martes, 1 de enero de 2019

25 y 500 años, DIGNIDAD Y DESCOLONIZACIÓN



El próximo primero de enero, se cumplen 25 años del estallido social que ha transformado el mundo moderno. 
Un cuarto de siglo en que los anahuacas más ilustres de este país, llegaron a la sabia y digna conclusión, que era preferible morir por las balas del ejército, que de hambre o de enfermedad, y dijeron un rotundo y sonoro ¡Ya basta! y se levantaron en pie de guerra. 
La otra fecha significativa para las personas consientes y descolonizadas es el 21 de febrero, cuando se cumplen 500 años del inicio de esta invasión, que llega hasta nuestros días, y que, pareciera que no termina. 
La infame voracidad, insaciable y depredadora, de los extranjeros y de los hijos de sus hijos, que siguen llegando a asesinar explotar y engañar a nuestra gente. 
Extranjeros que explotan y contaminan impunemente nuestros bosques, montañas, playas y aguas. 
Quinientos años en que hemos sido despreciados y despojados de nuestra memoria histórica y nuestra identidad cultural ancestral. 
Quinientos años que nos han forzado a olvidar, quiénes fueron nuestros gloriosos antepasados, cuáles sus grandes e impresionantes logros de organización, de educación, de salud y alimentación. 
Sus impresionantes avances y descubrimientos de las matemáticas, la física, la astronomía, la ingeniería y la arquitectura. Quinientos años de no saber quienes en verdad somos, todos y cada uno de nosotros, de no saber, qué es lo que deseamos y qué es lo que no queremos. 
Quinientos años, como dijo el poeta Octavio Paz, de “vivir en un laberinto de soledad”, de ser extranjeros incultos y ajenos a nosotros mismos en nuestra milenaria tierra y en nuestra Madre Cultura.
Amable lector, dos fechas muy significativas. La primera nos demuestra que, “si se puede decir ya basta” al capitalismo global, a la banca internacional, a las mega empresas trasnacionales y a los gobiernos locales corruptos. 
Reconocidos en los sectores de pensamiento más avanzado del planeta, los anahuacas mayas de Chiapas, son el inicio del despertar en Europa y E.U. Y, sin embargo, por el vasallaje y la feroz colonización de los dueños de este país, la mayoría de los mexicanos no conocen la proeza del EZLN. 
En vez de ser un ejemplo a seguir por comunidades, pueblos, colonias, ciudades, sindicatos, organizaciones sociales, están en el escarnio y en la desvaloración de su valiente ejercicio de libertad y dignidad. 
Todos están en contra de los “indios revoltosos de Chiapas”. Tanto partidos políticos, como estudiantes, intelectuales y artistas, que sufren de la colonización cultural. 
Su eurocentrismo, malinchismo y, sobre todo, su racismo e ignorancia, los hacen perder el camino y la oportunidad de liberarse de las cadenas de la esclavitud mental, material y espiritual. 
Porque si algo nos enseña la digna lucha de los 250 mil anahuacas mayas de Chiapas, es que, “El futuro de este país, está en el conocimiento de la historia y sabiduría del pasado milenario”. 
Este es el punto amable lector. Pareciera que las mentes más lúcidas, que pretenden “rescatar y transformar a México”, no conocen la Toltecáyotl. Insistimos una vez más, “no se puede salir del calabozo de la colonización, con las ideas eurocéntricas de nuestros carceleros”. 
Los zapatistas nos enseñan el camino. Nos demuestran que “el mandar obedeciendo”, la comunalidad, el bien común sobre el interés personal y los valores ancestrales de la familia, son un legado vivo del Anáhuac, con el que, se puede y se debe, construir una forma de vida, justa y humana. 
Monumental cátedra de honor y dignidad.
Entiéndase bien, son con estos valores, principios, conocimientos, con esta milenaria sabiduría con la que se puede reconstruir este país. En esta tierra que pisamos, desde el 21 de febrero de 1519, se han creado dos bandos, dos grupos, dos formas de ver y entender al ser humano, la vida y el mundo. 
“Los tradicionales”, aquellos que pretenden mantener una de las formas de vida más exitosas de la humanidad, de la llamada, civilización del Anáhuac. 
Y “los modernos”, que a sangre y fuego han impuesto una forma externa de vivir. La “modernidad” llegó al Anáhuac, primero de España, después de Francia y ahora de E.U. Los modernos imponen su lengua, sus valores, sus costumbres. Los tradicionales defienden la permanencia de sus milenarias lenguas, valores y costumbres. 
Los modernos los representan en el principio: Hernán Cortés, Malinche e Ixtlilxóchitl. Los tradicionales los representan: Gonzalo Guerrero, Xicoténcatl y Cuauhtémoc.
Aquí y ahora, en México y a 500 años de la invasión, pareciera que se define el destino de la humanidad. Un verdadero choque de civilizaciones. La Civilización Occidental, moderna, eurocéntrica, capitalista, racista, patriarcal, materialista, individualista y consumista. 
La civilización más tóxica y necrófila que ha existido en los  diez mil años, y que, con apenas 500, no solo está poniendo en peligro de muerte a la especia humana, sino al mismo planeta. Por el otro lado, la Civilización del Cem Anáhuac, la que ha alcanzado la más alta calidad de vida para todo su pueblo por más de diez siglos, y una de las seis más antiguas y con origen autónomo del planeta. 
Una civilización que ha sobrevivido a su muerte histórica, y que, representa, los valores, los conocimientos y la sabiduría más decantada y eficiente para vivir en armonía, entre los seres humanos, con la “Madre Querida” y con el espacio de lo sagrado y lo divino. 
Es tiempo que cada persona con conciencia y dignidad, diga un ¡ya basta! Que acepte que estamos colonizados, enfermos, intoxicados y que somos adictos a una forma de vida que nos está conduciendo a la muerte. 
Necesitamos cambiar nuestra idea del mundo y de la vida. Para verdaderamente “TRANSFORMAR” este país, necesitamos, primero, transformarnos nosotros mismos. 
Necesitamos comer sano, desintoxicarnos mental y emocionalmente, y dejar de ser adictos al consumismo. No existe ningún camino recorrido en la vida, que antes, no se recorra hacia adentro. Descolonizar es dignificar.   


www.toltecayotl.org




 Nuestros mejores deseos para este nuevo año a todos los amigos que nos hacen el favor de leernos”.   

sábado, 22 de diciembre de 2018

AMLO EN OAXACA y los indios de las Indias Occidentales.


Desde que trabajaba en la Casa de la Cultura Oaxaqueña, en la década de los años ochenta, hemos venido insistiendo en la necesidad de investigar y difundir la filosofía de la Civilización Madre. Entre los invitados a tratar estos temas estuvieron, Rubén Bonifaz Nuño y Guillermo Bonfil Batalla. 
Más tarde, cuando trabajé en Culturas Populares, propusimos trabajar sobre la Toltecáyotl. Finalmente, en la década de los años noventas iniciamos el proyecto de Educayotl con el portal en Internet de www.toltecayotl.org
Consideramos que, si no se aborda el tema de los mal llamados “pueblos originarios o indígenas”, desde los más profundos cimientos en donde se desplantan todas las culturas del México antiguo, es decir, desde su base filosófica, que es la esencia y raíz de sus estructuras y super estructuras culturales, no se entiende, ni su presencia, ni su grandeza y menos, su dimensión histórica en este país de criollos.
Ahora que el presidente puso de moda a los pueblos anahuacas, y a Oaxaca, en el escenario nacional, porque, lo hemos dicho una y otra vez, “Oaxaca es la reserva espiritual de México”, porque aquí está a “flor de piel”, La Toltecáyotl. Los discursos suenan huecos y los disfraces son pintorescos y folclóricos. Si, amable lector, ahora resulta que todos son indígenas y hasta hemos tenido a un presidente de la India.
Se presentó en Oaxaca el Programa Nacional de los Pueblos Indígenas en el que se prioriza el trabajo por los derechos y las garantías fundamentales de estos pueblos y culturas ancestrales.  Dejarán de ser objetos y pasarán a ser sujetos del derecho público. Buen punto, pero…qué es un pueblo indígena. 
En Google dice que indígena “es un habitante nativo del país”. Y entonces, qué es un nativo. Según Google es “Del lugar donde se nace o relacionado con él". Como es claro, indígena es todo aquél que es originario de un lugar determinado. Así que la mayoría de las personas en todo el mundo son “indígenas”.
El problema del país es que su Civilización Madre, no solo es negada, sino totalmente desconocida por sus propios habitantes. Esto es producto de cinco siglos de colonización mental y cultural, que nos ha llevado a perder la memoria histórica y la identidad cultural ancestral. 
Aún de los mismos llamados “pueblos originarios o indígenas”, que no conocen su historia y filosofía ancestral. 
En los mismos textos del inicio del siglo XVI, se menciona que esta tierra se llama Anáhuac, por tal, en 1813, Morelos convocó al “Primer Congreso del Anáhuac”, y el mismo traidor de Iturbide creó, el Primer Imperio Mexicano del Anáhuac. 
Esta tierra no es México, es Anáhuac, y sus habitantes todos, son anahuacas, no mexicanos, porque no todos son mexicas.
Si no se conoce y se nombra correctamente esta civilización y esta tierra, menos aún se puede conocer y entender a sus milenarios habitantes, que son herederos de una de las seis civilizaciones más antiguas de la humanidad. 
Y al igual que China o India, el Anáhuac posee una filosofía que estructura todo su andamiaje cultural. Esta filosofía se llama TOLTECÁYOTL, y el presidente AMLO, que ha recorrido las entrañas del llamado “México Profundo”, la ha percibido y ha entendido su riqueza y sabiduría, pero no ha podido vislumbrar, -hasta ahora-, la Toltecáyotl.
Siempre hemos dicho que “el futuro de México está en el conocimiento descolonizado de su pasado”. 
Si AMLO conociera la Toltecáyotl, podría trabajar mejor con el pueblo, porque la mayoría de los habitantes de este país, en su “banco genético de información cultural”, sin importar que sean “indígenas” o mestizos, fluye la Toltecáyotl que les da “un rostro propio y un corazón verdadero” en su intimidad. 
Los herederos de La Venta, Palenque, Monte Alban o Teotihuacan, somos todos los anahuacas que formamos la continuidad civilizatoria, no importa si hablamos o no hablamos una lengua ancestral.
No podemos seguir dividendo al pueblo de este país en castas. Porque, pareciera que, en este sexenio, ser “indígena u originario”, será un privilegio y la “comitiva” se disfrazará de “indio”, como dijo el gobernador.
Creemos que, lo más importante es RESTITUIR al pueblo, de su memoria histórica e identidad cultural ancestral. Para que conozcan, de dónde vienen, que entiendan claramente, quiénes son, y sepan, a dónde quieren ir…como personas y como pueblo. 
Si este nuevo gobierno pretende tratar a los anahuacas como sujetos y dignificarlos como seres humanos, lo imprescindible es fortalecer su CONCIENCIA DE SER, y es aquí, donde opera la memoria histórica y la identidad cultural ancestral, porque, “como personas, como familia y como pueblo, somos lo que recordamos”. 
La colonización nos ha hecho un pueblo amnésico, -tanto anahuacas, como mestizos-, no sabemos nada de nuestros Viejos Abuelos, no conocemos su historia milenaria y menos su sabiduría ancestral, padecemos una “lobotomía histórica y cultural”. 
Porque, amable lector, no cree usted que el derecho fundamental de todo ser humano es…saber, ante todo, quién es él, para poder tener conciencia, honor, dignidad y que no lo confundan con un indio de la India. 
Descolonizar es dignificar. 

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