lunes, 18 de mayo de 2015

SAN QUINTÍN Y “EL MÉXICO BRONCO”



Cierta mañana al inicio de la década de los años ochenta, desayunaba con Guillermo Bonfil Batalla en los portales y estaba el platón del magisterio. Fue entonces que Guillermo me dijo, que ese movimiento social tendría mucha fuerza porque la mayoría de los profesores oaxaqueños son de origen indígena. El tiempo le dio la razón.

 
Lo mismo ha pasado con el EZLN en Chiapas. En enero de 1994, inmediatamente el sistema acusó a Obispo Ruiz y al Submarcos de “usar a los indígenas” en sus inconfesables planes en contra de México.

Y hasta la fecha, la ideología criolla neocolonial, se resiste a aceptar que existe una “inteligencia indígena”, para ellos: “los indios no piensan”. Hoy se reconoce en Europa al movimiento del EZLN como la inspiración de los movimientos antisistémicos, los indignados, los 99%, etc., y que Marcos es solo es un vocero.

 
Desde 1521 los gachupines y después de 1821 los criollos, que han tenido el poder durante estos cinco siglos, han despreciado y menospreciado la inteligencia y sabiduría milenaria de los pueblos anahuacas (indígenas).

 
Los han usado como carne de cañón y soldados de leva en sus permanentes luchas fratricidas por el poder, los han explotado como trabajadores esclavos para acumular grandes riquezas o son el “voto duro” de los partidos.

Sin embargo, jamás los han reconocido como poseedores de conocimiento y sabiduría milenaria. Para la ideología neocolonial criolla, la Civilización del Anáhuac fueron solo los “aztecas” y la “gran Tenochtitlán” fue destruida con su civilización el 13 de agosto de 1521 y “no queda nada de ella”, más que el Museo del Templo Mayor, para los turistas.


Sin embargo, los grandes movimientos sociales de este país han sido empujados por la sabiduría ancestral que se encuentra en la base más subterránea de su identidad, que está depositada en los llamados pueblos campesinos e indígenas.

Los mestizos, desde esta perspectiva, somos, -como dijo Guillermo Bonfil-, “indios desindianizados”.
 
Que la casta divina de explotadores sean extranjeros y sus descendientes, sean metafóricamente, -Hernán Cortés o Carlos Slim-, no representan la esencia y raíz de un pueblo, que como los chinos o los indios, posee una memoria histórica milenaria y una sabiduría y experiencia humana riquísima en valores y principios.

Que no sea conocida esta riqueza (Toltecáyotl) y que se mantenga inconsciente por medio de la colonización mental y cultural, no quiere decir que no exista.


Esta reflexión viene al caso por los grandes errores que están cometiendo, las autoridades federales y estatales en San Quintín, BC., donde los capitales extranjeros y los empresarios agrícolas han sometido, por décadas, a un régimen de esclavitud y explotación deshumanizada a decenas de miles de trabajadores de muchas partes del país, los más pobres entre los pobres, es decir, los indígenas.

Son inimaginables y vergonzosas las condiciones de trabajo de familias completas, como en la época de la Colonia.

Y todo esto, con la complicidad de los partidos políticos, las autoridades, los medios de comunicación y la sociedad civil, que se hizo de “la vista gorda”, pero finalmente explotó y los trabajadores agrícolas dijeron ¡ya basta!

 
La única respuesta que puede salir de gobernantes ineptos, corruptos y deshumanizados es el desprecio y la represión.
 
Los gobiernos, federal y estatal, se han burlado y menospreciado de la lucha de esta gente, harta y desesperada de vivir bajo la línea de lo humano.
 
Al igual que las tragedias de Ayotzinapa y Tlatlaya han exhibido su torpeza, cinismo y opacidad. No se dan cuenta que están acumulando grandes y constantes errores.
 
Que no se debe menospreciar a los más pobres y humildes, que no pueden pasar sobre sus derechos humanos y destruir el Estado de Derecho sobre ellos.  No se dan cuenta que el país y el mundo han cambiado.


La mayoría de los trabajadores agrícolas de San Quintín son indígenas, en especial oaxaqueños. No son los únicos trabajadores agrícolas explotados en esas condiciones en el país.

Ellos tienen una cultura y experiencia de resistencia de cinco siglos. Se saben organizar bajo sus milenarias costumbres y tienen la fuerza y la conciencia “del nosotros”.

Creemos que el gobierno está “jugando con fuego”, San Quintín no es Chiapas, es todo “el México profundo”, condensado en un pequeño espacio, con mucha injusticia de los ricos y poca inteligencia de las autoridades.
 
No es conveniente despertar “al México bronco”.

 
 
 


 

viernes, 8 de mayo de 2015

DESCOLONIZAR EL MESTIZAJE 3/3

 
VI. La ideología criolla ha neutralizado e impedido que se dé un proceso real, total y profundo de mestizaje, pero sobre todo consciente. Que permita potenciar al pueblo en una síntesis afortunada, solidaria y complementaria. Cómo se puede ser mestizo, si no se conoce y no se ama todas las partes que lo conforma.

 

El mestizaje está sustentado en un proceso dialéctico, en el que un par de opuestos complementarios, forman un tercero, diferente a los dos que lo formaron. Un tercero que por fuerza natural, es mejor que cualquiera de sus dos partes que lo integran, porque al tener lo mejor de cada una, su resultado es superior que cualquiera de sus partes.


 
Al no tener conscientemente, “un rostro propio y un corazón verdadero” por la pérdida de la memoria histórica, queda invisibilizado, amorfo, frágil, buscando en el “otro” a su ser. Despreciando atávicamente lo que es, y tratando torpemente de ser, lo que nunca será. Rechazado y en un ejercicio permanente de desvaloración, auto desprecio y autocompasión.
 
Esta inseguridad generada por la falta de claridad y profundidad de la memoria histórica y la identidad cultural, desarrolla la baja autoestima de los llamados mexicanos, es lo que le permite a sus explotadores de ideología criolla, abusar de él, condenándolo a jugar un doble papel.

 

Por una parte se asume como un sumiso colonizado ante quienes cree que son superiores, pero al mismo tiempo, asume un papel de feroz y despiadado colonizador de quien cree que es inferior. Esta dualidad de “colonizador-colonizado”, le hace asumir una conducta esquizofrénica. Es violento y pasivo, agresivo y timorato, fanfarrón e inseguro.
 

Asumiendo posiciones, modas y costumbres ajenas. Negando y sintiendo vergüenza por su fenotipo, su color y su cultura. Viviendo en un mundo injusto siempre de “vencedores y de vencidos”. Condenado a ser ajeno a sí mismo, vacío, débil y frágil. Apto y maleable para la opresión y la injusticia.
 

“Así nos quieren, así nos necesitan los capitales criollos y transnacionales”.
 
VII.  La esencia de los grandes males de la nación encuentra sus más profundos orígenes en esta cuestión. La génesis del problema es de carácter cultural, de memoria histórica e identidad. Este país, esencialmente sigue siendo una Colonia y en él, opera un poderoso e hipócrita Sistema de Castas excluyente.


 
La injusticia y la explotación son el motor que ha movido al país apenas creado hace menos de dos siglos en un mar de corrupción por su herencia colonial. La “Madre de todas las injusticias y las explotaciones” es la corrupción.
 
 

La corrupción institucionalizada en el sistema político, económico, social y cultural, es la “materia prima” del Estado mexicano. Pero la corrupción cultural, es el centro dinámico que mueve el sistema y hace posible todas las aberraciones.

 

El racismo y el clasismo, son la base de la estructura económica y la distribución de las oportunidades, el trabajo y la riqueza.  


La descolonización del mestizaje exige una acción de soberanía, dignidad y autoafirmación. Se requiere recuperar “la verdadera historia” y hacerla “propia-nuestra”.
 
Realizar un análisis crítico del origen, evolución y manifestaciones diversas del mestizaje, no solamente en el ámbito de lo europeo. Recuperar todo lo que es y ha sido nuestro, por legado cultural o por apropiación. Convertir la historia en instrumento liberador y de fortalecimiento, de reencuentro, de paz interior.
 
Se requiere hacer conciencia y crítica de los lastres y vicios que hemos creado en cinco siglos de colonización y neocolonización. Reconocer y dimensionar el racismo y clasismo acendrado e hipócrita de nuestras relaciones económicas, políticas sociales y culturales.
 

Dejar de actuar y pensar como colonizador, para pensar y actuar en libertad. No podemos salir del calabozo de la colonización “con las ideas y actitudes del carcelero”.
 
Necesitamos descolonizar la educación y dejar de educarnos como europeos en el tercer mundo o norteamericanos de tercera.
 
 

Requerimos recuperar y revalorar “los saberes comunitarios ancestrales” y la confianza en nosotros mismos.


Crear nuestra propia episteme, tomando como base la milenaria sabiduría de la civilización Madre, que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días, para combinarla con la sabiduría, ciencia y tecnología que hoy poseemos, y seleccionar las de otras culturas y naciones que más nos convengan para nuestro propio proyecto de nación.
 
Pensar desde nosotros y para nosotros, ver y escuchar con nuestros propios ojos y oídos, recuperar y revalorar nuestra propia experiencia. Reconocernos para re-fundarnos como personas, familia, comunidad y nación.
 

 

VIII. Para dimensionar la nobleza y el valor del mestizaje se requiere iniciar la descolonización mental, cultural y espiritual. No solo es un acto de justicia, sino fundamentalmente de dignidad soberana, personal y comunitaria
 
Descolonizar implica dejar de pensar, sentir e interpretar el mundo y la vida como un campo de batalla de vencedores y vencidos, para depredar y enriquecerse a cualquier precio y sin medida.
 

 
Requiere ver a los semejantes como iguales en condiciones de justicia y equidad. Implica entender y sentir un gran respeto por la vida, en cualquiera de sus formas, sean seres humanos, animales, plantas o el mismo planeta. Sentir respeto y amor por esta Tierra, como “La Madre Querida”.
 
 
Poseer un sentido de solidaridad, respeto y confianza en los demás. En un futuro compartido y comprometido con los valores y principios más elevados que nos han heredado los Viejos Abuelos y los que hemos tomado de otros pueblos y culturas, para hacerlos propios.
 
Descolonizar implica enfrentar el mundo y la vida desde una perspectiva histórica propia. Crear nuevas categorías y recuperar las milenarias que todavía subsisten en la sabiduría de los pueblos y culturas invadidas, colonizadas y excluidas. Reinterpretar el pasado y crear nuestra propia narrativa histórica.


Recuperar valores y principios que promuevan y mantengan el equilibrio, el bienestar y la plenitud. Implica colaborar en vez de competir, servir a la comunidad en vez de servirse de ella, el nosotros por encima del yo, la comunidad sobre la individualidad, la productividad en vez del consumo, el bien común sobre el interés privado, la diversidad en vez de la homogeneidad, educación en vez de capacitación, la vida sobre la muerte, el dialogo en vez de la violencia, la inteligencia en vez de la fuerza, la liberación en vez de la opresión. En síntesis, un cambio total de paradigmas.


Dimensionar la nobleza y el valor de nuestro mestizaje significa una acción de descolonización a partir de reconocernos en plenitud. Encontrar en el “espejo humeante” de la historia, nuestro rostro propio y nuestro corazón verdadero. Recuperar la totalidad integradora de nuestro ser, sin exclusiones y prejuicios, nítida, transparente, profunda.
 
“Lo difícil no es hacerlo…sino imaginarlo”. 
Primavera de 2015
Oaxaca.