasmo del hombre seguro de sí mismo, orgulloso de ser fuente y camino ascendente de la perfección de la vida.
Feliz, el hombre vivió y edificó durante cerca de 30 siglos el glorioso testimonio de su paso sobre la tierra.
Fundamento ideal para la felicidad de los hombres actuales, la creación olmeca, es decir la maravilla de la cultura de Mesoamérica, permanece allí, multiplicada en obras que son ejemplo sin tregua.
Y esa maravilla es herencia nuestra particular que nos honra y nos distingue entre todos. (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)

Todas las culturas posteriores a la olmeca tendrán su influencia. La estructura filosófico-cultural que legaron los toltecas al Anáhuac será uno de los testimonios que nos confirman la existencia de una sola civilización con muchas culturas diferentes en tiempo y espacio. Pero todas nacidas, todas con la raíz olmeca, todas compartiendo la misma esencia filosófica.

Por ello, afirmamos que existe una continuidad cultural y civilizatoria, no sólo en el período anterior a la invasión, sino lo que no quieren aceptar los colonizadores, que existe una continuidad civilizatoria y cultural en estos quinientos años de colonización. No se puede negar que en este periodo se “podó la fronda” de manera brutal, pero que la raíz ha seguido viva. También no podemos negar que esta raíz se a apropiado culturalmente de otros elementos, no sólo de la cultura occidental, sino de otros pueblos del mundo. Lo que la ha enriquecido y fortalecido.

El gran desafío es vencer la colonización metal y espiritual. Lograr hacer conciente esta herencia cultural y usarla para reconstruir nuestro presente y diseñar nuestro futuro.


Tomado del libro HISTORIA VERDADERA DEL MÉXICO PROFUNDO

lunes, 16 de junio de 2008

EL MAL HISTORICO DE “LA DECEPCION NACIONAL”


México no solamente es una potencia mundial en el fútbol. Lo que hoy conforma México es una de las civilizaciones más antiguas e importantes de la humanidad…tan antigua como la India o China.

El problema con México es que aquí sufrimos un “genocidio cultural” a partir de 1521 a través de la pérdida de la memoria histórica. En efecto, el colonizador entendió muy bien que sí nos “borraba de la mente nuestra memoria histórica y cultural”, quedaríamos reducidos a esclavos por una eternidad. Los mexicanos vivimos “desconectados de lo mejor de nosotros mismos”.

El mexicano es impotente, no porque le falten tamaños, creatividad, inteligencia o capacidad. Solo para ilustrar: fuimos el pueblo que inventó el maíz, la cuenta perfecta del tiempo, el chocolate, fuimos el primer pueblo que usó el cero matemático y como testimonio material de lo que afirmo, fuimos el pueblo antiguo que más pirámides construyó (Egipto 100 en el Anáhuac más de dos mil).

Por supuesto que somos una potencia mundial en el fútbol. El dinero, la infraestructura, el número de equipos profesionales, amateurs, practicantes y aficionados, es solo superado por Brasil o Rusia…pero cuando nos enfrentamos ante el rival más grande que tenemos históricamente (que no es Estados Unidos, Haití o Belice), me refiero a la Colonización Mental y Cultural, siempre somos derrotados.

El mexicano no ha querido entender que el desprecio que se tiene a sí mismo y la baja autoestima (que invalida todos sus recursos y capacidades), nace justamente por ser un “extranjero inculto en su propia tierra”. Este “virus” ha sido infectado una y otra vez, durante estos cinco siglos a todos los mexicanos que nacen, por los colonizadores-explotadores, ayer Hernán Cortés hoy Carlos Silm, ayer la encomienda hoy el salario mínimo, ayer la educación hoy la televisión.

Los mexicanos estamos educados para no conocer nuestra milenaria historia y cultura, para no sentir inspiración y fuerza de nuestro pasado y de nuestros nobles orígenes. Siempre buscando nuestro rostro y nuestro corazón en el extranjero y en el colonizador-explotador. Primero tratando de “ser españoles”, después “franceses” y ahora “gringos de tercera”…pero nunca MEXICANOS DE PRIMERA.

La pobreza, la injustita y la desolación social…justamente nacen de eso. Y nuestra ignorancia de nosotros mismos hace ricos a los extranjeros-colonizadores-explotadores. Entre más alejados estemos de nuestras profundas raíces, mas débiles y maleables somos al explotador abusivo. Entienda amable lector, por que Fox quitó de secundaria la Historia Antigua de México y porqué, muchos universitarios que lean este articulo…saben muy poco sobre el pasado milenario de México. La Historia y el conocimiento profundo de nuestra Cultura, no es un conocimiento superfluo o académico…es justamente el potencial de lo que somos…por eso, desde hace cinco siglos, no somos nada, más que ridículo, lastima y si acaso…compasión.

Así que el “Talhugo Sánchez”, el quinta pichchiche, el españolito, ese que sesea al hablar, el ibérico; no tiene la culpa de que “la decepción nacional” vuelva a fallar o más adelante el nuevo entrenador extranjero. El problema es otro y no es de fútbol. Porque en muchos campos de la vida social, política, económica y cultural de México…el drama de “la decepción nacional” se repite una y otra vez. Y cuando gente del inmenso tamaño de una Ana Guevara, se atreve a decir la verdad,…todo mundo se tapa los oídos y solo hace caso de lo que la televisión le dice.

El mexicano común no se quiere dar cuenta que su pobreza y su miseria existencial deviene de su ignorancia de sí mismo. Por consiguiente, quienes si lo saben y lo explotan, hacen todo lo que esta en sus manos y dineros, por mantener enajenado, embrutecido e ignorante al pueblo, comenzando con los que salen de las universidades.

Siempre despreciando lo propio y exaltando enfermizamente lo ajeno. Siempre en el cotidiano “malinchismo fundamentalista”. Siempre tratando de ser lo que no son. Siempre fanfarrones pero débiles en el fondo. Sin sustento, sin raíces, sin cimientos sólidos. Siempre sintiéndose menos ante el extranjero abusivo y el criollo explotador. Siempre fallando los penaltis.

No es solo el fútbol. Es en todo lo cotidiano de nuestro vivir como personas, como familias y como pueblo. Lo que se ha hecho en este país desde 1521, se puede seguir repitiendo una y otra vez de manera impune y cínica. Ante tanta injusticia, tanto despojo y tanta violencia. Siempre agachamos la cabeza, inmediatamente olvidamos y decimos “mande usted, para servir a usted…patrón”. Y los extranjeros abusivos y los criollos explotadores siguen manteniendo y alimentando nuestro desprecio a nosotros mismos, nuestra ignorancia de lo mejor y más valioso que poseemos y que nos hace únicos en el mundo. Por ejemplo: Chichen Itza es considerada una de las siete maravillas del mundo.

Entiéndalo bien amable lector, que sí uno ser humano o un pueblo “sufren de amnesia”, sino conocen todo su pasado, si no saben cuáles son los grandes logros y proezas de sus antepasados, sí no saben de dónde viene, sí desprecian a su Madre (Cultura), si les da vergüenza, si la desconocen, la rechazan, la ocultan…quedan indefensos y vulnerables a cualquier explotación e injustita.

Esta es la razón por la cual, el fortalecimiento de la Identidad Cultural, la recuperación de la memoria histórica y la revaloración de nuestra ancestral cultura, resulta una prioridad nacional. El problema es que quien tiene el poder en México, sabe que eso atentaría contra sus propios y privados intereses. Razón por la cual, este cambio debe de hacerse a través de cada mexicano conciente, después en su familia y posteriormente en su círculo de trabajo y de amistades. Esta labor es la única forma de acabar con la colonización mental y cultural…madre de todas las injusticias. Sí cambia uno, CAMBIA EL MUNDO, porque uno es parte de este mundo. Usted, qué opina.

EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO del Anáhuac.


El conocimiento filosófico del México antiguo, es hasta la fecha el más negado de todos los conocimientos. Los conquistadores y colonizadores del Siglo XVI afirmaban que los Viejos Abuelos no eran seres humanos, sino que eran animales con lo que justificaban su deshumanizado trato. Hasta la fecha la cultura dominante no acepta que los indígenas piensen y sean capaces, por ellos mismos, de iniciar un movimiento social como el del EZLN. Aceptar que existió un elevado y sofisticado conocimiento del ser humano, del mundo y del universo, es reconocer por los colonizadores de ayer y de hoy, que se ha cometido una de las mayores injusticias humanas, pues se ha negado y tratado de destruir una de las seis civilizaciones más importantes y antiguas de la humanidad.


“Después de 1519 una inmensa mayoría de nuevas influencias pasaron sobre la vida indígena. El imperialismo de los Habsburgo extrajo su incentivo de las tradiciones peninsulares y descuidó las adaptaciones regionales. El valle no fue nunca una “sede” para los españoles, salvo de la manera más circunstancial. Los españoles establecieron su capital colonial en el valle, pero resueltamente lo conectaron por carretera con Veracruz y luego por mar a Sevilla. Casi nunca adoptaron los estilos indígenas en la ropa ni en el diseño o la construcción de casas. En vez de ello, exageraron sus propios estilos españoles, como para negar su situación provinciana. La “cultura” de la civilización indígena tenía para ellos, en el mejor de los casos, un atractivo exótico. Los españoles consumían los productos de las chinampas, pero ignoraron los métodos agrícolas de las chinampas hasta el siglo XVIII.” (Charles Gibson. 1967)


El investigador examina la actitud del colonizador español, de no reconocer ningún valor en la sabiduría y el conocimiento milenario de la civilización vencida. La cultura colonizadora a erosionado la punta del iceberg de conocimiento de la civilización del Anáhuac y sobre ella ha construido su endeble estructura ciega y depredadora. Sin embargo, quien sostiene a la sociedad mexicana contemporánea, indiscutiblemente que es el conocimiento generado a lo largo de ocho mil años, que representa la inmensa base del iceberg que esta bajo el agua. No podemos negar que en los últimos quinientos años se ha sumado, no sólo el conocimiento de Europa, sino del mundo entero. Pero de la misma manera, no se puede seguir negado la existencia de la sabiduría heredada por los Viejos Abuelos y su indiscutible continuidad. En el “banco genético de información cultural” que existe en cada célula de los mexicanos, están atesorados ocho milenios de experiencia y sabiduría humana.


Querer negar el milenario y complejo andamiaje del pensamiento filosófico del México antiguo, es como pensar que un mamífero pudiera vivir sin un sistema óseo. Reducir a una mal interpretada religión, a un puñado de leyendas y mitos inconexos y a un montón de deidades incomprendidas, llamadas equivocadamente “dioses prehispánicos”, el pensamiento decantado y sofisticado de la Toltecáyotl, es el mayor crimen cultural de la historia de la humanidad, pues se ha tratado de una manera maliciosa de hacer creer que el Cen Anáhuac no poseyó un decantado y sofisticado conocimiento del universo, el ser humano, la vida y su trascendencia espiritual. De igual magnitud y valor, que las civilizaciones coetáneas como la de la China y la de la India.


Tomado del libro RAICES Y ESENCIA DEL MEXICO ANTIGUO.

sábado, 14 de junio de 2008

EL PERIODO CLÁSICO O DEL ESPLENDOR.


Resulta verdaderamente penoso para los mexicanos, que después de cinco siglos, al igual que los conquistadores del siglo XVI, no nos haya importado conocer, estudiar y difundir el pensamiento filosófico del México Antiguo. Como hemos dicho ya, el Anáhuac produjo una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo. La pegunta obligada es ¿por qué?, si China y la India, que son civilizaciones tan antiguas como la del Anáhuac, tuvieron una filosofía que orientara, explicara y le dieran sentido y continuidad a su evolución, la nuestra no posea para los investigadores un pensamiento filosófico que sostuviera un proceso de Desarrollo Cultural, tan largo y antiguo como las otras civilizaciones madre del mundo. El mito de que los Viejos Abuelos eran agricultores idólatras, que hacían sangrientas ceremonias al sol, al agua y al viento, es sólo producto de las mentes colonizadoras, que negaron y siguen negando, cualquier valor de la civilización invadida.

Cada una de las civilizaciones “Madre” del mundo, han tenido que desarrollar, después de satisfacer sus necesidades básicas de subsistencia, un cuerpo de ideas muy elaboradas y complejas, que explican el origen de la vida, el mundo y el ser humano; su razón de existir y dar respuesta a qué sucederá después de la muerte, (el problema ontológico del Ser). Esta estructura de pensamiento, que trata de resolver las tres preguntas básicas que todo ser humano conciente y todo pueblo desarrollado necesitan responder, “quién soy, de dónde vengo y a dónde voy”, es la base en donde se asientan los demás conocimientos, tanto materiales como espirituales, que le dan orientación y sentido a la existencia.

Cada civilización con origen autónomo, entre otras cosas, tuvo una filosofía, una religión, un maestro, un grano como alimento básico y un lenguaje estético. Si unos tuvieron El Taoísmo, El Hinduismo, El Budismo, nosotros tenemos a La Toltecáyotl, pensamiento filosófico del México antiguo. Si otras civilizaciones tuvieron a Zoroastro, Hermes, Akenatón y basaron su alimentación en el trigo, el arroz o la papa; nosotros tenemos a Quetzalcóatl y al maíz.
Las ruinas de la civilización grecolatina nos “hablan” porque conocemos a sus pensadores, filósofos y poetas. Las piedras de las “ruinas” y los objetos que se encuentran en nuestros museos, nos pueden “hablar” trasmitiendo su sabiduría, siempre y cuando conozcamos la línea de pensamiento que la concibió; dejando de tener tan solo un valor “Estético o turístico”, pasando a ser algo vivo, vigente y vibrante.
La elevada abstracción del pensamiento filosófico se materializa en la piedra, el barro o los metales y en el Patrimonio Cultural Intangible; de modo que, no podemos aceptar la existencia de nuestros Viejos Abuelos, sin un pensamiento filosófico afirmado e inconmovible en la materia y permanente en nuestras tradiciones y costumbres. Resulta un desafío impostergable iniciar el tercer milenio con el conocimiento de la filosofía de nuestros Viejos Abuelos.

“TOLTECÁYOTL, CONCIENCIA DE UNA HERENCIA DE CULTURA. Hurgaré, a través de los textos y otros testimonios nahuas prehispánicos, en la conciencia que tuvo el hombre mesoamericano de ser portador de un gran legado. Y añadiré que, lejos de querer elaborar una erudita y estática recordación, al acudir a las fuentes en náhuatl, busco también atisbos e ideas con significación para nosotros y a la vez capaces de enriquecer los planteamientos sobre nuestro propio patrimonio cultural.” (Miguel León Portilla. 1980)

El período de mayor esplendor del México antiguo fue el llamado Clásico y comprende aproximadamente del año 200 a.C. al 850 d.C. Más de mil años de un sorprendente y continuo proceso de crecimiento humano y social. En este período la filosofía, la sabiduría y las ciencias, llegaron a su máximo desarrollo. Los grandes centros de conocimiento encabezados por Teotihuacan lograron su mayor apogeo. La vida social encontró su equilibrio perfecto entre la satisfacción de las necesidades materiales de subsistencia y las necesidades de trascendencia de la existencia. El arte ha sido el mejor testimonio de este luminoso período.

Si las bases del desarrollo humano se dieron con los olmecas en el Período Preclásico, el vértice superior del desarrollo cultural del México antiguo se alcanzó en el Período Clásico. Fueron más de mil años de un impresionante avance humanista en el Anáhuac. Todas las civilizaciones del mundo llamadas “madre” buscaron en el espacio más elevado de su desarrollo la trascendencia espiritual de la existencia. Los antiguos mexicanos no fueron la excepción. Sus conocimientos del Espíritu humano, de la concepción del mundo como campos de energía, de la relación del micro cosmos con el macro cosmos y de la responsabilidad de interactuar como “humanizador y equilibrador” entre la naturaleza y el cosmos, resulta sorprendente y asombrosa.

Estos mil años de esplendor son fundamentales para explicarnos lo que hoy somos los mexicanos. Necesitamos conocer por nosotros mismos con mayor profundidad este período luminoso. Hacer nuestras propias conjeturas con nuestros propios valores, dejar atrás la visión del extranjero colonizador.

Los europeos en la Edad Media buscaron en su pasado inspiración para construir un puente que los sacara del oscurantismo de la Edad Media. La pregunta es por qué nosotros no podemos, de la misma manera, buscar en el pasado una fuente de inspiración a partir de los valores, principios y actitudes que crearon los Viejos Abuelos para llegar al cenit de su evolución y desarrollo cultural. Y con esos valores diseñar y construir nuestro futuro.

Actualmente desconocemos los alcances de sus logros espirituales y energéticos, pero lo cierto es que los ruinosos vestigios materiales de su desarrollo nos dejan sin aliento y exaltan nuestro espíritu. Al recorrer Teotihuacan, por ejemplo, no podemos más que pensar en sus logros intangibles, frente al impresionante manejo de la materia. Si su pirámide de conocimientos estaba dirigida a alcanzar la conciencia espiritual, cuando reflexionamos descolonizadamente en la cima de la Pirámide del Sol, debemos de pensar en los alcances y logros que debieron tener en el plano intangible del conocimiento, especialmente en el campo de la energía.

Al descolonizar la concepción de nuestros Viejos Abuelos, por más negación y destrucción de su conocimiento, entenderemos que siguen vivos en nuestro corazón. Que la civilización del Anáhuac no ha muerto, como predican los colonizadores desde hace cinco siglos. Y que nosotros somos su continuación en el tiempo cíclico.

Tomado del libro HISTORIA VERDADERA DEL MÉXICO PROFUNDO
www.toltecayotl.org