lunes, 3 de octubre de 2011

TERRORISMO RELIGIOSO EUROPEO EN EL ANÁHUAC



Una pregunta básica, no hecha por los investigadores al servicio del Estado criollo, es la relativa a la razón por la cual los pueblos anahuacas abandonaron su milenaria religión que era endógena y autónoma. Es decir, a diferencia de los españoles, que traían una religión que tenía su origen en otra cultura, como es la judía, dependiendo del Estado Vaticano y que apenas contaba con mil quinientos años, sufriendo grandes transformaciones y deformaciones para poder adaptarse a los diferentes pueblos, religiones y culturas europeas, los anahuacas tenían una religión de por lo menos de tres mil años, nacida y desarrollada de manera autónoma por todos los pueblos y culturas, desde los olmecas hasta los mexicas.



En general podemos decir que en el Cem Anáhuac se tenía una sola religión con muchas variantes en tiempo y espacio, pero todas, venían de un misma raíz filosófica. Por ejemplo, Quetzalcóatl, eje y fundamento de la religión del Cem Anáhuac, se aprecia en Chalcatzingo (1500 a.C.) con los olmecas en el periodo Preclásico, sigue presente siglos después en el periodo Clásico en Teotihuacán con los toltecas y se mantiene en el periodo Postclásico con los mexicas en Tenochtitlán, por lo menos tres milenios de continuidad.



La figura religiosa del mal llamado “dios de la lluvia”, que para los anahuacas era el símbolo de la energía luminosa, en todas las culturas y en todos los periodos, tenía una misma similitud. Iconográficamente se representaba con unas anteojeras y una lengua de serpiente. Los anahuacas nahuas le llamaron Tláloc en lengua náhuatl, los anahuacas mayas le llamaron Chac en lengua maya y los anahuacas zapotecos le llamaron Cosijo en su lengua. Pero en todos los casos se referían al mismo concepto filosófico-religioso. Lo que demuestra la permanencia por milenios de las bases de una sola concepción religiosa filosófica en lo esencial en todo el Cem Anáhuac.






Otro punto importante que debe tomarse en cuenta para tratar de entender este fenómeno, es que los pueblos y culturas anahuacas eran total y absolutamente de carácter religioso-espiritual. Todo lo que hacían en el mundo cotidiano, productivo, educativo, artístico, gubernamental, etc., estaba totalmente vinculado con su religión y su espiritualidad. En los planos, personales, familiares, comunitarios y de Estado, la visión del mundo y la vida eran absolutamente religioso-espiritual. Podríamos afirmar que el espacio del mundo sagrado era mucho mayor que el del mundo profano en la civilización del Cem Anáhuac.




En la historia de la humanidad se puede observar que los pueblos pueden llegar a cambiar, con “relativa facilidad”, sus sistemas de organización, producción, estético, de valores y normas sociales, pero en el caso del cambio de religión, especialmente en los pueblos de culturas ancestrales, es muy difícil y cuando se da, es en medio de terribles luchas y conflictos sociales. La imposición del Islam en Medio Oriente y el Norte de África y las luchas entre católicos y protestantes en Europa son un buen ejemplo.





Sin embargo, en el Anáhuac los historiadores hispanos e hispanófilos de ayer y de hoy, nos presentan el cambio de la religión anahuaca por la judeocristiana, como “una mejora” asimilada pacíficamente y por convencimiento. Todo debido a dos cosas: La supuesta supremacía de la religión católica sobre la “idolatría demoniaca y antropófaga de los invadidos-vencidos, y la santidad, humanismo, dulzura y paciencia de, primero los misioneros y después los sacerdotes católicos. Totalmente falso.



La colonizada sociedad mexicana, que le han amputado brutalmente su memoria histórica, ve en general con indiferencia “su historia” (1810-2011), y en el caso específico de la historia antigua y colonial, existe una ignorancia casi total (6000. A.C.-1810). Sumado a esta “desmemorización- colectiva-institucionalizada”, el discurso hispanista de la parcial “Historia Oficial” desde los libros de texto hasta los “investigadores corporativos”, Clio, Televisa, etc., nos presentan el holocausto de la invasión y destrucción de la Civilización del Anáhuac como una obra humanista y civilizatoria que benefició a los aborígenes.



Pero una mente crítica y descolonizada se pregunta, cómo fue posible que los europeos hayan logrado “convertir” a un pueblo que fundamentó su historia, cultura y razón de ser, justamente en su milenaria religión. Esta conversión fue verdadera y desapreció totalmente la ancestral religión, o en estos cinco siglos se ha dado a medias y todavía se mantiene.



La primera pregunta se puede responder descolonizadamente de manera sencilla y directa. La corona española implementó un brutal y desmedido régimen de terror en contra de los anahuacas, a través de todos los medios posibles: legales e ilegales, morales e inmorales, religiosos y gubernamentales, privados e institucionales. En el Anáhuac desde 1519 se institucionalizó un régimen de terror en contra de los anahuacas que profesaran su milenaria religión. Todo estaba permitido y a todo español tenía la potestad de hacer lo que fuera por combatir y erradicar el “imperio de Satanás” de las nuevas tierras arrebatadas. No solo fue la Santa Inquisición, la corona española, el clero común, sino cualquier español tenía el derecho y la obligación de luchar en contra de “Satanás y sus demonios”, entendido, no solo como la religión de los vencidos, sino con su forma de vivir, ser, ver y entender el mundo y la vida, porque su nueva realidad era la servidumbre más abyecta en todas sus formas hasta llegar a la esclavitud, especialmente en las minas.




La segunda pregunta es más difícil de “comprobar”, pero es más que evidente que en general, el pueblo ahora llamado “mexicano”, especialmente el que está más cercano a la raíz civilizatoria del Anáhuac, es heredero de una cultura de resistencia cinco centenaria y que su “práctica religiosa”, está conformada por un profundo sincretismo religioso-cultural y que, de alguna manera, siguen presentes muchas prácticas y advocaciones de la religión ancestral. Comenzando con “Guadalupe-Tonatzín” base y sustento de un pueblo que hoy se asume “guadalupano”, antes que católico apostólico y romano.




La historia hispanista y los historiadores hispanófilos siempre trataron y siguen tratando de presentar la conquista y la Colonia como una magna obra civilizatoria y humanista, minimizando y justificando los crímenes de lesa humanidad de ésta barbarie. Tanto colonizadores, como misioneros e indígenas conversos, no describieron con veracidad el régimen de terror que se les impuso a los anahuacas para tratar de erradicar su religión, que era su propia forma de vida. Y en el presente, los historiadores corporativos al sistema neocolonial, evitan tocar este tema. Sin embargo, encontramos libros como “INQUISICIÓN Y ARQITECTURA – La evangelización y el ex-obispado de Oaxaca” de Víctor Jiménez Muñoz y Rogelio González Medina, en el cual presentan con rigor académico el verdadero régimen de terror impuesto por la iglesia, las autoridades virreinales y los españoles en general durante la Colonia, especialmente en Oaxaca.





“Puesto que estamos frente al genocidio americano, los intentos de negar cualquier responsabilidad de la Inquisición española en el mismo no son sino previsibles, aunque nunca podrían compartirse sin violentar la inteligencia que se debe poner al analizar los numerosos documentos que hablan de esa responsabilidad. Algunas veces por vanidad, otras por disputas intergremiales, los inquisidores no podían evitar exhibir su celo de manera tan explícita que solo un cínico puede negar las evidencias. Relatos de las hazañas de los frailes que aterrorizaban a los mexicanos con espectaculares autos de fe, manuales de inquisidores que recomiendan no excluir a los nativos de las prácticas de la Inquisición, denuncias por invadir las aéreas de competencias del llamado Santo Oficio, correspondencia privada: todo esto ha llegado hasta nuestros. Para mayor infortunio de quienes no descansan limpiando la imagen de la Inquisición, ésta no siempre tenía el interés de negar la responsabilidad de la Iglesia en la política de terror, como ya hemos apuntado, siendo lo contrario.” (p. 56)





Lo que cotidianamente sucedió en el extenso territorio del Virreinato a lo largo de trescientos años no se puede concebir. Un pueblo indefenso, aferrado a lo único que tenían aparte de la vida -su religión-, a manos de fanáticos torturadores, con leyes, autoridades e instituciones que fueron diseñadas, no para su desarrollo y bienestar, sino todo lo contrario. Las leyes, autoridades e instituciones coloniales fueron diseñadas para someter, explotar y nulificar al pueblo invadido.



 
“Además, aunque tampoco debía, El Santo Oficio mismo continuó persiguiendo nativos. Hubo pleitos entre todas estas fracciones inquisitoriales por el “derecho” de perseguir, torturar, y ejecutar a los nativos mexicanos, y no era ninguna excepción que excedieran sus límites jurisdiccionales, de lo que también veremos ejemplos.” (p.58)


 


El régimen de terror implantado con toda impunidad en el Anáhuac, que no solo implicaba el ajusticiamiento público por cremación en los llamados, con eufemismo, “autos de fe”, sino el permanente amedrentamiento de “denuncias”, investigaciones, torturas, cateos, robos y procesos que implicaban además, la humillación pública, el abuso, la violencia judicial que se mantiene hasta nuestros días como práctica cotidiana en la “impartición de justicia”. El objetivo era crear el terror de los anahuacas, no solo para que dejaran de practicar su ancestral religión, sino el de ser evidenciados como miembros de una cultura que estaba prohibida. Este efecto llega hasta nuestros días cuando algunos indígenas y mestizos tratan a toda costa de dejar de ser lo que son, para incorporase torpemente a la sociedad dominante. Dejan de hablar su lengua, de usar sus prendas, se blanquean la piel y se tiñen el cabello. Fray Francisco de Burgoa (1606-1681) el historiador colonial de Oaxaca habla de “la domesticación” de los nativos.


 


“Burgoa dejó para la posteridad las terribles descripciones del exterminio de la población oaxaqueña a causa de la despiadada destrucción de sus ciudades y pueblos como parte de la política de las ´congregaciones´ en Oaxaca, verdadero genocidio en el que el clero tuvo una responsabilidad directa bajo la justificación de la ´evangelización´ (sin excluir los intereses económicos de todos los pobladores y explotadores españoles). Es notable que Burgoa combata la idea las epidemias habrían sido la causa de la catástrofe demográfica de Oaxaca, para atribuir ésta a la política de las congregaciones (a la que llama ´la mayor epidemia´) y la minería, que también veremos aquí:” (p.116)




En la Historia Oficial criolla de México, no se habla de las atrocidades y crímenes de lesa humanidad que realizaron sistemáticamente los españoles y sus instituciones coloniales. Por el contrario, se exalta la “mansedumbre” del aborigen que en un estado salvaje se deslumbró con la “verdadera religión” y la “cultura superior” de los españoles. Se describen a los piadosos misioneros, frailes y sacerdotes que “domesticaron” a estos salvajes enseñándoles no solo la palabra del Dios verdadero, sino a vestir, hablar, trabajar y tener conductas sociales, familiares y personales de “gente de razón”. Famosas son las historias de “todo lo que estos santos hombres les enseñaron a los nativos”. Cuando se habla del periodo colonial se mencionan con orgullo los templos y conventos, las ciudades coloniales, las minas, como una proeza hispánica y pocos recaen en que quienes hicieron esos maravillosos edificios, templos y casas, y quienes extrajeron de las minas los miles de toneladas de metales precisos fueron los anahuacas a un precio enorme que los llevó casi a la extinción.




“Los oaxaqueños mismos intentaron su propia defensa y quedan testimonios de ello en el Archivo General de la Nación, como algunos documentos relativos a la solicitud de que fueran contenidas las exigencias de los mineros, limitando en Huautla el número de pobladores que debían ser llevados a las minas, o para que pudieran cambiar en Tlacochahuaya el tipo de servicios a que estaban obligados, o para defender en Chichicapa (caso que acabamos de ver a través de Burgoa) de los abusos de los mineros y para ser excluidos del repartimiento por el descenso de la población. Pero igualmente existen las solicitudes de los mineros, como en Titicuipac, para que se puedan llevar a las minas a los habitantes de Mitla, Tlacolula, Teotitlán, Tlalixtac, Tlahuiyaya (¿Tlacochahuaya?), Ayotepec, Teozopotlán, Cuilapan y Ocotlán.” (p.124)




Como se ve, en principio el terror se imponía por la búsqueda de erradicar las “idolatrías satánicas de los naturales”, pero venía con ella, el afán de la explotación hasta la extinción de la gente y la depredación sin medida de sus recursos naturales. Pero en conjunto el meta objetivo del régimen de terror era el exterminio de la civilización del Anáhuac. En efecto, el Sistema Colonial pretendió crear “La Nueva España”, y por supuesto que en “ese proyecto” no estaban considerados los anahuacas y mucho menos su cultura ancestral.




“>Betanzos no solo se opuso a la educación de los indios; por lo visto, creía que estaban condenados a la extinción. En carta fechada el 11 de septiembre de 1545, propuso, después de una experiencia de casi treinta años entre los indios, que todas las leyes promulgadas en el supuesto de que los indios seguirían existiendo “eran peligrosas, equivocadas y destructoras de todo el bien de la república”, y resultaban sabias y buenas si se promulgaban bajo la suposición de que los indios deberían desaparecer en muy poco tiempo.<” (p.143)



Y en el Estado criollo neocolonial llamado México, se ha mantenido la misma dinámica. Desde 1521 hasta nuestros días, por diferentes medios, violentos o subliminales, institucionales o privados, legales o ilegales, religiosos o profanos, se ha tratado de erradicar la Civilización del Anáhuac al amputarle al pueblo invadido: la memoria histórica, sus lenguas originarias, sus conocimientos ancestrales, sus espacios físicos y sagrados, y el fundamento de su existencia, la espiritualidad. Al perder estos cinco Elementos Culturales el pueblo se vuelve amnésico, manso, indiferente y se puede hacer con él, lo que se quiera. Solo así se explica las atrocidades cometidas en estos cinco siglos en el Anáhuac.




“Burgo se refirió, y lo hemos citado, a la nostalgia por sus propios Dioses que expresaban los zapotecos de Nexapa al comprobar la indiferencia del Dios de los españoles frente a las crueldades que debía padecer, y asombra que a pesar de una persecución religiosa tan encarnizada todavía a finales del siglo XVII el calificador del Santo Oficio de la Inquisición y obispo de Oaxaca Isidro Sariñana considerase necesario edificar, como hemos visto, una cárcel para sacerdotes no católicos en Oaxaca, con una clara idea de la importancia, para la implantación del régimen colonial, de suprimir todo rastro de la cultura de los pueblos sometidos, operación tan cruel y devastadora como el genocidio mismo que significaron las congregaciones y los trabajos forzados en las encomiendas, los repartimientos y las minas. Sariñana usa la expresión `borrar la memoria `como objetivo central de la operación de aniquilamiento cultural de los oaxaqueños.” (p.134)




Ante las pruebas contundentes que nos presentan Víctor Jiménez Muñoz y Rogelio González Medina en su investigación sobre la evangelización en la Nueva España, no podemos más que dimensionar el holocausto humano y cultural que representó la maquinaria colonial para extirpar, no solo la religión, lo cual con la obra “INQUISICIÓN Y ARQITECTURA – La evangelización y el ex-obispado de Oaxaca”, queda perfectamente claro, sino que entiende que el pretexto fue la religión y el objetivo real es y ha sido la perdida de la memoria histórica a partir del TERROR. En efecto, la política hacia los pueblos y culturas anahuacas es y ha sido la pedagogía del TERROR.



 

La forma en que lograron hacer las transformaciones culturales y religiosas en los pueblos y culturas anahuacas ha sido a través de un sistemático y permanente terrorismo de Estado, tanto de los gobiernos coloniales como los neocoloniales en estos casi cinco siglos. Sea a través de los autos de fe, las matanzas, la esterilización, la violencia policiaca, militar y paramilitar o la indiferencia gubernamental, que alienta y protege el abuso, la explotación y depredación de las comunidades y sus recursos naturales.


 


Y sin embargo, pese a esta inimaginable brutalidad, sigue viva la raíz filosófica cultural de la Toltecáyotl en la mayor parte de los habitantes de este país, de manera consciente o en el “banco genético de información cultural; ya sean anahuacas autóctonos, anahuacas mestizos y hasta los mismos anahuacas europeos que, después de vivir años en medio de esta civilización se han visto “transformados” por la fuerza de sus culturas.




La pérdida de la religión ancestral del Anáhuac en los actuales “mexicanos”, no necesariamente significa su total destrucción y definitiva desaparición. Se ve en el sincretismo religioso y se siente en sus tradiciones, fiestas, usos y costumbres, la raíz esencial de la espiritualidad primigenia. De la misma forma la “mexicanización” de los anahuacas y la supuesta modernización se percibe apenas como un leve barniz superficial. A pesar de los pesares el terrorismo religioso y cultural impuesto por los colonizadores fracasó por la fuerza y vitalidad de la civilización ancestral.







                            San Jerónimo Yahuiche.

                          29 de septiembre de 2011.

lunes, 26 de septiembre de 2011

MEXICA-NO…ANAHUACA SÍ



¿Quién le puso a este país “MÉXICO”? ¿De dónde viene el término? ¿Somos en verdad mexicas todos? ¿Existe un nombre antiguo de esta región cultural del mundo? ¿Sabemos que somos los hijos de los hijos de una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del mundo? ¿Por qué tanta ignorancia de un asunto tan esencial como el saber quiénes en verdad somos, o ese es el objetivo, ser un pueblo amnésico?, y si fuera así, ¿cuál es la razón?



En general, las personas aceptamos todo sin analizarlo. La “Historia oficial” es la biografía autorizada del Estado. Los gobiernos criollos (liberales y conservadores, priístas y panistas) inventaron “sus país” en 1821 al derrotar y posteriormente expulsar a los gachupines del territorio del Virreinato de la Nueva España. En la construcción de “su país” han tenido tres grandes errores: La exclusión, la lucha fratricida y la explotación.


Primero, excluir a la mayoría de ciudadanos que son y han sido de de origen “indígena”, producto de la civilización del Anáhuac. Es decir, en su modelo de país, no se contempla la civilización invadida que seguirá en calidad de vencida en un sistema neocolonial. Segundo, enfrentarse en una lucha fratricida con dos modelos de país, totalmente antagónicos y excluyentes. Tercero, que su modelo económico desde 1821, se sustenta a partir de la llegada de capitales extranjeros para impulsar el enriquecimiento de sus familias y grupos de poder, sin que los criollos trabajen y arriesguen. La propuesta es que ellos, con el poder, entregan a los capitales extranjeros una mano de obra casi en calidad de esclavitud con los mínimos derechos, y con todos los recursos naturales para su impune depredación. Todo esto a cambio de recibir ilegales ganancias a través de la corrupción o la simulación de sociedades anónimas.



Esta es la realidad de “este país de criollos” desde 1821 a nuestros días. Y esta es la razón por la cual se ha hecho todo lo posible por mantener a la mayoría de los ciudadanos en la ignorancia de sí mismos. Esta “inconsciencia inducida” que se traduce en amnesia colectiva, permite que se practiquen toda clase de abusos e injusticias con el pueblo y la Nación, sin que la gente se sienta afectada. Los “conservadores-panistas”, que se han caracterizado por ser la parte más oscura y torpe de la ideología criolla, en los dos últimos gobiernos federales han quitado de la Educación Pública la historia antigua: Fox de la primaria y Calderón de la secundaria, no solo la historia antigua, también, las humanidades que nos forman como seres conscientes de nosotros y nuestro entorno y no solo consumidores y productores para alimentar la economía de mercado.



En síntesis, por miles de años nuestros antepasados crearon una de las más importantes civilizaciones del la humanidad (tan antigua y valiosa como China e India), pero desde hace cinco siglos ha sido total y brutalmente excluida la civilización del Anáhuac, por un puñado de vivales que ha cambiado las milenarias leyes, autoridades e instituciones para beneficio, de; primero, de la corona española y, después, para beneficio de los criollos neocoloniales y sus socios extranjeros. La principal arma para hacer este despojo es quitarle al pueblo invadido-explotado su memoria histórica, porque, como personas, familias y pueblos, somos lo que recordamos…y sí no recordamos nada…no somos nada y pueden hacer todo lo que quieran. Por esto es importante reflexionar y debatir sobre este punto. Los orígenes estructurales de los males de la Nación son de amnesia histórica y falta de identidad. Lo demás, son sus consecuencias. La realidad es que seguimos viviendo en un sistema colonial hipócritamente disfrazado de democracia representativa.



Pero vayamos a la “verdadera historia” y desmantelemos las mentiras coloniales. En el siglo XVIII el primer historiador criollo, Francisco Javier Clavijero (1731-1787) en su libro HISTORIA ANTIGUA DE MÉXICO escribe reiteradamente que el nombre de las tierras donde se instauró el Virreinato de la Nueva España, se llamaba ANÁHUAC. Citas: “LIBRO I 1. DIVISIÓN DE LA TIERRA DE ANÁHUAC. El nombre de Anáhuac que según su etimología se dio al principio a sólo el Valle de México, por estar situadas sus principales poblaciones en la ribera de los lagos, se extendió después a casi todo el espacio de tierra que hoy es conocida con el nombre de Nueva España.”, “6. CLIMA DE ANÁHUAC. El clima de las tierras de Anáhuac es variable según su situación.”, “12. Yo no pretendo corregir todos sus errores, ni ilustrar la historia natural de aquél reino, sino solamente dar alguna idea a mis lectores de los cuadrúpedos, las aves, los reptiles, los peces y los insectos que sustenta la tierra y el agua de Anáhuac.”. “LIBRO II 1. LOS TOLTECAS. La historia de la primitiva población de Anáhuac es tan oscura y está alterada con tantas fábulas…, del método de contar los años de que usaron los mexicanos y demás naciones cultas de Anáhuac;” (note como aquí, Clavijero les llama a los mexicas: mexicanos). “LIBRO VI 25. EDAD, SIGLO Y AÑO MEXICANO. …Distinguían los mexicanos, los acolhuás y demás naciones de Anáhuac, cuatro diferentes edades del mundo…”. LIBRO VII 23 ARMAS DE LOS MEXICANOS. Las armas defensivas y ofensivas de que usaban los mexicanos y demás naciones de Anáhuac,…”. Seguir citando a Clavijero para una mente analítica es ocioso. Para el primer historiador criollo resulta claro que esta tierra antes de la invasión era conocida por “Anáhuac” y que los “mexicanos” son una de las tantas naciones que aquí vivían.



Pero también el primer “investigador” español que escribió HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA, el francisano Bernardino de Sahagún (1499-1590), quien llegó a éste continente en 1529 para realizar una investigación de la cultura y religión de los pueblos invadidos, no para enaltecerla, sino para poder destruirla con mayor efectividad por la iglesia católica, como lo señala el historiador José Luís Guerrero, en su libro “Flor y canto, en el nacimiento de México” (1990). Sahagún escribe en el “LIBRO IV. DE LO QUE HACIAN EN LLEGANDO A DONDE IBAN. 2.- Entraban en la provincia de Anáhuac no todos, sino aquellos que iban de parte del señor de México, con quien estaban aliados y confederados,”.



El arqueólogo Román Piña Chan (1929-2001), en su libro HISTORIA, ARQUEOLOGÍA Y ARTE PREHISPÁNICO (1972) Cita nuevamente a Sahágun en el Códice Florentino y señala, “De estos cuenta que fueron en pos de los toltecas cundo salieron de Tullan, y se fueron hacia el oriente, llevando consigo las pinturas de sus hechicerías; y que llegando al puerto se quedaron allí, y no pudieron pasar por la mar, y de ellos descienden los que al presente se llaman Anahuaca Mixteca…” (p.51).



Solo basta hacer una lectura “descolonizada” de las llamadas “fuentes” para saber que lo que hoy llamamos equivocadamente México se conocía como Anáhuac. Fray Toribio de Benavente (¿1482-1569?) en su HISTORIA DE LOS INDIOS DE LA NUEVA ESPAÑA escribe: CAPÍTULO I. 39 “Vinieron con grandes gracias y perdones de nuestro Santo Padre, y con especial mandamiento de la sacra Majestad del Emperador nuestro señor, para la conversión de los indios naturales de esta tierra de Anáhuac, ahora llamada Nueva España.” “CAPÍTULO V. 75 Diversas naciones, diversos modos y maneras tuvieron en la cuenta del año, y así fue en esta tierra de Anáhuac,”. “CAPÍTULO XII. 121 La manera de los templos de esta tierra de Anáhuac, o Nueva España,”. “Carta de Fray Toribio de Benabente al emperador Carlos V, enero 2 de 1555. 2 …éstos comenzaron a edificar casas y a cultivar la tierra y a la desmontar, y como éstos se fuesen multiplicando y fuesen gente de más habilidad y de más capacidad que los primeros habitadores, poco a poco se fueron enseñoreando de estas tierras, que su propio nombre es Anáhuac.”



Es más que claro entonces que estas tierras antes de la invasión europea eran nombradas “Anáhuac” y los pueblos que en ellas vivían era “anahuacas”. Entonces, por qué el nombre de México. El mismo José María Morelos y Pavón, en medio del estallido social en 1813 en contra de los españoles, convoca en Chilpancingo al “Primer Congreso del Anáhuac” para dar a conocer “Los Sentimientos de la Nación”. En efecto, en 1813 todavía no eran muy claro los objetivos y alcances que podía llegar a tener el estallido social en contra de los gachupines, pues en ese momento Francia tenía invadida a España. Por ello Morelos convoca al congreso, al que nombra -“del Anáhuac”-, en honor al nombre original de esta tierra.



La palabra México en lengua náhuatl quiere decir, “en el centro del lago de la luna”. Uno de los tantos pueblos nahuas que llegaron al Altiplano Central fueron los mexicas, y al fundar su capital en un pequeño islote del lago le llamaron México-Tenochtitlán. Una de las versiones más aceptables del nombre de Tenochtitlán es que es la tierra del sacerdote que los guió en la peregrinación del Norte hacia el Sur, llamado Tenoch. El propio Motolinia apunta en su obra que el nombre que tenía el último pueblo en llegar al Valle del Anáhuac era “mexitli” y que se auto nombraban “mexitis, y que a su fundación le llamaron “Timixtitlan” con dos barrios: México y Tlatelulco. Sea como fuere, los mexicas fueron los últimos que llegaron al Valle del Anáhuac y son la cultura decadente del periodo Postclásico con una duración de apenas 196 años, de 1325 a 1521, de los cuales, solo tuvieron un relativo poder de 1440 a 1521, es decir, solo 81 años. Se debe señalar que los mexicas no llegaron en el periodo del esplendor del Anáhuac entre el 200 a.C. y el 850 d.C. Sin embargo, la historia oficial criolla, los pone como un “imperio super poderoso y dominador de todo el Anáhuac, al cual 850 españoles lograron vencer. Las dos ideas totalmente falsas.



El nombre de México se lo pusieron indebidamente los criollos en la fundación de “su país”, con la pretensión de deslindarse de España. La mítica de historiadores criollos como Clavijero, era darle al criollismo un estatus de pertenencia a esta tierra. Durante la Colonia, se entendía como -original de esta tierra- lo “criollo”, de dónde viene los términos de “maíz criollo y gallina criolla”, frente a lo castellano o de castilla, como “nuez de castilla, o rosa de castilla”. Los criollos defendían la idea de “los heroicos conquistadores”, frente a la llegada de los burócratas de la corona que los desplazaron.



El proyecto colonial y neocolonial está sustentado en que los invadidos-colonizados-explotados de ayer y de hoy, pierdan total y absolutamente la memoria y con ello la consciencia. Esta es la razón por la cual indebidamente se llama “historia prehispánica, precolombina, precortesiana a la milenaria historia del Anáhuac. Y a la civilización no se le reconoce como “del Anáhuac”, por ello colonizadamente se llama Mesoamérica, México antiguo o azteca.



Por qué no nombrar a este país con su verdadero y milenario nombre? Porque significaría que como pueblo hemos recuperado la memoria histórica y ha finalizado nuestra amnesia. Porque significaría que hemos recobrado la dignidad, la justicia y la fraternidad, y que por consiguiente es posible el final de la colonización, la explotación y la injusticia. Porque significaría que el grupo reducido de familias y pequeños grupos de poder que viven a expensas de la pobreza de las mayorías, ha dado paso al restablecimiento del bien común sobre el interés privado y a la democracia participativa. Porque significaría el final de la ideología criolla que impide el bienestar, desarrollo y reparto de la riqueza y las oportunidades.



Renombrarlo sería el símbolo de que por fin, construimos un país sin racismo y clasismo, basado en la sabiduría ancestral, producto de la experiencia de Desarrollo Humano de nuestra antigua civilización. Por ello el título de este artículo: “mexica-no…anahuaca si”.


Significaría retomar la ruta propia de una manera similar a la forma en que lo han hecho otros países como China e India, consolidando verdaderamente el mestizaje, con lo mejor y más valioso de la civilización del Anáhuac, de Europa, Asia y África; porque estas culturas han estado presentes en nuestra formación, como en casi todos los países del mundo.



              El futuro de nuestro pueblo es su milenario pasado.

                         Visite: http://www.toltecayotl.org/



lunes, 19 de septiembre de 2011

LA IGNORANCIA DE NOSOTROS MISMOS



Los millones de personas que viven en lo que hoy se conoce como “México”, en general, tienen una noción muy vaga y pobre, o muchas veces nula de sus orígenes y evolución como pueblo, culturas y civilización.


 
Este fenómeno es sumamente grave y perjudicial para conformar lo que es la Identidad Cultural, la Identidad Nacional y la conciencia de la Nación. Así como es el principal elemento que permite la injusticia, la enajenación y la explotación. Esta falta de consciencia ha sido producida a propósito como parte de la colonización, primero de los españoles (1521-1821) y después de los criollos (1821-2011).




Mantener a una persona, una familia o a un pueblo ignorante de sí mismo, es mantenerlo en la indefensión absoluta, en la inseguridad y temor permanente, en la auto anulación y desprecio de lo que se es, contra lo que se le ha impuesto ser. Al no saber quién es, cuáles son sus orígenes, su historia, su legado, su nombre, sus valores y principios, se le condena a perpetuidad a vivir en un estado amnésico, a ser “un extranjero ignorante en su propia tierra”, permanentemente exaltando lo ajeno y rabiosamente despreciando lo propio. Conocedor de Europa e ignorante del Anáhuac.



Un ignorante que se menosprecia y se desprecia. Inseguro y violento, blofero y acomplejado, irascible y nervioso, débil y despiadado, el mexicano “ideológicamente criollo” es un ser humano incompleto. Desde hace cinco siglos le hace falta “su otra parte”. La negada, la desconocida, la despreciada. Vive como bastardo en la cultura del “Padre” (Occidente) y vive como “hijo de la chingada” despreciado la cultura Madre (Anáhuac).


 
Son así todos los mexicanos, por supuesto que no. Existen muchos “Méxicos” diferentes y muchos estereotipos de “mexicanos”. Pero generalizando para acercarnos a éste misterio diremos que existe un “México profundo” de estirpe anahuaca (del que nos habla Bonfil Batalla), que no tiene dudas de su identidad. Y un “México imaginario” de estirpe europea, que también, no tiene dudas de su identidad. Pero existe un “tercer México”, el que está entre “el azul y las buenas noches”, del de “sí, pero no”. Me refiero a la inmensa masa de mestizos desculturizados. Esos que no son urbanos ni campesinos. Los que no han llegado a apropiarse de la cultura ajena y han perdido la propia. Los mexicanos que transitan torpemente a tropezones y caídas en “el laberinto de la desolación”.



Los que son del “México imaginario” y poseen el poder, el dinero, los medios y la cultura dominante, no tienen problemas de identidad, porque su “abuelito era español” y se sienten cimentados culturalmente por “la Madre Patria” (Europa). Para ellos, México inicia en 1821 con la Independencia; la Colonia, la conquista y la época “prehispánica” (siete mil ochocientos años desde la invención de la agricultura hasta 1821), son intrascendentes antecedentes de “su país” (de menos de 200 años). Para ellos, México es producto del “encuentro de dos culturas” y gracias a la llegada de sus “antepasados” europeos, “las tribus” encabezadas por el “poderoso Imperio Azteca”, dejaron de hacer sacrificios humanos, guerras y adoraciones idolátricas. Aceptan el mestizaje, pero inconscientemente su “mezcla es mucho más europea”.



Los mexicanos del “México profundo”, los llamados “indios o indígenas”, en muchos de los casos no se sienten “mexicanos”. Ellos se identifican a sí mismos como mayas, zapotecos, mixtecos, purépechas, etc. Ellos poseen “el costumbre”, que por cierto, cada día es más difícil de seguir debido a la pobreza, la migración y la intensa desculturización que ejerce sobre ellos las clases dominantes a través de la multimedia. Actualmente están siendo asediados por las empresas trasnacionales y las corruptas y traidoras autoridades gubernamentales de los tres niveles, que los quieren despojar de sus recursos naturales y el medio más eficaz es la destrucción de sus culturas ancestrales que son comunitarias y sustentadas en la democracia participativa, es decir, “La Asamblea” y su sistema de organización conocido como “los usos y costumbres”, es decir, que la autoridad “manda obedeciendo” al pueblo.



En tercer lugar tenemos a la inmensa masa de mestizos desculturizados. Los hijos del “canal de las barras y las estrellas”, los “modernos”, los sumisos consumidores de productos chatarra, las legiones de desempleados y subempleados, la carne de cañón del sistema neocolonial. Los que están huyendo de la cultura Madre y nunca pueden alcanzar el estatus, -aunque sea-, de “gringo de tercera”. Los que se aplican cremas blanqueadoras y tintes de cabello para verse “blancos y rubios” y le ponen nombres en inglés a sus hijos. Los analfabetos funcionales, los “licenciados” sin título, los consumidores a crédito, los fanáticos del deporte comercial, los fans de las estrellas de la farándula, los patrioteros. Como gritaron “las ladies de Polanco”, desde lo más profundo de su racismo y desprecio colonial… ¡los asalariados de mierda!



Este país que llamamos equivocadamente México, porque no todos somos mexicas. Este país que desconoce ser una de las seis civilizaciones más antiguas del planeta. Este país que durante tres siglos quiso ser más español que España, y después más francés que Francia y ahora más gringo que Estados Unidos. Este país que desconoce los más grandes logros civilizatorios de sus antepasados y desprecia la raíz cultural de su identidad más profunda. Este país que desde 1521, el poder, las instituciones, las autoridades y las leyes no le pertenecen al pueblo y están en manos de corsarios, que llegan a apoderarse ilegalmente del gobierno para robar, explotar y depredar al pueblo y sus recursos naturales. Desde Cortés hasta Calderón. Este país que jamás ha sido nuestro.



Este país, que con su gente y sus recursos naturales, está ofrecido permanentemente al mejor postor. Este país de gente despreciada y maltratada a lo largo de cinco siglos. Este país de feroces colonizados-colonizadores. Despiadados con el hermano y sumisos ante el extranjero.



Este país se tiene que encontrar a sí mismo. Este país tiene que buscar el espejo humeante de Tezcatlipoca para reconocer su auténtico rostro y su corazón verdadero. Este país tiene que librar una guerra interior para desprender al “Hernán Cortés”, que en cada “mexicano”, se ha ido filtrado en lo profundo de su corazón, y que con “un poquito de poder” brota violento y resentido contra el hermano más débil o indefenso para vengar las afrentas sufridas durante cinco siglos de dolor e injusticia.



La Batalla Florida de los herederos culturales de los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas, debe ser contra LA IGNORANCIA DE NOSOTROS MISMOS. Tenemos que recuperar la memoria y con ello nuestro genuino rostro y nuestro corazón verdadero. Tenemos que vencer la amnesia en que hemos sido sometidos. Necesitamos saber, -con urgencia-, quiénes en verdad hemos sido, para saber quiénes somos. Qué fue lo que verdaderamente fuimos capaces de hacer, para saber qué debemos hacer. Cuál es nuestra verdadera herencia cultural y cuál nuestro legado, para preservarlo y desarrollarlo. Tenemos que recuperar nuestro pasado, para poder tener futuro “propio nuestro”.



Todos debemos luchar en el fondo de nuestro corazón por liberarnos de la ignorancia. Los anahuacas mayas, los anahuacas zapotecos, los anahuacas mixtecos, los anahuacas nahuas y todos los anahuacas de los pueblos originarios, junto con todos los anahuacas mestizos y los euroanahuacas. Todos los que aman la vida y respetan a la naturaleza. Toda la gente que quiere crear una sociedad más justa y humana. Todos los que quieren acabar una sociedad colonial de vencedores y vencidos. Todos los que están dispuestos a trabajar, luchar y sacrificarse por crear un futuro mejor para las nuevas generaciones. Todos los que aman a esta Tierra y su milenaria civilización.