jueves, 10 de mayo de 2012

¿A QUÉ MANDAMOS A LOS HIJOS A LA ESCUELA?





A partir de muchos años de investigar la civilización del Anáhuac, que tuvo el primer sistema educativo, obligatorio, público y gratuito del mundo por lo menos a lo largo de tres mil años, hasta que lo destruyeron los españoles en 1521.





Por la experiencia de dirigir dos escuelas preparatorias, la dirección de centros culturales y mi propia experiencia como estudiante, en donde tuve que cursar mi carrera dos veces, porque la primera me la anularon, pero sobre todo, por analizar la enseñanza, llego a la conclusión que muchos padres no saben a que van sus hijos a la escuela.





Pero también, por desgracia, tampoco lo saben claramente los directores y maestros, y por consiguiente, los alumnos también.



 

Existen muchos mitos y fantasías sobre la escuela, verdades a medias y dogmas, con los que se mantiene una institución caduca, inservible y totalmente ineficaz.





Porque debemos reconocerlo, la educación académica es un fraude en la actualidad.





Ni siquiera hablaremos de la “calidad”. El simple hecho de que existen miles de graduados que no tienen trabajo y muchos más están en “chambitas” o en el mercado informal.




Ya no garantiza la educación superior un trabajo decoroso y medianamente pagado. Además que a los gobiernos no les conviene tener pueblos educados, conscientes, críticos, exigentes y participativos.



 

Es saludable, para este artículo, diferenciar la educación de la instrucción. La primera es un proceso de trasmisión de valores, la segunda de conocimientos. Por lo tanto, existen personas con muchos conocimientos pero sin valores, es decir, sin educación.





Y por el contrario, existen muchas personas con poca o nula instrucción académica pero que poseen una solida educación en valores. De lo que se desprende que tenemos educación académica para la vida y otra para el trabajo.




Una humanista y la otra técnica. Una para desarrollar a seres humanos integrales y la otra para preparar cuadros de empleados para el Mercado.



 


Es necesario puntualizar también que el Estado criollo, de manera criminal e irresponsable ha venido saboteando la educación pública. Si bien, ésta nació en 1921 con José Vasconcelos y la creación de la SEP, ...




lo cierto es que desde que el gobierno empezó a usar al magisterio como el organizador de las elecciones en el llamado pri-gobierno, el magisterio se corrompió al convertirse en un instrumento del Estado para simular una democracia y los maestros, por su trabajo político, empezaron a penetrar, trepar y reclamar espacios, puestos y prebendas políticas en el sistema.





Jongitud Barrios y Elba Esther Gordillo son el prototipo del maestro exitoso y de ahí para abajo, desde Senadores hasta comisionados, pasando por funcionarios de los tres niveles de gobierno.




 

Pero la pregunta base, ¿a qué mandamos a los hijos a la escuela?





 Muchos creen, equivocadamente, que a aprender conocimientos para poder ganar dinero, pero la verdad, salvo los conocimientos básicos de 1º , 3 º y 5 º año de primaria, es decir, escribir, leer, matemáticas básicas, en general, los conocimientos de secundaria, bachillerato y en muchos casos de nivel superior se olvidan o caducan.





En efecto, los niños y los muchachos no son computadoras en las que los profesores “vacían” información. Además, la información por sí misma no se convierte en conocimiento, requiere de un proceso intelectual-emocional que solo hace el ser humano, y lo hace no solo con el cerebro.



 

 
Otros padres piensan que en la escuela se “educan sus hijos”. Totalmente equivocado. La educación es un proceso a lo largo de toda la vida que se sustenta en la trasmisión de valores para formar al individuo, por ello, la educación –en su primera etapa-, se da en casa y los maestros son los padres, el modelo pedagógico es el amor y la didáctica es el ejemplo.





Si un padre no puede “educar” a sus tres hijos, es imposible que un maestro mal pagado, pesimamente capacitado, con programas obsoletos, una burocracia deprimente y corrupta, pueda y quiera “educar a 30 niños”.





El maestro, -como todos los profesionistas- creados en el sistema actual, lo que quiere es “ganar más dinero”, comprar todo lo que les mandan los medios, trabajar menos y tener una vida cómoda, “como la de un diputado”, sin importarle un comino su familia, su comunidad, su país y el mundo entero.



 

Entonces, ¿a qué deberían ir los muchachos a la escuela? Como dijimos al principio, los VALORES se enseñan en casa, desde la cuna.





Las acciones repetitivas que un niño hace diariamente, al tiempo se convierten en HÁBITOS. Los hábitos, que pueden ser buenos o malos, cuando se estructuran forman el CARÁCTER de las personas, con los años el carácter define el DESTINO de la gente.





De modo que no hay “buena o mala suerte”. Los valores forman hábitos y éstos sumados crean el carácter de los individuos, con el tiempo ese “carácter” definirá el destino de las personas.



 

¿Cuáles serían esos VALORES que el niño aprende en casa y que va a la escuela a reforzarlos a ponerlos en práctica cotidianamente en el salón de clases?





Por nuestra experiencia teórica en la educación tolteca emanada de la Toltecáyotl y la práctica de dirigir escuelas, hemos definido al menos siete VALORES fundamentales en la educación para la vida y el trabajo de los estudiantes:






1) La Disciplina, 2) La Responsabilidad, 3) La capacidad de desarrollar la Atención, Concentración y Abstracción, 4) La capacidad de la Comunicación oral y por escrito, 5) El Trabajo en Equipo, 6) El Respeto en todos los niveles, y 7) La Consciencia/solidaridad Comunitaria.


 


 

La DISCIPLINA implica, hacer lo que debo hacer…aunque no me guste hacerlo, y no hacer lo que no debo hacer…aunque me guste hacerlo.






La RESPONSABILIDAD implica que nadie me esté repitiendo lo que tengo que hacer, que con una indicación cumpla con mi deber por mí mismo.





La ATENCIÓN, CONCENTRACIÓN y LA ABSTRACCIÓN, implica la capacidad de desarrollar estas posibilidades humanas a partir de enseñar al cerebro y al cuerpo a realizar estas funciones, sin ser vencidos fácilmente por las distracciones, sueño, ruidos, incomodidad, etc.





La COMUNICACIÓN implica que el individuo sea capaz de exteriorizar de manera oral y por escrito lo que piensa y siente de su mundo interno y externo. La comunicación se sustenta en la capacidad de “saber escuchar” al ser interno, a las personas que le rodean y al mundo en el que vive.






El TRABAJO EN EQUIPO implica la capacidad de poder coordinarse y organizarse con un grupo de personas para lograr un fin común. Requiere reducir el ego, desarrollar la tolerancia y mantener una actitud “proactiva”. Aprender y desarrollar que “el nosotros colectivo” es más eficaz que el “yo individual” en el resultado del trabajo.





El RESPETO implica esencialmente desarrollar el respeto interior a uno mismo, a la vida, a la comunidad, a las instituciones, a la autoridad y a los que dependen de uno, a los desvalidos y a los diferentes. Y finalmente...





La CONSCIENCIA/SOLIDARIDAD COMUNITARIA, implica entenderse como parte importante e interrelacionada de una comunidad, sea familiar, laboral, ideológica, religiosa o de esparcimiento. A nivel del hogar, colonia, barrio, el pueblo, estado, país, planeta y universo.




 

El desarrollo y práctica cotidiana de estos siete VALORES aprendidos en casa y desarrollados en la escuela, durante muchos años, permite que el estudiante se convierta en un ser humano útil y positivo. Apto para ser un ser humano consiente, un trabajador de excelencia, un virtuoso padre de familia y un buen ciudadano.





Pero de qué manera los estudiantes refuerzan estos VALORES en la escuela, sino existen “materias de valores”.





 

Muy sencillo, es ahí donde las materias académicas cumplen su función.


 



 

Las matemáticas, la física, la química, etc., son un medio, el excipiente en donde se practican los valores. Al paso de los años, seguramente muchos de estos conocimientos se olvidan, pero la forma de “adquirirlos” se hace un hábito, un “estilo”, una forma de vida de la gente exitosa por eficiente y eficaz.



 


En efecto, el estudiante debe poner en práctica los siete valores para cursar sus materias académicas, sí aplica estos valores obtendrá elevadas calificaciones, de no ponerlos en práctica, su bajo rendimiento no implica que sea “tonto” o débil mental, sino que no tiene la práctica y disciplina cotidiana y constante de aplicar estos valores en sus deberes escolares, lo que a través del tiempo se convierte en malos hábitos, pésimo carácter y un desafortunado destino con muchos conflictos e incapacidades.



 

Y lo que hace un estudiante cotidianamente en su salón de clases a lo largo de muchos años, se convertirá en un hábito de trabajo, éste al tiempo formará su carácter y su destino quedará determinado.





Sí es irresponsable, indisciplinado, no pone atención, no se puede concentrar y no puede desarrollar la abstracción, además de ser conflictivo y no poder trabajar en equipo, es irrespetuoso y no es solidario, además de sacar bajas calificaciones, seguramente cuando esté trabajando actuará de la misma forma, como lo hizo a lo largo de los años que estuvo en la escuela.



 


En mi práctica profesional he observado que en general, el trabajador se comporta igual como se comportó en su escuela, no puede ser de otra manera.





El alumno que se la pasa jugando en el salón de clases al tiempo, se la pasará jugando en su centro de trabajo, independientemente del trabajo que desempeñe.






Y en general a los trabajadores se les paga por dos clases de trabajo, el intelectual y el físico.





Por lo anterior, no importa en dónde estudien nuestros hijos, sino cómo estudian.





Pueden estar en “la mejor escuela” o en la “peor”, lo importante es cómo desarrollan sus valores cotidianamente en el salón de clases.






No importa tanto “qué carrera” estudien, sino cómo la estudian. Es muy común que excelentes profesionistas se desarrollen con éxito en campos del conocimiento que no estudiaron.





Además, hoy más que nunca la “información” caduca muy rápidamente, lo que obliga a los profesionistas a mantenerse permanentemente en una actitud autodidacta.




 

Para finalizar diremos que la escuela es un espacio para reforzar los VALORES que en casa reciben los estudiantes. Para ello se utiliza a la academia, pero en el entendido que la información es tan solo “un medio” y no un fin en sí mismo.






Los padres que solo miden la educación escolar de sus hijos por las calificaciones y que piensan que “mandan a sus hijos a educarse” a la escuela, tienen muchas menos posibilidades de formar valores esenciales en sus hijos, con los cuales podrían asegurar una vida con mayores posibilidades de un desarrollo integral y por consiguiente lograr su plenitud existencial.















sábado, 5 de mayo de 2012

LA BATALLA DEL CINCO DE MAYO desde otra perspectiva.





 

Este cinco de mayo se cumplen 150 años de la Batalla de Puebla entre el invasor francés y “los mexicanos”. La única batalla ganada a los extranjeros en la historia de México. Más allá de los discursos patrioteros, es necesario revisar y repensar la historia para entender el presente y definir el futuro. De no hacerlo, seguiremos tercamente repitiendo la historia, sin poder salir del “laberinto de la desolación”.


 




Primero debemos de situar el contexto histórico que llevó a esa batalla. Durante los tres siglos de Colonia, los gachupines (españoles nacidos en España) y los criollos (españoles nacidos en América) mantuvieron una confrontación producto del injusto “Sistema de Castas”, en el que los criollos no podía acceder a la cumbre del poder económico, político, militar, religioso y social. Eran pues, “españoles de segunda”.


 




 

En 1810 los criollos Hidalgo y Allende iniciaron un estallido social para mejorar sus condiciones de clase, levantando a los anahuacas en contra de los peninsulares. Hidalgo al grito de “es hora de matar gachupines” incendió el Bajío.






 

Once años de guerra civil, ahora sumados los mestizos con Morelos, culminará con la primera “concertasección” en la que el criollo Iturbide traiciona a los gachupines que le han dado un ejército para acabar la débil flama de la insurgencia que sobrevivía en las montañas del Sur.









Guerrero e Iturbide con el “abrazo de Acatempan” sellan la expulsión de los gachupines que se dará totalmente hasta 1828.






De esta manera los criollos en 1821 crean “su país para ellos y de ellos”, traicionan a los pueblos anahuacas que habían sido la “carne de cañón” y los habían acompañado los once años de guerra civil esperando mejores condiciones de vida para ellos y el reconocimiento de su civilización.






Sin embargo son EXCLUIDOS del nuevo país y mantendrán, en esencia, las mismas condiciones del periodo colonial.






En 1821 la mayoría de “los mal llamados mexicanos” eran anahuacas que no hablaban español y eran analfabetos. El “pueblo-pueblo” y su milenaria civilización no contaron para nada en la creación del país que pretendía desarrollarse bajo la influencia del modelo europeo o Norteamericano según los criollos.






El problema de ayer -y de hoy- de los criollos, tiene dos grandes vertientes. Su comprobada mediocridad e incapacidad para conducir un país, por una parte, y por la otra, el que desde 1821 se dividieron en dos bandos (conservadores vs. liberales, centralistas vs. federalistas, monárquicos vs. republicanos, masones escoceses vs. yorkinos, panistas vs. priísitas) y se la han pasado luchando por imponer dos modelos diferentes de país.







Ésta lucha permanente ha sido utilizada por potencias y empresas extranjeras para explotar, robar y depredar al pueblo y sus recursos naturales de manera abierta y cínica.


 



 


Los criollos que recibieron el Virreinato de la Nueva España como una de las principales fuentes de riqueza de la corona española, tras once años de guerra civil y la expulsión de sus capitales españoles (1828), quedó en total banca rota para iniciar la “construcción de su país”.







 

Y como siempre lo hicieron con el pie izquierdo y con suma torpeza. Su “democracia bananera” comenzó con un gran boato “El Imperio de Iturbide”, en esencia el sistema colonial se mantuvo y los criollos trataron de armar una lujosa “corte imperial”, pero como la economía estaba destruida por la guerra y la expulsión de los capitales españoles, empezaron a pedir prestado a los bancos europeos para solventar el gasto corriente de sus sueños imperiales.






 
Santa Anna y la invasión Norteamericana fueron dos grandes males y el país de los criollos para los criollos iba de mal en peor, no solo por las torpezas, sino por la corrupción y las luchas intestinas nacionales y regionales por el poder que no tenían fin. Dos modelos y tres realidades.






 

El modelo conservador-francés de un puñado de criollos, el modelo liberal-Norteamericano de otro puñado de criollos en el “México imaginario”. Y el modelo anahuaca de la mayoría del pueblo. Aunque era el mayoritario, estaba totalmente excluido y no tenía ni voz ni voto. El México profundo y el México imaginario de Bonfil batalla.







El enfrentamiento entre los criollos los llevó a la llamada Guerra de Reforma y cuando se vieron derrotados los conservadores, no dudaron en ir a pedir a Francia la intervención en contra de “su país”.


 





 
Napoleón III tenía la pérfida idea de recuperar las colonias “iberoamericanas” perdidas por la debilidad española, por lo que “se inventó” el mito que las ex colonias eran ¡!!LATINOAMERICANAS!!!, por lo cual los franceses tenían derecho histórico sobre ellas.



 



 

En medio de estos 41 años de desastres, luchas políticas, batallas fratricidas, economía hecha pedazos, los agiotistas internacionales y sus bancos, seguían aumentando las deudas y los intereses del desordenado país y de sus irresponsables dirigentes.




 


A tal punto que los gobiernos de Inglaterra, España y Francia formaron una alianza llamada la Convención de Londres para exigir al gobierno de Juárez el pago de la deuda a sus banqueros.






Inglaterra y España aceptaron la “sacrificada” propuesta de Juárez, pero Francia encontró la justificación para iniciar, no solo la invasión a México, sino la supuesta recuperación de las colonias iberoamericanas a favor de Francia.







Es esta la razón de la presencia de las tropas francesas en Puebla en 1862. Lo que no dice la “Historia Oficial” es que en ese momento en México se seguía combatiendo entre conservadores y liberales, el país seguía en una lucha fratricida como cuando nos invadieron los Estados Unidos en 1847.






 
En efecto, el general conservador Márquez con dos mil hombres de caballería luchó a favor de los franceses el cuatro de mayo en contra de los hombres de Zaragoza y las familias acomodadas de Puebla preparaban con gran entusiasmo la recepción de los franceses después de que derrotaran a los liberarles en los Fuertes de Loreto y Guadalupe.







Lo que escamotea la “Historia Oficial” es la decisiva participación de los anahuacas zacapoaxtlas, quienes sorprendieron a la tropa de elite francesa conocida como “los zuavos”, a quienes derrotaron en la lucha cuerpo a cuerpo. El desplome de los zuavos inclinó la balanza en contra del invasor europeo.






El punto es que la lucha entre los criollos y la exclusión del pueblo y la cultura anahuaca del modelo de país, no solo fue la causa de la invasión francesa, sino sigue siendo la causa del deterioro nacional.








Las luchas, traiciones y entregas que se han dado desde 1821 hasta nuestros días, han hecho que este país (su país) esté tocando fondo.








Las riquezas naturales y la riqueza humana (producto de ser una de las seis civilizaciones más antiguas con origen autónomo del mundo), en la salvaje y despiadada depredación del país, ha producido y sigue produciendo mucha riqueza mal habida, de propio y extraños.






 
La incapacidad de los criollos, sus luchas, traiciones y su permanente falta de amor y compromiso por el pueblo del Anáhuac a ideo de mal en peor en estos 191 años “de vida independiente”.





Han perdido más de la mitad del territorio, perdieron la soberanía política, económica, alimentaria, de los recursos naturales. Sus torpezas y miopías han hecho que más de un 10% de la población éste de “ilegal” con los vecinos del Norte.







Por su torpeza y corrupción perdieron la estabilidad social y entregaron al pueblo y las instituciones al crimen organizado. Se perdió el Mercado interno.







Se perdió el campo, la mediana y pequeña empresa, se ha destruido el sistema educativo desde el jardín de niños hasta la universidad.





 
La traición de los conservadores de mitad del Siglo XIX, sigue siendo idéntica en pleno Siglo XXI. Se entrega los energéticos, se destruye y debilita a las empresas nacionales, el subsuelo se les regala a las toxicas compañías mineras, a los trabajadores se les mantiene con sueldos de hambre y se les reducen las prestaciones.






Los gobiernos trabajan para las empresas trasnacionales en contra de los derechos de los ciudadanos del país.







Se siguen pelando los criollos conservadores contra los criollos liberales, cobijados por un corrupto sistema político y un injusto sistema económico que favorece a un puñado de ricos, a los monopolios, a las empresas trasnacionales, a las instituciones surpa nacionales.








Los criollos, panistas o priístas hacen alianzas con los peores enemigos del pueblo y la nación, con tal de favorecer sus míseros intereses económicos y políticos.







 
Y todo esto es posible y se repite una y otra vez, porque el pueblo anahuaca está enajenado, ha perdido su memoria histórica.







Se le ha educado a menospreciarse, a desconocerse, a rechazarse, a denigrarse. La gran mayoría del pueblo, especialmente los mestizos desculturizados, no tienen identidad primigenia, han perdido los valores ancestrales, viven atrapados en una modernidad que nunca llega y en dónde son rechazados y menospreciados.






El colonizador de ayer y de hoy, desprecia y excluye al colonizado, por ello, el pueblo se ha convertido en un “colonizador-colonizado”, tratando de abusar del débil y aguantándose cundo lo abusa otro más fuerte. Ha perdido la noción de la Justicia, la Honradez y la del Respeto.






Lo que no dice la “Historia Oficial” es que los franceses regresaron y tomaron Puebla, la Capital y gran parte del país. Y sí se tuvieron que ir, fue por la Guerra Franco-Prusiana, pero la invasión continua cotidianamente.








Los criollos en el poder, -panistas o priístas-, entregan al pueblo y sus recursos naturales al mejor postor por unas migajas.







La traición al pueblo y a la patria ha sido permanente por los que nos han gobernado en estos 191 años, independientemente del color de su partido o de su ideología extranjerizante.







Los criollos ante el juicio de la Historia, jamás han amado al pueblo, jamás se han comprometido con él, jamás les ha interesado conocer y valorar su milenaria historia y civilización.






Desde Hernán Cortés hasta Felipe Calderón, con algunas valiosas excepciones, casi todas las autoridades “de este país”, han gobernado de espaldas de los intereses y valores del pueblo y su cultura ancestral.