domingo, 15 de abril de 2012

OTRA VISIÓN DE LA CONQUISTA DE MÉXICO



La historia la escriben los vencedores. La amputación brutal de la historia de la civilización del Anáhuac, una de las seis más antiguas y con origen autónomo, y la que llegó a alcanzar el más alto nivel de vida para la mayoría de la población en la historia de la humanidad; sigue sin ser analizada y aclarada, de cara a sus propios hijos y a la Historia Universal.





Las mentiras, mitos y fantasías que inventaron los conquistadores, misioneros, funcionarios coloniales y anahuacas convexos, para, no solo tratar de borrar los grandes crímenes de lesa humanidad que se cometieron por asesinos, ladrones y fanáticos religiosos, sino para mantener una supuesta superioridad cultural, religiosa y humana de Occidente sobre el Anáhuac,







...que justificó y ha permitido la colonización mental, cultural y espiritual del pueblo, primero en la Colonia hispánica (1521-1821), y a partir de 1821 hasta nuestros días, en el periodo neocolonial de ideología criolla en “México, el país de los criollos y para los criollos”.





Pero, qué fue lo que en verdad sucedió de 1519 a 1550 en el Cem Anáhuac. Cómo es que se “destruyó el gran imperio azteca”. Cómo fue posible que 500 expedicionarios españoles hayan vencido a la Triple Alianza que contaba con más de medio millón de guerreros y era “la dominadora de todo el territorio que hoy conforma a México”.






Para entender este “misterio colonial” se requiere un poco de información verídica, un profundo análisis, la intención de “descolonizar la historia”, mucho “sentido común” y desarticular la versión oficial que crearon los colonizadores desde Hernán Cortés y que han mantenido los neo colonizadores contemporáneos para mantenerse en el poder.







El mito de que los pueblos y culturas del Cem Anáhuac eran guerreros, caníbales, fanáticos idolatras, primitivos e incivilizados, como lo plantea Mel Gibson en su película Apocalypto, es un buen ejemplo del discurso que Occidente mantiene desde hace cinco siglos para que no se sepa cómo se destruyó una de las civilizaciones más importantes del planeta.






Que no se conozca uno de los grandes holocaustos de la historia de la humanidad. Pero sobre todo, que sus propios hijos, no sepan lo que les sucedió a sus antepasados y queden en la orfandad más desoladora, porque la pérdida de la memoria histórica hace a los pueblos frágiles, vulnerables y esclavos.






Necesitamos hacer algunas consideraciones muy importantes para darle contexto al análisis. Primero es que en el Anáhuac se vivía un periodo de decadencia cultural, el cual tuvo su inicio con el colapso del periodo Clásico superior (850 d.C.)







y que tiene que ver con la partida de Quetzalcóatl y su profetizado regreso en el año uno caña (cada 52 años). Por el contrario, la historia oficial ubica a los mexicas en la cúspide del desarrollo y poder del Cem Anáhuac…totalmente falso.







Segundo, que los mexicas y su Triple Alianza no era tan poderosa y tan extensa como lo afirman los historiadores hispanistas. Territorialmente apenas dominaban el Altiplano Central y una reducida parte de la Costa del Golfo y del Oceano Pacífico.







Las zonas: maya, oaxaqueña, purépecha, la Gran Chichimeca y la Montaña de Guerrero, nunca fueron avasalladas por los mexicas. De modo que es falso e inexistente “el gran Imperio Azteca”.







Cuarto, que los mexicas era un pueblo joven y descontextualizado de los más de mil años de esplendor tolteca (200 a.C. a 850 d.C.). Que fundaron Tenochtitlán apenas en el año 1325 d.C. (196 años antes de su caída) y que realmente tuvieron una relativa expansión y pequeño poder a partir de 1440, cuando Moctezuma Ilhuicamina y Tlacaélel, tlatoani y cihuacóatl respectivamente, iniciaron la trasgresión al pensamiento tolteca (Toltecáyotl).








Es decir, se desechó el sentido espiritual de la sociedad por el sentido material, de dominio y culto a la materia. Con ello, las guerras floridas, dejaron de ser interiores-espirituales, para pasar a ser físicas y contra sus vecinos, lo cual duró solo 81 años (1440 a 1521).







Insignificantes resultan estos 81 años de degradaciones y trasgresiones para opacar los siete mil quinientos años de desarrollo humano en el Cem Anáhuac, desde la invención de la agricultura en el sexto milenio a.C. hasta la caída de Tenochtitlán.







Quinto, el concepto distorsionado de la Guerra Florida mexica, contradecía en esencia al concepto tolteca de una guerra interior de carácter espiritual.







Sin embargo, en la Guerra Florida de los mexicas estaba prohibido matar al contrincante, quien debía ser hecho prisionero para ser curado, alimentado y entregado a los sacerdotes, para que éstos lo sacrificaran.







Las guerras mexicas estaban revestidas de una abigarrada parafernalia y una compleja tramitología que tardaba meses en desencadenarse, para llegar a un acuerdo en tiempo, lugar y número de hombres para el combate.







Sexto, pero lo más importante para este análisis, es que los pueblos o Señoríos que eran vencidos, se les establecía un tributo que tenían que pagar escrupulosamente, pero… aquí viene lo importante, eran “incorporados” como socios/aliados a la Triple Alianza,
lo que implicaba que en las siguientes expediciones ellos participaban militarmente y tenían derecho a recibir parte de los tributos impuestos a los vencidos.







Justamente fue esta práctica cultural la que asumieron, primero los aliados de Hernán Cortés, en su calidad de “embajador de Quetzalcóatl”, porque así se presentó en el Anáhuac. “Después de haberle hablado de parte de vuestra majestad y le haber dicho la causa de mi venida a estas partes, le pregunté si él era vasallo de Mutezuma…” (Hernán Cortés Segunda Carta de Relación).






En efecto, los dirigentes de los Señoríos de Zempoala, Tlaxcala y Texcoco, creyeron las mentiras que Cortés les dijo, asesorado por Malinche. Y se creyeron coparticipes de una lucha teológica y militar, al combatir contra aquellos que trasgredieron la enseñanza de la Toltecáyotl y minimizaron la importancia de Quetzalcóatl.








Los aliados anahuacas de los españoles no participaron en una invasión, sino que, para ellos, fue una guerra teológica entre Quetzalcóatl, advocación tolteca de la divinidad en su esencia espiritual y Huichilopoztli divinidad tribal de los mexicas que representaba la materia, la voluntad de poder y de dominio.







Por eso, los aliados anahuacas de Cortés, se bautizaron de inmediato y asumieron los usos y costumbres castellanos, creyendo que era el anunciado y esperado regreso de Quetzalcóatl. Cortés en su discurso, afirmaba que el Rey de España era Quetzalcóatl, y que lo había enviado a restablecer el orden religioso que los mexicas habían trasgredido.







Para entender cabalmente la dimensión de esta situación, debe leerse de la propia mano de Hernán Cortés, en la Segunda Carta de Relación, página 60 de Editorial Purrua, el discurso que Moctezuma les dio a sus aliados y Señores tributarios delante de Cortés y sus hombres.








Moctezuma literalmente entrega el mando de la Triple Alianza a Cortés, pues está seguro, por lo que el español le contó, de que lo envió Quetzalcóatl (el rey de España) a restablecer el orden religioso, deponiendo a Huitzilopochtli y reinstalando a Quetzalcóatl. Para el Tlatócan y para Moctezuma, Cortés era el capitán de Quetzalcóatl y que de ahí en adelante, él mandará, y que Moctezuma y todos los aliados y Señores tributarios obedecerán a Cortés, como antes lo habían obedecido a él.






“Y mucho, pues a todos es notorio todo esto, que así como hasta aquí a mí me habéis tenido y obedecido por señor vuestro, de aquí adelante tengáis y obedezcáis a este gran rey, pues él es natural señor, y en su lugar tangáis a este su capitán; y todos los tributos y servicios que hasta aquí a mi me hacíades, los haced y dad a él, porque yo así mismo tengo en contribuir y servir con lo que me mandare; y demás de hacer lo que debéis y sois obligados, a mi me haréis en ello mucho placer”. Hernán Cortés, Segunda Carta de Relación, 30 de Octubre de 1520.







Cuando fueron vencidos los mexicas y sus aliados, ellos mismos se sumaron a las operaciones de los españoles, en calidad de “iguales”, (como era su cultura guerrera del periodo Postclásico), tanto de conquista como de fundación y construcción de las nuevas ciudades en dónde empezaron las tareas de extracción de la riqueza, especialmente los minerales, por lo cual los pueblos nahuas del altiplano fundaron y construyeron muchas ciudades, especialmente en el Norte.






No solo fueron los tlaxcaltecas. Para el caso de Oaxaca fueron los xochimilcas, tlaxcaltecas, mexicas y los de Chapultepec, los que llegaron a fundar “Segura de la Frontera”. En el inicio de la construcción de La Nueva España, los anahuacas participaron activamente, de hecho fueron ellos los que realizaron las guerras, las edificaciones y poblamientos.







Los españoles eran muy pocos y no conocían ni la lengua, ni las culturas, solo encabezaban las acciones de saqueo y explotación europeas, mismas que aprendieron los anahuacas y las pusieron en práctica en contra de sus hermanos.







De esta manera se puede afirmar que la Conquista del Cem Anáhuac justamente comienza con la caída de Tenochtitlán, y ha seguido, -a sangre y fuego-, a lo largo de estos cinco siglos y al parecer no termina.







Ayer fue el arcabuz y la encomienda, hoy es el salario mínimo y las concesiones a las empresas trasnacionales. Como lo refiere el Dr. Guillermo Bonfil Batalla, la lucha entre "el México profundo y el México imaginario", a veces brutal y descarnada, la mayoría de las veces subterránea y silenciosa.







Desde la gran rebelión del Mixton en 1541, pasando por los múltiples estallidos sociales anahuacas en el periodo colonial, hasta llegar a las luchas de los pueblos yaquis y mayas, en el Siglo XIX o el estallido social en los Altos de Chiapas en 1994 por el EZLN. La guerra de resistencia se ha mantenido estos cinco siglos y no termina.







Qué pasó entonces en 1521 en el drama del Altiplano Central. Lo primero que se debe mencionar es que, por lógica, hubiera resultado imposible que 500 expedicionarios, mal armados, sin experiencia militar, con enfrentamientos y rivalidades entre ellos, “conquistaran al gran Imperio Azteca”, sin ser un cuerpo militar, porque en el Siglo XVI no existían los ejércitos, los soldados y la disciplina militar.







Lo que existían era los llamados Tercios, que eran grandes agrupaciones de mercenarios, sin uniforme y sin estructura militar moderna, ésta se dio hasta el Siglo XVII. Los españoles que llegaron a la conquista eran expedicionarios, aventureros y filibusteros, que como Cortés, los movía el ánimo de la riqueza súbita, además del dinero que ellos habían invertido en la expedición.







Ninguna expedición fue financiada por la corona española, ella solo les cobraba como impuesto el 20% de lo robado (el quinto real) por el “permiso”. Todas las expediciones españolas fueron patrocinadas por los mercaderes o por los propios expedicionarios que invertían todos sus haberes para hacerse ricos de la noche a la mañana.





Los conquistadores, misioneros e historiadores, han ocultado la verdad para borrar sus delitos, engrandecer sus hechos, ocultar sus crímenes y justificar la invasión, despojo y sometimiento de una civilización que nada les había hecho. Porque este es un punto que no se discute en la historia oficial hispanista, los pueblos anahuacas nada le habían hecho a los europeos.






La cruda realidad fue que los españoles llegaron a invadir, asesinar, destruir, robar y esclavizar. Lo hicieron en 1519 y lo han seguido haciendo estos cinco siglos. Esto es la verdad y es tan reprobable ayer como hoy, en el Anáhuac o en Irak, no tiene justificación posible.







Al convertir estos crímenes de lesa humanidad en una gloriosa epopeya Colonial, ha permitido que esta acción se siga repitiendo permanentemente –en todos los niveles-, hasta nuestros días y este es el punto del análisis, por lo cual no es ocioso y menos inútil desentrañar la verdad histórica, por el contrario, resulta de urgente realización para iniciar la implantación de la justicia e iniciar los procesos de descolonización.






Ayer fueron “los españoles”, ahora son las empresas trasnacionales y, lo más lamentable, se ha convertido en una forma de vida entre los mismos invadidos que nos hemos transformado por esta inercia cinco centenaria en “colonizadores-colonizados”, es decir, que entre los mismos anahuacas, se ejerce la explotación y la violencia.







México es un país violento, no solo físicamente, sino en lo económico, en la político, en lo social y en lo cultural. Seguimos siendo una Colonia disfrazada de una democracia bananera.






De modo que la heroica “Conquista española” es una falsedad, lo que realmente sucedió fue una invasión que provocó un guerra civil, motivada por una parte, por las transgresiones mexicas a la Toltecáyotl, y por la otra, por las mentiras e intrigas de Hernán Cortés, quien fue asesorado por Malinche para utilizar las profecías, las rencillas políticas y la propia división que ya existía en el seno de la clase dirigente mexica.







La figura de la Malinche y el malinchismo es la traición y entrega de su propio pueblo para sacar una ganancia personal. Malinche fue un personaje no solo muy importante en la conquista como la asesora de Cortés, sino en los primeros años de la Colonia, Malinche tuvo una gran influencia y un gran poder político.







Sin embargo, existe un personaje totalmente borrado por la historia oficial, tanto de los cronistas y misioneros, como de los historiadores hispanistas, comenzando por el propio Cortés. El verdadero líder de la conquista europea fue un guerrero anahuaca. En efecto, Ixtlilxóchitl fue hijo de Nezhualpilli, hijo a su vez de Netzahualcóyotl.







Antes de morir (1515), el tlatoani texcocano nombró a Ixtlilxóchitl como su sucesor, pero como Moctezuma Xocoyotzin tenía un sobrino, hijo de una hermana y de Nezhualpilli, quien tuvo muchas mujeres, cabildeó para que su sobrino fuera impuesto como tlatoani sucesor de Texcoco, desplazando a Ixtlilxóchitl.








Por lo cual Ixtlilxóchitl se levantó en armas contra Moctezuma y cuando llegó Cortés, se unió a él, poniendo a su disposición trescientos mil guerreros texcocanos que defendían su causa, que aparentemente era la de Quetzalcóatl.







Ixtlilxóchitl fue el verdadero comandante en jefe del ejército que luchó en contra de los mexicas. Por lógica descolonizada, era imposible que Cortés, pudiera coordinar y dirigir a sus aliados anahuacas que, entre texcocanos, tlaxcaltecas, zempoaltecas, sumaron casi quinientos mil hombres.









Ixtlilxóchitl fue el estratega que planeó el rescate de los españoles que estaban sitiados en el Templo Mayor, después de que Cortés y no Alvarado, había ordenado la matanza para despojar de sus joyas a los cinco mil nobles mexicas, hombres y mujeres desarmados que bailaban en una ceremonia y que fueron masacrados a cuchillo sin compasión,







...lo que motivó la revuelta popular mexica en contra de los españoles, que el Consejo Supremo Tlatócan, había decidido recibir a los extranjeros como embajadores de Quetzalcóatl. Moctezuma, como la tradición milenaria del Anáhuac lo establecía, solo mandaba obedeciendo al Tlatócan. Moctezuma no tomaba decisiones unipersonales como un rey europeo. En la democracia participativa del Anáhuac todo se hacía por consenso en el seno del Consejo Supremo.







Ixtlilxóchitl fue el que ideó la estrategia para rescatar a los españoles sitiados en el Templo Mayor. Atacó Tenochtitlán por agua para atraer la atención y en la respuesta mexica, los españoles huyeron por tierra por el lado contrario, previo acuerdo con Ixtlilxóchitl.








Sin embargo, la ambición y codicia de los europeos causó el desastre del rescate, pues los españoles salieron excesivamente cargados de oro, por lo cual fueron alcanzados en Tacuba y murieron mil de ellos ahogados al caer de la calzada al canal. En el plan, cien mil hombres de Ixtlilxóchitl esperaban a los españoles en los llanos de Otumba, para cubrir la retirada y llevarlos a salvo a Tlaxcala.







Los mil españoles que lograron sobrevivir después de “La Batalla de la Noche Triste”, llegaron a los llanos de Otumba con la pólvora mojada, sin dormir, cansados y hambrientos y cuando vieron a los miles de guerreros que iban a rescatarlos, Cortés y sus hombres enloquecidos cargaron sobre ellos creyendo que eran enemigos.







Los texcocanos retrocedieron sin enfrentarlos y a este hecho, la historia oficial hispanista lo menciona como una de "las más heroicas batallas de Occidente", La Batalla de Otumba, en la cual “mil europeos vencieron a cien mil guerreros aborígenes”. Después de aclarada la confusión los españoles fueron escoltados hasta Tlaxcala.





El sitio de Tenochtitlán al principio fue dirigido por Cortés, pero ante la ineficiencia de la estrategia y los problemas de comunicación, Ixtlilxóchitl tomó la responsabilidad de las operaciones, mandando cortar el acueducto de Chapultepec, dejando sin agua dulce a los mexicas. La batalla duro casi tres meses y se peleó casa por casa. La defensa mexica fue heroica y pelearon hasta la muerte mujeres y niños. El hambre, la sed, pero sobre todo la viruela hicieron estragos entre los defensores.







La historia hispanista es tan burda y parcial que no dimensiona la catástrofe por la pandemia que vivieron los mexicas por la viruela, de hecho, fue la primera guerra bacteriológica del mundo, y por supuesto, según los historiadores hispanistas la viruela “la contagió un negro”.







Ixtlilxóchitl fue el vencedor militar de Tenochtitlán, Cortés el vencedor político. Con la caída de Tenochtitlán no se consuma la invasión, por el contrario, apenas inicia. Los pueblos anahuacas que lucharon como aliados de Cortés y los que lucharon como aliados de los mexicas, se unieron, como era la cultura anahuaca del periodo Postclásico e iniciaron la invasión a favor de la causa hispánica,








...bástenos ver los Murales del Palacio de Gobierno de Tlaxcala, para entender cómo los anahuacas se hispanizaron creyendo que estaban luchando a favor de Quetzalcóatl en una guerra religiosa.







Durante los primeros años de la Colonia, el poder y las prerrogativas de los tlatoanis aliados de los españoles fueron muy altos. De hecho la familia de Moctezuma fue tratada como noble y emigró a España. Esta situación empezó a cambiar cuando empezar a llegar los españoles y sobre todo, los funcionarios coloniales, el alto clero y los comerciantes.







Primero perdieron los aliados anahuacas sus posiciones de poder y privilegios, pero en seguida también los perdieron los conquistadores que, fueron desplazados por la burocracia y “la nobleza de medio pelo”, que empezó a llegar al “nuevo mundo” a hacerse inmensamente ricos de la noche a la mañana.







La historia hispanista esconde el hecho de que Cortés pensaba traicionar a la corona española y pretendía crear un reino y proclamarse rey. Nada extraño en la práctica de Cortés que vivió de traición en traición toda su vida. Sin embargo, este hecho pesó mucho sobre los conquistadores a los que se les perdió la confianza y hasta los hijos de Cortés fueron juzgados por conspiración.






Los descendientes de los conquistadores y de los nobles anahuacas, como Martín Cortés y Fernando Alba Ixtlilxóchitl (el historiador), quienes empezaron una reivindicación de “sus supuestos derechos”, que es justamente el inicio del “nacionalismo criollo” sobre las tierras y los pueblos conquistados, que tres siglos más tarde desembocará en el otro estallido social entre criollos contra gachupines, el cual la “historia oficial” ha llamado con gran eufemismo, “La Guerra de Independencia”, en la cual, los pueblos anahuacas fueron la carne de cañón para que los criollos corrieran a los gachupines de la Nueva España y los criollos fundaran “su país, de ellos y para ellos”, traicionando nuevamente a los anahuacas y excluyéndolos del nuevo modelo neocolonial (1821-2012), porque solo maquillaron el añejo y corrupto Sistema Colonial, en el que se pusieron a la cabeza.








El conocer verdaderamente lo que sucedió en la Conquista del Anáhuac, nos permite analizar los errores cometidos para que no se vuelvan a repetir. Nos permite entender que hemos estado repitiendo los mismos errores una y otra vez. El no conocer la verdad nos impide conocer verdaderamente a nuestro enemigo y dimensionar lo que significa la traición y el malinchismo, la falta de identidad y de un proyecto de nación “propio-nuestro”.






Nos impide darnos cuenta que vivimos dentro de un orden colonial en el cual todos formamos parte. Al conocer el pasado nos permite entender el presente y delinear el futuro. Saber, qué es lo que queremos y qué es lo que no queremos que nos vuelva a pasar, y saber, en qué clase de país queremos que vivan los hijos de nuestros hijos.










domingo, 1 de abril de 2012

México, el país que nunca nos ha pertenecido.



 


Desde hace cinco siglos el gobierno y la administración del territorio de lo que hoy conforma México, ha estado en manos de gente “ajena”, -que podemos llamar-, de “ideología criolla”, es decir, explotadores y depredadores de los pueblos y sus recursos naturales. Esta gente y esta ideología empezaron a llegar y a formar desde 1519 al Cem Anáhuac.




Cualquiera persona sin información podría ir al sitio común de nuestra gran ignorancia… “los aztecas también eran explotadores”. Sí, pero primero tendríamos que decir que no como los españoles y los criollos. Dos, lo hicieron de una manera más humana, dado que, pueblo que vencían lo sumaban a la Triple Alianza y lo hacían coparticipe de la siguiente expedición.





Tres, los aztecas iniciaron sus guerras de expansión a partir de 1440, por lo cual, este periodo de guerras y subordinación duró solo 81 años con la invasores españoles en 1521, contra los 7500 años de Desarrollo Humano del Anáhuac, por lo cual no puede ser representativo de nuestra Civilización Madre, que no fue guerrera.





Y cuatro, en las Guerras Floridas de los aztecas (distorsión degrada de la Guerra Florida Tolteca de carácter espiritual), estaba prohibido que los guerreros mataran a su enemigo, lo tenían que tomar prisionero y entregarlo a los sacerdotes para que éstos lo sacrificaran. De modo que como se empeñan en reiterarlo, desde Hernán Cortés hasta Mel Gibson, los anahuacas no fueron un pueblo guerrero.





“Este país”, desde la invasión europea, primero fue una Colonia dependiendo de La Corona Española, y desde 1821, fue un país fundado “por criollos para los criollos” dependiendo absolutamente del extranjero.





En donde los criollos se la han pasado en una lucha fratricida por el poder y haciendo alianzas con los extranjeros para ganar su apoyo y la validación de “su poder usurpado", siempre de espaldas al pueblo en sus múltiples luchas políticas o militares.






Desde conservadores contra liberales hasta panistas contra priístas, siempre en un doble discurso. De cara al pueblo de un nacionalismo de opereta y frente a los poderes de gobiernos y empresas extranjeras, de sumisión y servilismo repugnante.






Lo mismo un Iturbide contratando enormes deudas para pagar el boato de su corte de opereta con banqueros usureros en un país en banca rota por 11 años de guerra civil (Guerra de Independencia), entre gachupines contra criollos.







Santa Anna instalado permanentemente en el "nuevo país" y entregando más de la mitad del territorio, que Miramón luchando a favor de Maximiliano pedido a Francia por los criollos conservadores, o Díaz dando concesiones a los potencias europeas, o Alemán entregando el país a Estados Unidos, o De la Madrid, Salinas y Zedillo entregando la soberanía al capital trasnacional.





En el pasado como en el presente, unos y otros, sin valoración e inspiración por la ancestral Cultura Madre, sin un amor y compromiso verdadero a sus pueblos, depredando sus recursos naturales de manera criminal, sin respeto a su milenaria civilización, tratando de ser españoles tres siglos durante la Colonia, franceses en el Siglo XIX, y en los últimos cien años tratando de ser norteamericanos. Sufriendo permanentemente el ultraje de ellos. 





Siempre despreciando lo propio y exaltando lo ajeno, pisoteando al anahuaca y agachándose con los extranjeros, buscando modelos políticos, económicos, sociales y culturales en el extranjero, en vez de revalorar, fortalecer e impulsar la civilización ancestral del Cem Anáhuac.





Los que han gobernado y administrado este país… "su país”, su gente y sus recursos naturales (con sus honrosas excepciones), siempre lo han hecho de una manera colonizadora, abusiva, sin un verdadero compromiso por un futuro compartido por todos los habitantes.





Siempre han sido reducidas cúpulas o mafias que se han apoderado del gobierno y la economía, todo es para ellos y entre ellos, nada es para el numeroso pueblo que, “curiosamente”, es descendiente cultural y racial de la civilización Madre.





En el país de los criollos, en el que prevalece la “ideología criolla”, no existe solidaridad, compasión y compromiso con la mayoría del pueblo. Como dice la hija de Peña Nieta “la prole de pendejos envidiosos”.





En efecto, la gente morena que tiene el fenotipo anahuaca, las personas que se integran en las tradiciones, usos y costumbres ancestrales, son los marginados, excluidos, los que más sufren la explotación y la injusticia del “país de los criollos”.




Para ellos no existe la Ley, las oportunidades, los derechos. En la Colonia fueron tratados como animales sin derechos y su cultura ancestral fue proscrita y perseguida por demoniaca, destruida y excluida del Modelo Colonial, solo fueron usados como mano de obra esclava.





A partir de 1821, a pesar que fueron los anahuacas los que llevaron el mayor peso de la guerra en contra de los gachupines, al triunfo, fueron nuevamente excluidos en el diseño y desarrollo de la nación, que los criollos crearon y a la que indebidamente le llamaron México, dado que el nombre ancestral es Anáhuac.






Durante el Siglo XIX se convirtieron en un lastre y un bochorno para todos aquellos que querían hacer de México, una “Francia chiquita”. Lo anahuaca opacaba la luz modernizadora de Francia. Se abrió la inmigración de europeos para hacer de México un “país más blanco”, productivo e industrioso.






Los capitales llegaron a hacer, lo que los criollos nunca han podido hacer, por su incapacidad, mediocridad y provisionalísimo (el criollo siempre se ha sentido –lejos- de su patria añorada).





Porque la incapacidad es lo que ha caracterizado a la ideología criolla. “Su país” desde 1821 ha venido de mal en peor. Perdieron más de la mitad del territorio que habían heredado de la Colonia,






perdieron la soberanía política, la capacidad para el desarrollo tecnológico y científico, destruyeron el Mercado interno y perdieron el acceso al Mercado mundial, condenaron con cinismo a “su pueblo” a ser pobre para lograr el desarrollo económico.






En aras de una “modernidad trasnochada y pueblerina que nunca llegó”, perdieron la autosuficiencia alimentaria, perdieron la planta industrial y se quedaron como maquiladores, perdieron la calidad de la instrucción académica y la educación familiar, perdieron los valores y principios de la Cultura Popular, perdieron sus instituciones.






Finalmente, los criollos en sus tragicomedias y luchas fratricidas, fueran conservadores o liberales en el Siglo XIX, panistas o priístas en el Siglo XX, y en especial, en los últimos dos sexenios el país… “su país”, se les está cayendo a gajos, se les desmorona entre sus torpes, codiciosas y corruptas manos.






Sus vetustas y huecas instituciones se están desplomando en medio de un río de sangre y el festín de las empresas trasnacionales que como vampiros se atascan de la sangre y los recursos naturales de nuestro pueblo.





Efectivamente, es innegable, está a la vista de todo el mundo, los criollos y su país estrepitosamente se están viniendo abajo. México es ya un Estado fallido.






Tanta incapacidad, tanta corrupción, tanta impotencia y estupidez destruyeron lo que Juárez y Díaz les construyeron al traicionar y expulsar a sus parientes los gachupines de La Nueva España… “su país”, el país que a los morenitos, los nacos, los peladitos, los indios, los yopes, jamás nos ha pertenecido.



 




Ya están saliendo como ratas, ya se están llevando sus capitales, ellos…ya se están salvando. Dejan atrás un país que nunca amaron y un pueblo que nunca respetaron, que siempre fue excluido. Un pueblo que desde 1821 ha carecido de país.






Pero, justamente el fin es también el principio. Y como todo en el universo es cíclico y no lineal, llegará el tiempo esperado para que vuelva a salir el Sol del Anáhuac y sus pueblos podrán DESPERTAR y ABRIR SUS CORAZONES.







Tonatzín estará pariendo otro tonal de los tiempos y volverá a escucharse la voz de nuestros Viejos Abuelos toltecas. Los masehuales nuevamente se regirán por los valores y principios de la Toltecáyotl,







...la tinta negra la tina roja guiará a nuestros dirigentes, el telpochcalli y el Calmécac reabrirán sus puertas, las flores bellas adornaran y perfumaran nuestras casas, flor y canto saldrá de nuestros corazones y volveremos a ser hermanos de los montes y de las aguas, de los animales y las plantas, del cielo y de las estrellas.






Tloque Nahuaque guiará nuestros corazones. Todo habrá de comenzar y todo seguirá su inexorable marcha. Nada nuevo sobre la faz de la Tierra, el Anáhuac seguirá en pie porque nunca se ha derrumbado, solo se agazapó estos cinco siglos... de espera.