sábado, 11 de junio de 2016

OTRA VISIÓN DE LA CONQUISTA 2/2 b

Qué pasó entonces en 1521 en el drama del Altiplano Central llamado “La Conquista de México”, que más bien fue la caída de la Ciudad de México-Tenochtitlán a manos de cuatrocientos mil anahuacas dirigidos militarmente por el texcocano Ixtlilxóchitl al servicio de los intereses  de los invasores que se asumían como enviados de Quetzalcóatl.
Lo primero que se debe mencionar es que, por lógica, hubiera resultado imposible que 550 filibusteros, mal armados, sin experiencia militar, con enfrentamientos y rivalidades entre ellos, con un capitán ilegal prófugo de la ley de Cuba, “conquistaran al gran Imperio Azteca”, sin ser un cuerpo militar, porque en el Siglo XVI no existían los ejércitos, los soldados, la disciplina militar y las armas reglamentarias.
Lo que existían era los llamados Tercios, que eran grandes agrupaciones de mercenarios, sin uniforme y sin estructura militar moderna, ésta se dio hasta el Siglo XVII. Los castellanos y extremeños  que llegaron a la conquista eran expedicionarios, aventureros y filibusteros, que como Cortés, los movía el ánimo de la riqueza súbita, además del dinero que ellos habían invertido en la expedición.
Ninguna expedición fue financiada por la corona española, ni la de Colón, todas fueron “empresas privadas”, la corona solo les cobraba como impuesto el 20% de lo robado (el quinto real) por el “permiso”. Todas las expediciones españolas fueron patrocinadas por los mercaderes o por los propios expedicionarios que invertían todos sus haberes para hacerse ricos de la noche a la mañana. 
Los conquistadores, misioneros e historiadores, han ocultado la verdad para borrar sus delitos, engrandecer sus hechos, ocultar sus crímenes y justificar la invasión, despojo y sometimiento de una civilización que nada les había hecho. Porque este es un punto que no se discute en la historia oficial hispanista, los pueblos anahuacas nada le habían hecho a los europeos.
La cruda realidad fue que los europeos llegaron a invadir, asesinar, destruir, robar y esclavizar. Lo hicieron en 1519 y lo han seguido haciendo estos cinco siglos. Esto es la verdad y es tan reprobable ayer como hoy, en el Anáhuac o en Irak, no tiene justificación posible.
Al convertir estos crímenes de lesa humanidad en una “gloriosa epopeya civilizatoria”, ha permitido que esta acción se siga repitiendo permanentemente –en todos los niveles-, hasta nuestros días y este es el punto del análisis, por lo cual no es ocioso y menos inútil desentrañar la verdad histórica, por el contrario, resulta de urgente realización para iniciar la implantación de la justicia e iniciar los procesos de descolonización.
Ayer fueron “los españoles” (castellanos), ahora son las empresas trasnacionales y, lo más lamentable, se ha convertido en una forma de vida entre los mismos invadidos que nos hemos transformado por esta inercia cinco centenaria en “colonizadores-colonizados”, es decir, que entre los mismos anahuacas, se ejerce la explotación y la violencia.
México es un país violento, no solo físicamente, sino en lo económico, en la político, en lo social y en lo cultural. Seguimos siendo una Colonia disfrazada de una democracia bananera.
De modo que la heroica “Conquista española” es una falsedad, lo que realmente sucedió fue una invasión que provocó un guerra civil, motivada por una parte, por las transgresiones mexicas a la Toltecáyotl, y por la otra, por las mentiras e intrigas de Hernán Cortés, quien fue asesorado por Malinche para utilizar las profecías, las rencillas políticas y la propia división que ya existía en el seno de la clase dirigente mexica.
La figura de la Malinche y el malinchismo es la traición y entrega de su propio pueblo para sacar una ganancia personal, nada tiene que ver con cuestiones de género. Malinche fue un personaje no solo muy importante en la conquista como la asesora de Cortés, sino en los primeros años de la Colonia, Malinche tuvo una gran influencia y  un gran poder político y sigue siendo hasta la actualidad, una actitud, tanto de anahuacas, mestizos, como de criollos. 
Malinche es el que traiciona a su pueblo y cultura.  
Sin embargo, existe un personaje totalmente borrado por la historia oficial, tanto de los cronistas y misioneros, como de los historiadores hispanistas, comenzando por el propio Cortés. 
El verdadero líder de la conquista europea fue un guerrero anahuaca. 
En efecto, Ixtlilxóchitl fue hijo de Nezhualpilli, hijo a su vez de Netzahualcóyotl. Antes de morir (1515), el tlatoani texcocano nombró a Ixtlilxóchitl como su sucesor, pero como Moctezuma Xocoyotzin tenía un sobrino, hijo de una hermana y de Nezhualpilli, quien tuvo muchas mujeres, cabildeó para que su sobrino fuera impuesto como tlatoani sucesor de Texcoco, desplazando a Ixtlilxóchitl. 
Por lo cual Ixtlilxóchitl se levantó en armas contra Moctezuma y cuando llegó Cortés, se unió a él, poniendo a su disposición trescientos mil guerreros texcocanos que defendían su causa, que aparentemente era la de Quetzalcóatl.
Ixtlilxóchitl fue el verdadero comandante en jefe del ejército que luchó en contra de los mexicas. Por lógica descolonizada, era imposible que Cortés, pudiera coordinar y dirigir a sus aliados anahuacas que, entre texcocanos, tlaxcaltecas, zempoaltecas y demás pueblos nahuas, sumaron casi cuatrocientos mil hombres.
Ixtlilxóchitl fue el estratega que planeó el rescate de los españoles que estaban sitiados en el Templo Mayor, después de que Cortés, -y no Alvarado-, había ordenado la matanza para despojar de sus joyas a los cinco mil nobles mexicas, hombres y mujeres desarmados que bailaban en una ceremonia y que fueron masacrados a cuchillo sin compasión, lo que motivó la revuelta popular mexica en contra de los españoles, que el Consejo Supremo Tlatócan, había decidido recibir a los extranjeros como embajadores de Quetzalcóatl.
Moctezuma, como la tradición milenaria del Anáhuac lo establecía, solo “mandaba obedeciendo” al Tlatócan (consejo supremo). Moctezuma no tomaba decisiones unipersonales como un rey europeo. En la democracia participativa del Anáhuac todo se hacía por consenso en el seno del Consejo Supremo.
Ixtlilxóchitl fue el que ideó la estrategia para rescatar a los españoles sitiados en el Templo Mayor. Atacó Tenochtitlán por agua para atraer la atención y en la respuesta mexica, los españoles huyeron por tierra por el lado contrario, previo acuerdo con Ixtlilxóchitl.
Sin embargo, la ambición y codicia de los europeos causó el desastre del rescate, pues los españoles salieron excesivamente cargados de oro, por lo cual fueron alcanzados en Tacuba y murieron mil de ellos ahogados al caer de la calzada al canal.
Porque a los 550 hombres de Cortés se sumaron 1500 que envió Velázquez a tomar preso a Cortés, mismos que se pasaron al bando de Cortés con la promesa de oro. En el plan, cien mil hombres de Ixtlilxóchitl esperaban a los españoles en los llanos de Otumba, para cubrir la retirada y llevarlos a salvo a Tlaxcala.
Los mil españoles que lograron sobrevivir después de “La Batalla de la Noche Triste” (por qué la historia oficial nombra “triste” a una victoria de los invadidos/agredidos), llegaron a los llanos de Otumba con la pólvora mojada, sin dormir, cansados y hambrientos y cuando vieron a los miles de guerreros que iban a rescatarlos, Cortés y sus hombres enloquecidos cargaron sobre ellos creyendo que eran enemigos. 
Los texcocanos retrocedieron sin enfrentarlos y a este hecho, la historia oficial hispanista lo menciona como una de las más heroicas batallas de Occidente, La Batalla de Otumba, en la cual “mil europeos vencieron a cien mil guerreros aborígenes”. Después de aclarada la confusión los españoles fueron escoltados hasta Tlaxcala.
El sitio de Tenochtitlán al principio fue dirigido por Cortés, pero ante la ineficiencia de la estrategia y los problemas de comunicación, Ixtlilxóchitl tomó la responsabilidad de las operaciones, mandó cortar el acueducto de Chapultepec, dejando sin agua dulce a los mexicas. 
La batalla duro casi tres meses y se peleó casa por casa. La defensa mexica fue heroica y pelearon hasta la muerte mujeres, niños y acianos.
El hambre, la sed, pero sobre todo la viruela hicieron estragos entre los defensores. La historia hispanista es tan burda y parcial que no dimensiona la catástrofe por la pandemia que vivieron los mexicas por la viruela, de hecho, fue la primera guerra bacteriológica del mundo, y por supuesto, según los historiadores hispanistas la viruela “la contagió un negro”.
Ixtlilxóchitl fue el vencedor militar de Tenochtitlán, Cortés el vencedor político. Con la caída de Tenochtitlán no se consuma la invasión, por el contrario, apenas inicia. 
Los pueblos anahuacas que lucharon como aliados de Cortés y los que lucharon como aliados de los mexicas, se unieron, como era la tradición en la cultura anahuaca del periodo Postclásico e iniciaron la invasión en favor de la causa hispánica, bástenos ver los Murales del Palacio de Gobierno de Tlaxcala, para entender cómo los anahuacas se hispanizaron creyendo que estaban luchando a favor de Quetzalcóatl en una guerra religiosa.
Durante los primeros años de la Colonia, el poder y las prerrogativas de los tlatoanis aliados de los españoles fueron muy altos. De hecho la familia de Moctezuma fue tratada como noble y emigró a España. Esta situación empezó a cambiar cuando empezar a llegar la baja nobleza castellana y sobre todo, los funcionarios coloniales, el alto clero y los comerciantes.
Los aliados anahuacas primero perdieron sus posiciones de poder y privilegios, pero en seguida también los perdieron los conquistadores que fueron desplazados por la burocracia y “la nobleza de medio pelo”, que empezó a llegar al “nuevo mundo” a hacerse inmensamente ricos de la noche a la mañana en medio de la corrupción.
La historia hispanista esconde el hecho de que Cortés pensaba traicionar a la corona española y pretendía crear un reino y proclamarse rey. 
Nada extraño en la práctica de Cortés que vivió de traición en traición toda su vida. Sin embargo, este hecho pesó mucho sobre los conquistadores a los que se les perdió la confianza y hasta los hijos de Cortés fueron juzgados por conspiración y siempre fueron vistos como presuntos traidores.
Los descendientes de los conquistadores y de los nobles anahuacas, como Martín Cortés y Fernando Alba Ixtlilxóchitl (el historiador), quienes empezaron una reivindicación de “sus supuestos derechos”, que es justamente el inicio del “nacionalismo criollo” sobre las tierras y los pueblos conquistados, que tres siglos más tarde desembocará en el otro estallido social entre criollos contra gachupines, el cual la “historia oficial” ha llamado con gran eufemismo, “La Guerra de Independencia”.
En la cual, los pueblos anahuacas fueron la carne de cañón para que los criollos corrieran a los gachupines de la Nueva España y los criollos fundaran “su país, de ellos y para ellos”, traicionando nuevamente a los anahuacas y excluyéndolos del nuevo modelo neocolonial (1821-2016), porque solo maquillaron el añejo y corrupto Sistema Colonial, en el que se pusieron a la cabeza hasta nuestros días.
El conocer verdaderamente lo que sucedió en la Conquista del Anáhuac, nos permite analizar los errores cometidos para que no se vuelvan a repetir. Nos permite entender el por qué hemos estado repitiendo los mismos errores una y otra vez. 
El no conocer la verdad nos impide conocer verdaderamente a nuestro enemigo, nuestra situación y dimensionar lo que significa la traición y el malinchismo, la falta de identidad y de un proyecto de nación “propio-nuestro”.
Nos impide darnos cuenta que vivimos dentro de un orden colonial en el cual todos formamos parte y el cual no lo percibimos, porque nos hace creer que vivimos en una país, justo y democrático. 
Al conocer el pasado “a conciencia descolonizada”, nos permite entender el presente y visualizar el futuro, un futuro “propio-nuestro”, sin vencedores y sin vencidos, sin castas, sin racismo, sin élites privilegiadas fuera de la ley. 
Saber, qué es lo que queremos y qué es lo que no queremos que nos vuelva a pasar, y saber, en qué clase de país queremos que vivan los hijos de nuestros hijos. 
Lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo. Descolonizar es dignificar. 

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Fotografías tomadas en:
MUSEO ANAHUACALLI 
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Coyoacán, Ciudad de México. México 
Tel. 5617 3797 




domingo, 5 de junio de 2016

OTRA VISIÓN DE LA CONQUISTA DE MÉXICO 1/2 a

La historia la escriben los vencedores. La amputación brutal de la historia de civilización del Anáhuac, una de las seis más antiguas y con origen autónomo, y la que llegó a alcanzar la más alta calidad de vida para la mayoría de la población en la historia de la humanidad; sigue sin ser analizada y aclarada, de cara a sus propios hijos y a “la Historia Universal” eurocéntrica. 

Las mentiras, mitos y fantasías que inventaron los conquistadores, misioneros, funcionarios coloniales y anahuacas convexos, para, no solo tratar de borrar los grandes crímenes de lesa humanidad que se cometieron por asesinos, ladrones y fanáticos religiosos, sino para mantener una supuesta superioridad cultural, religiosa y humana de Occidente sobre el Anáhuac, que justificó y ha permitido la colonización mental, cultural y espiritual del pueblo, primero  en la Colonia hispánica  (1521-1821), y a partir de 1821 hasta nuestros días, en el periodo neocolonial de ideología criolla en “México, el país de los criollos y solo para los criollos”.

Pero, qué fue lo que en verdad sucedió de 1519 a 1550 en el Cem Anáhuac. Cómo es que se “destruyó el gran imperio azteca”. Cómo fue posible que 550 expedicionarios españoles hayan vencido a la Triple Alianza que contaba con más de medio millón de guerreros y era “la dominadora de todo el territorio que hoy conforma a México”.

Para entender este “misterio colonial” se requiere un poco de información verídica, un profundo análisis, la intención de “descolonizar la historia”, mucho “sentido común” y desarticular la versión oficial que crearon los colonizadores desde Hernán Cortés hasta Matos Moctezuma, y que han mantenido los neo colonizadores contemporáneos para seguir usurpando el poder. 

El mito de que los pueblos y culturas del Cem Anáhuac eran guerreros, caníbales, fanáticos idolatras, primitivos e incivilizados, como lo plantea Mel Gibson en su película Apocalypto, es un buen ejemplo del discurso que Occidente mantiene desde hace cinco siglos para que no se sepa cómo se destruyó una de las civilizaciones más importantes del planeta. Que no se conozca uno de los grandes holocaustos de la historia de la humanidad. Pero sobre todo, que sus propios hijos, no sepan lo que les sucedió a sus antepasados y queden en la orfandad más desoladora, porque la pérdida de la memoria histórica hace a los pueblos frágiles, vulnerables y esclavos; por otra parte, los hace inseguros, fanáticos y fantasiosos.

Necesitamos hacer algunas consideraciones muy importantes para darle contexto al análisis. Primero es que en el Anáhuac se vivía un periodo de decadencia cultural, el cual tuvo su inicio con el colapso del periodo Clásico superior (850 d.C.) y que tiene que ver con la partida de Quetzalcóatl y su profetizado regreso en el año uno caña (cada 52 años). Por el contrario, la historia oficial ubica a los mexicas en la cúspide del desarrollo y poder del Cem Anáhuac…totalmente falso.

Segundo, que los mexicas y su Triple Alianza no era tan poderosa y tan extensa como lo afirman los historiadores hispanistas. Territorialmente apenas dominaban el Altiplano Central y una reducida parte de la Costa del Golfo. Las zonas: maya, oaxaqueña, purépecha, la Gran Chichimeca y la Montaña de Guerrero, nunca fueron avasalladas por los mexicas. De modo que es falso e inexistente “el gran Imperio Azteca”. 

Cuarto, que los mexicas era un pueblo joven y descontextualizado de los más de mil años de esplendor tolteca (200 a.C. a 850 d.C.). Que fundaron Tenochtitlán apenas en el año 1325 d.C. (196 años antes de su caída) y que realmente tuvieron una relativa expansión y pequeño poder a partir de 1440, cuando Moctezuma Ilhuicamina y Tlacaélel, tlatoani y cihuacóatl respectivamente, iniciaron la transgresión al pensamiento tolteca (Toltecáyotl). 

Es decir, se desechó el sentido espiritual de la sociedad por el sentido material, de dominio y culto a la materia. Con ello, las guerras floridas, dejaron de ser interiores-espirituales, para pasar a ser físicas y contra sus vecinos, lo cual duró solo 81 años (1440 a 1521). Insignificantes resultan estos 81 años de degradaciones y trasgresiones para opacar los siete mil quinientos años de desarrollo humano en el Cem Anáhuac, desde la invención de la agricultura en el sexto milenio a.C. hasta la caída de Tenochtitlán.

Quinto, el concepto distorsionado de la Guerra Florida mexica, contradecía en esencia al concepto tolteca de una guerra interior de carácter espiritual. Sin embargo, en la Guerra Florida de los mexicas estaba prohibido matar al contrincante, quien debía ser hecho prisionero para ser curado, alimentado y entregado a los sacerdotes, para que éstos lo sacrificaran. Las guerras mexicas estaban revestidas de una abigarrada parafernalia y una compleja tramitología que tardaba meses en desencadenarse, para llegar a un acuerdo en tiempo, lugar y número de hombres para el combate.

Sexto, pero lo más importante para este análisis, es que los pueblos o Señoríos que eran vencidos, se les establecía un tributo que tenían que pagar escrupulosamente, pero… aquí viene lo importante, eran “incorporados” como socios/aliados a la Triple Alianza, lo que implicaba que en las siguientes expediciones ellos participaban militarmente y tenían derecho a recibir parte de los tributos impuestos a los vencidos. 

Justamente fue esta práctica cultural la que asumieron, primero los aliados de Hernán Cortés, en su calidad de “embajador de Quetzalcóatl”, porque así se presentó en el Anáhuac. “Después de haberle hablado de parte de vuestra majestad y le haber dicho la causa de mi venida a estas partes, le pregunté si él era vasallo de Mutezuma…” (Hernán Cortés Segunda Carta de Relación). En efecto, los dirigentes de los Señoríos de Zempoala, Tlaxcala y Texcoco, creyeron las mentiras que Cortés les dijo, asesorado por Malinche. Y se creyeron coparticipes de una lucha teológica y militar, al combatir contra aquellos que trasgredieron la enseñanza de la Toltecáyotl y minimizaron la importancia  de Quetzalcóatl. 

Los aliados anahuacas de los españoles no participaron en una invasión, sino que, para ellos, fue una guerra teológica entre Quetzalcóatl, advocación tolteca de la divinidad en su esencia espiritual y Huichilopoztli divinidad tribal de los mexicas que representaba la materia, la voluntad de poder y de dominio. Los mexicas suplieron al Tezcatlipoca Azul Tláloc y en su lugar impusieron a Huitzilopochtli. 

Por eso, los aliados anahuacas de Cortés, se bautizaron de inmediato y asumieron los usos y costumbres castellanos, creyendo que era el anunciado y esperado regreso de Quetzalcóatl. Cortés en su discurso, afirmaba que el Rey de España era Quetzalcóatl, y que lo había enviado a restablecer el orden religioso que los mexicas habían trasgredido.

Para entender cabalmente la dimensión de esta situación, debe leerse de la propia mano de Hernán Cortés, en la Segunda Carta de Relación, página 60 de Editorial Purrua, el discurso que Moctezuma les dio a sus aliados y Señores tributarios delante de Cortés y sus hombres. Moctezuma literalmente entrega el mando de la Triple Alianza a Cortés, pues está seguro, por lo que el español le contó, de que lo envió Quetzalcóatl (el rey de España) a restablecer el orden religioso, deponiendo a Huitzilopochtli y reinstalando a Quetzalcóatl. Para el Tlatócan y para Moctezuma,  Cortés era el capitán de Quetzalcóatl y que de ahí en adelante, él mandará, y que Moctezuma y todos los aliados y Señores tributarios obedecerán a Cortés, como antes lo habían obedecido a él. 

“Y mucho, pues a todos es notorio todo esto, que así como hasta aquí a mí me habéis tenido y obedecido por señor vuestro, de aquí adelante tengáis y obedezcáis a este gran rey, pues él es natural señor, y en su lugar tangáis a este su capitán; y todos los tributos y servicios que hasta aquí a mi me hacíades, los haced y dad a él, porque yo así mismo tengo en contribuir y servir con lo que me mandare; y demás de hacer lo que debéis y sois obligados, a mi me haréis en ello mucho placer”. Hernán Cortés, Segunda Carta de Relación, 30 de Octubre de 1520.    

Cuando fueron vencidos los mexicas y sus aliados, ellos mismos se sumaron a las operaciones de los españoles, en calidad de “iguales”, (como era su cultura guerrera del periodo Postclásico), tanto de conquista como de fundación y construcción de las nuevas ciudades en dónde empezaron las tareas de extracción de la riqueza, especialmente los minerales, por lo cual los pueblos nahuas del altiplano fundaron y construyeron muchas ciudades, especialmente en el Norte. No solo fueron los tlaxcaltecas. 

Para el caso de Oaxaca fueron los xochimilcas, tlaxcaltecas, mexicas y los de Chapultepec, los que llegaron a fundar “Segura de la Frontera”. En el inicio de la construcción de La Nueva España, los anahuacas participaron activamente, de hecho fueron ellos los que realizaron las guerras, las edificaciones y poblamientos. Los españoles eran muy pocos y no conocían ni la lengua, ni las culturas, solo encabezaban las acciones de saqueo y explotación europeas, mismas que aprendieron los anahuacas y las pusieron en práctica en contra de sus hermanos.

De esta manera se puede afirmar que la Conquista del Cem Anáhuac justamente comienza con la caída de Tenochtitlán, y ha seguido, -a sangre y fuego-, a lo largo de estos cinco siglos y al parecer no termina. 

Ayer fue el arcabuz y la encomienda, hoy es el salario mínimo y las concesiones a las empresas trasnacionales. Como lo refiere el Dr. Guillermo Bonfil Batalla, la lucha entre el México profundo y el México imaginario a veces brutal y descarnada, la mayoría de las veces subterránea y silenciosa. 


Desde la gran rebelión del Mixton en 1541, pasando por los múltiples estallidos sociales anahuacas en el periodo colonial, hasta llegar a las luchas de los pueblos yaquis y mayas, en el Siglo XIX.

O el estallido social en los Altos de Chiapas en 1994 por el EZLN. 

La guerra de resistencia se ha mantenido estos cinco siglos y no terminan. 


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