lunes, 11 de agosto de 2014

EL FUTURO DE LA HUMANIDAD ES SU PASADO



La debilidad del ser humano “moderno” es que ha perdido el sentido trascendente de la vida. La conciencia de lo sagrado y la sacralidad de la vida en la comprensión más amplia de VIDA se ha casi extinguido. Desde, la suya propia hasta, la de una hormiga, pasando por la de la Madre Tierra o nuestro Padre el Sol.



Esta “pérdida” no es casual o fortuita, ha sido inducida por los seres más perversos y oscuros que viven entre nosotros desde el inicio de los tiempos, por ahora los llamaremos, “mercaderes”, pero son los que históricamente han adorado “al becerro de oro”, y han luchado por imponer el Mercado sobre el Estado, esclavizando a los humanos y explotando a la Naturaleza.



Así como es la Luz es también la oscuridad, como Quetzalcóatl y Huitzilopochtli, como la generosidad y la usura. De esta manera, los expertos en ciencias sociales, especialmente “la corriente crítica del pensamiento latinoamericano”, para “entender lo que nos está sucediendo”, dividen en tres partes la historia de la humanidad.



Desde el inicio de la agricultura en las márgenes de los ríos Nilo, Tigris y Éufrates, hasta la invasión europea al continente llamado milenariamente en lengua náhuatl Ixachillan y que los europeos bautizaron como América (8000 a.C. a 1492 d.C.) a este largo tiempo le llaman “Mundo Antiguo”.



La segunda parte va, desde el inicio de la invasión europea hasta finales de la década de los años noventa, a cual le llamaron “Mundo Modero” o modernidad. 



Pero afínales de esta década, se dieron cuenta que el prometido bienestar de la humanidad que pretendió la modernidad, termina con un estremecedor fracaso que está llevando al ser humano y al planeta a su misma extinción. 



En efecto, el Mundo Antiguo, basaba su propuesta civilizatoria, -de realización humana,- en la trascendencia espiritual de la existencia. Egipto, Mesopotamia, India, China, la Zona Andina y el Cem Anáhuac, sustentaron su “desarrollo humano” en la búsqueda de traspasar los efímeros linderos de la existencia material.



Por el contrario, la civilización más joven ha sustentado su propuesta de desarrollo humano en el plano material de la existencia, por lo que el comercio y la guerra fue (y sigue siendo) la base de su desarrollo económico y potencial hegemónico global. 



La adoración “al becerro de oro” se ha llevado a sangre y fuego, por medio de sus galeones, cañoneras y portaviones a todos los rincones del mundo, desde 1492 hasta nuestros días.



Pero en los últimas décadas, gracias a los avances tecnológicos en las comunicaciones, los “mercaderes” han logrado penetrar y dominar, no solo la mente de los humanos, sino fundamentalmente su corazón. 



La televisión, la radio, la Internet y las nuevas tecnologías, han destruido, casi por competo el sentido sagrado y divino de la existencia de los seres humanos “modernos”.



A partir de destruir sus milenarias tradiciones, fiestas, usos, costumbres, espiritualidad, fraternidad, solidaridad, e imponer de manera brutal o subliminal, nuevos valores, principios, significados, actitudes, no solo en su mente, sino esencialmente en su almas. 



Esto se ve reflejado en “la vida moderna”, es decir, el consumismo, individualismo, competitividad, pragmatismo, violencia e insensibilidad social, así como irresponsabilidad ambiental. 



Lo que ha dado como resultado un mundo moderno, violento, injusto, contaminado, corrupto, estresante, desolado e inhumano.   



El fracaso de “la Modernidad” es hoy, -por desgracia-, una atroz realidad que condena a nuestros hijos a la pérdida de “este mundo”, como hoy lo conocemos, para sus hijos. 



Re-incidiendo, los pensadores que defienden el culto al “becerro de oro” y a la modernidad, ante lo que han llamado “el fin de la historia”, ahora proponen otra supuesta etapa de la humanidad a la que llaman “Postmodernidad”, pero a final de cuentas es “la misma gata, solo que revolcada”.



Se requiere cambiar totalmente y de raíz, los valores y principios necrófilos de la vida que han impuesto, los mercaderes. 



Se requiera “conocer, revisar y analizar”, de manera descolonizada y eurocéntrica, los valores y principios de vida de los pueblos antiguos de todo el planeta, para reconocer los valores y principios ancestrales... 



...que han podido sobrevivir a este epistemicidio en los últimos cinco siglos de “eurocentrismo-capitalismo-culto al becerro de oro”, y con ellos, construir una propuesta para retomar el camino de la humanidad, dejando atrás los últimos siglos de oscuridad, maldad y deshumanización.



Debemos de analizar QUÉ ES LO ESENCIAL Y TRASCENDENTE EN LA VIDA, dejando atrás la visión únicamente material de la vida, el enriquecimiento y consumismo. 



Volver a invertir el menor tiempo y energía en satisfacer las necesidades básicas de subsistencia y dedicar el mayor tiempo y energía a la búsqueda de la trascendencia espiritual de la existencia.



Nuestros Viejos Abuelos a esto le llamaron Toltecáyotl, entendida como “el arte de vivir en equilibrio” y a quienes lo practicaban los llamaban TOLTECAS.



La corriente de pensamiento crítico latinoamericano en ciencias sociales, a esta nueva búsqueda, basada en la sabiduría ancestral le llama TRANSMODERNIDAD.





Viste www.toltecayotl.org


 



jueves, 31 de julio de 2014

LA ARQUEOLOGIA Y LA HISTORIA INSTITUCIONAL




Las investigaciones y estudios que se hacen en México sobre la Civilización del Anáhuac, a la que “la ideología criolla” presume de desaparecida y que llama colonizadamente “prehispánica”, con muy escasas y honrosas excepciones, no ha contribuido al fortalecimiento de la Identidad Cultural y el acrecentamiento de la auto estima, de los mal llamados mexicanos, dado que no todos los habitantes de este país son mexicas.


Una de las razones es que el Estado Mexicano ha excluido totalmente a los pueblos y culturas anahuacas en la construcción y desarrollo de este país. Otra es que siendo una sociedad extremadamente racista y clasista, desde 1521 en la Colonia y a partir de 1821 en el periodo “Independiente”, los pueblos originarios y sus culturas representan, además de un lastre para el desarrollo y una vergüenza para la creación de modelos culturales venidos sistemáticamente del exterior, representan el último peldaño en la escala social.



La investigación de las culturas ancestrales y sus vestigios materiales, en general, ha estado en manos de investigadores, universidades, museos y gobiernos de otros países, en el siglo XIX de Europa y a partir de la segunda mitad del siglo XX de Estados Unidos. 



Los mexicanos educados académicamente en instituciones de nivel superior, en sus aulas no se les enseñó a conocer y valorar esta riqueza humana. En China y en India es al contrario, es su base y su inspiración. 



Nuestros profesionistas, en el mejor de los casos y de manera superficial, se adscriben a la “cultura grecolatina”, pero en su Cultura Madre, son extranjeros ignorantes en su propia tierra.


La colonización mental, cultural y espiritual que hemos sufrido los ahora llamados mexicanos es de proporciones terroríficas.



Se nos ha borrado totalmente del consciente la “memoria histórica”. Sorprende que una de las civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del planeta (como China o India), la que llegó a alcanzar el más alto grado de desarrollo humano, sus actuales descendientes, no conozcan su pasado y sobre todo, que no se reconozcan en ese pasado y menos como herederos directos de él, que no exista ningún aparente vínculo. 



Que crean que la civilización Madre ya no existe y que desapareció el 13 de agosto de 1521. Que ellos, especialmente el 80% de la población que es mestiza, sienta su endeble identidad en una país o una cultura extranjera. Y que niegue lo que es más que evidente, que son hijos de los hijos de los Viejos Abuelos del Cem Anáhuac. 



Porque, el “ser mestizo” no cancela ni borra la herencia ancestral –tangible e intangible- de la Cultura Madre, por el contrario, el mestizaje se sostiene y la afirma totalmente en ella. 



El “mexicano” genética y culturalmente en su mestizaje, está mucho más cerca de la civilización del Anáhuac, que de las culturas de España, Francia o Estados Unidos. Pero por la colonización mental, espiritual y cultural, lo niega y se siente estigmatizado por tener elementos culturales autóctonos. 



Es más, es un insulto decirle a un mexicano que es “indio, prieto, naco, etc.” No se da cuenta que lo que lo sostiene, le ayuda y le da fuerza y sabiduría para vivir, es justamente lo que tanto desprecia y rechaza. 



El mestizo y el criollo son dos huérfanos. El primero rechaza a su Madre Cultura y el segundo, es rechazado por la cultura a la que él cree pertenecer, pues para el caso de España, el criollo que presume de ser “español” en México, en España se dice mexicano y los españoles lo llaman “indiano” y no lo aceptan como propio, justamente porque la civilización del Anáhuac lo ha transformado. El criollo es el verdadero personaje del “Laberinto de la Soledad” de Paz, ni de aquí ni de allá.



Las investigaciones históricas y arqueológicas del Anáhuac están en manos de extranjeros y de sus subordinados y mansos ayudantes mexicanos. Son muy pocos los extranjeros y mexicanos que se oponen a las poderosas mafias de la academia y las instituciones “filantrópicas” colonizadoras. 


Autores como Bonifaz Nuño, Alfredo López Austin, Guillermo Bonfil, Laurrete Séjurné, Víctor Jiménez, Víctor de la Cruz, Carlos Lenkersdorf y Jan de Vos, por citar algunas valientes y dignos investigadores. 



El Instituto Nacional de Antropología e Historia enfoca sus limitadas acciones a la arqueología, que sirve al Estado para usar el pasado ancestral como atractivo turístico. La arqueología, la historia y la reflexión sobre esta riqueza para la construcción y fortalecimiento del “SER NACIONAL”, están totalmente fuera de sus políticas


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El pasado de la civilización del Anáhuac es solo arqueológico-museográfico-turístico-comercial, y esta desvinculado a las tareas de descolonización y del despertar de la consciencia ancestral y la afirmación plena de la identidad.



Las zonas arqueológicas, los muesos, los videos, las revistas están pensados desde una mentalidad colonial, colonizadora, superficial y comercial. En sus textos, cédulas, guiones, boletines de prensa, se mantiene el lenguaje colonizador. 



Se sigue diciendo cínica y des fachadamente: “Prehispánico, precolombino, precortesiano, Mesoamérica, Batalla de la noche triste, “caballeros águila y tigre”, se habla de reyes, reinos y princesas que nunca hubo en el Anáhuac, se machaca y se refuerza la idea de los cuantiosos sacrificios humanos y las innumerables guerras, del “encuentro de dos mundos” y no de una invasión, se mantiene la idea de que con los españoles llegó la civilización, la religión, la escritura, el progreso, etc. 



Se maquillan los crímenes, robos, traiciones de Hernán Cortés y sus secuaces, la conquista religiosa se sigue viendo como una heroica y piadosa epopeya en la que los “naturales mansamente se convirtieron” y no se habla de los crímenes, explotación y abuso de la Iglesia Católica y la Santa Inquisición en contra de los pueblos, sus culturas y su religión milenaria.



El Estado criollo rechaza terca y racistamente la presencia y participación de los pueblos y culturas ancestrales. Se habla de un país “mestizo”, pero ideológicamente el mestizaje se vincula solo a Europa y se regatea la presencia de “nuestra otra parte”. El pueblo mexicano mestizo encuentra la base de su mestizaje en la civilización Madre y no en la de los invasores. 



En efecto, la milenaria cultura del Anáhuac forma los cimientos de nuestra identidad en los espacios ontológicos y filosóficos. En la forma de ver, sentir y entender el mundo, la vida, la muerte, la familia, la amistad, el trabajo, la fiesta, la comunidad y penetra muy profundo en lo sagrado y lo divino. Esta es la verdadera cara de nuestro mestizaje, y no el fenotipo o el color de la piel.


Querer buscar “los cimientos” y el potencial de nuestro mestizaje en las culturas de España, Francia, Italia, es seguir condenados a transitar a tientas y tropezones en el “laberinto de la soledad”, despreciando lo propio y exaltando lo que nunca podremos ser. 



Tanto los europeos como los estadounidenses históricamente nos han rechazado, despreciado y explotado. Los modelos económicos, políticos, sociales, culturales, educativos, etc., son una copia siempre mala y tardía. 



Primero los peninsulares y después los criollos quisieron y han querido hacer de La Nueva España y de México, una realidad mejor que la europea o norteamericana y, como la historia y la realidad nos lo indican, siempre se ha fracasado rotundamente.



Por qué negar lo que somos, por qué excluir nuestra rica y sabia experiencia en el Desarrollo Humano y la organización social, por qué menospreciar los valores y principios ancestrales de nuestros Viejos Abuelos que fueron elaborados a partir de la experiencia de vida a lo largo de siete milenios y medio.



Por qué no los incorporamos, sin excluir a la parte occidental de la que orgullosamente nos hemos apropiado en estos cinco siglos. Por qué los europeos para salir de la Edad Media buscaron inspiración en su pasado grecolatino y por qué nosotros no lo podemos hacer en el pasado del Anáhuac. Por qué China, India y Japón basan su modernidad y desarrollo en su pasado y en sus culturales ancestrales y nosotros no lo podemos hacer.



Por ahora, en México la arqueología y la historia oficial están al servicio de la ideología del Estado criollo y del capital trasnacional. Inexorablemente llegará el tiempo en el que la Historia será liberadora y la arqueología servirá de inspiración para re-construir nuestra milenaria organización social y los valores perenes que ella desarrolló como recursos para mantener por mil años un periodo de esplendor, único en el planeta. 



Lo difícil no es hacerlo…sino IMAGINARLO.


Viste www.toltecayotl.org