viernes, 19 de mayo de 2017

El lenguaje colonial “desapercibido”.

El lenguaje colonial “desapercibido”, desde 1521, el “descubridor-invasor-colonizador”, a propósito, no nos nombra por nuestro nombre propio, nos da, el que a él, le conviene, como si nuestro ser ancestral no tuviera ningún valor o consideración. 
El punto es: “SI NO TE NOMBRO, NO EXISTES, TE DESCONOZCO”. 
Primero nos llamaron “indios”, porque deseaban llegar a la India, después nos llamaron nativos o naturales. 
Tuvieron que hacer un juicio para decidir si éramos humanos o animales, que, hasta ese momento, justificaba todas sus matanzas y sus robos, porque los “animales no tienen propiedades” y sus vidas, valían tanto como las de un chango. 
De modo que las matanzas y los saqueos, jurídica y cristianamente eran “legales”. Este juicio, es conocido como “La Controversia de Valladolid", y se llevó a cabo en 1550 y 1551, entre teólogos y juristas hispanos. 
Después de “sesudas discusiones”, convinieron en que, ¡si hermanos humanos!, pero primitivos, es decir, poco evolucionados, porque no tuvimos propiedad privada, no usábamos dinero, no éramos guerreros. 
Quedaríamos a cargo de la iglesia y de los españoles para que nos civilizaran, es decir, cristianizaran y nos incorporaran a su economía en calidad de subalternos subdesarrollados.  
Durante estos cinco siglos nos han llamado de muchas formas, pero jamás, nos han nombrado, por el nombre que nosotros nos pusimos por milenios:
 “anahuacas del Anáhuac”, en nuestra lengua franca ancestral, el náhuatl. 
En los textos del Siglo XVI, los invasores dejaron escrito que esta tierra era conocida como Anáhuac; desde Nicaragua (hasta aquí el Anáhuac) y al Norte, Ce Acatl (Seattl). 
El Anáhuac, para los “mexicanos-mexicas-modernos”, es solo “una universidad o una cementera”, más nada. 
No hay memoria histórica, no hay identificación con los diez mil años de desarrollo humano en su tierra, como, si, lo tienen los chinos y los indios, que son tan antiguos como nosotros.
Pero…qué debemos entender cuando a los anahuacas les llaman “indígenas”. 
Si aceptamos nombrar, a los anahuacas, como “indígenas”, que significa: “los originarios de una tierra”, quiere decir que: los que así usan ese término ¡NO SON ORIGINARIOS!, son extranjeros. 
Es decir, ¿que los “mexicanos”, no son originarios del Anáhuac? 
El término indígena es racista, colonizador y “elegantemente despectivo”, para señalar a los habitantes de este país, que no son, “colonizados-colonizadores”. 
Las palabras tienen cargas ideológicas. 
Por qué, no nombrarnos, como lo hicieron los Viejos Abuelos por milenios. 
Por qué, seguir usando las categorías de los colonizadores, pasados y presentes.
Si existe entonces una diferencia entre los que son “indígenas”, y los que no lo son; entonces, los que no lo son… !qué cosa son!, o que se creen que son. Españoles, franceses, norteamericanos. 
Algunas personas afirmaran, -en actitud de “descargo”-, que no son indígenas, que ellos son “mestizos, como si ser “anahuaca”, fuera un descrédito social y cultural. 
Pero, como dicen los abogados: “vamos a suponer, sin conceder”, que son “mestizos” …cómo está conformado su mestizaje cultural y biológico.  
El mestizaje cultural es abrumadoramente anahuaca. 
Muchas de las tradiciones, fiestas, usos y costumbres, alimentos del país, tienen su origen en la civilización del Anáhuac, aunque con un marcado sincretismo para poder sobrevivir a la colonización. 
En el biológico, la investigadora Irma Silva Zolezzi, del Instituto Nacional de Medicina Genómica, afirma que: “el 65% del componente genético de los mexicanos es único y se le ha denominado “amerindio”. 
Hoy en día, los mismos pueblos anahuacas son mestizos, cultural y genéticamente, comparados con los de antes de la invasión.
Teotihuacan
Chichen Itza
Monte Albán
El Tajín
Xochicalco
Chalcatzingo
Cantona
Cholula
Por qué, después de cinco siglos, no se reconoce ni se nombra, a una de las seis civilizaciones más antiguas de la humanidad por su nombre original. 
Por qué se le excluye, menosprecia y se presume extinta. 
Será que “el 99% somos anahuacas sin darnos cuenta”, y el 1%, que tiene el poder económico y político, no quiere que tomemos conciencia. 
Descolonizar es dignificar. 

www.toltecayotl.org   




domingo, 7 de mayo de 2017

VIVIR EN TOLTECAYOTL

La cultura ancestral tolteca, conocida como Toltecáyotl, nos puede ayudar para salir de la esclavitud, la injusticia y la ignorancia. Del pavoroso infierno en el que vivimos desde hace cinco siglos, en esta “modernidad” importada.
Cuando se afirma que “el futuro está en el conocimiento del pasado”, implica que, al conocer cómo, nuestros Viejos Abuelos, construyeron la civilización que alcanzó la más alta calidad de vida para todos sus hijos, tenemos la sabiduría para volverlo a hacer.
Como se afirma, lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo. Aquí se trata de “recordar”, es decir, analizar el pasado CON EL CORAZÓN, para recuperar la sabiduría milenaria que está depositada en el “banco genético de información cultural” de cada uno de los hijos de los Viejos Abuelos.
Conocer el pasado implica: descolonizar la historia hispanista sobre los Viejos Abuelos. Verla y sentirla como algo “propio-nuestro”, como algo vivo, vibrante y vigente. Conocernos verdaderamente. 
Como un potencial. Investigada, descubierta y contada por nuestros mismos, sin “intermediarios y mercenarios de la academia”. Con un pensamiento crítico y decolonial.
Para ello, la Pirámide de Desarrollo Humano Tolteca, que es uno de los más grandes inventos de nuestra civilización Madre, y que, fue, la que posibilitó los grandes logros en la ciencia, en la sabiduría y en la espiritualidad, para alcanzar la plenitud existencial. 
Recuperar esta sabiduría es la “puerta de entrada al futuro-propio-nuestro”.
Lo primero que necesitamos es recuperar, no solo, la autosuficiencia alimentaria, sino también la sabiduría nutricional. 
Entender que la “comida es energía”, y que de la calidad de la energía que ingiramos radica nuestro potencial para accionar en el mundo.
Lo segundo a recuperar es la sabiduría del mantenimiento de la salud. Entender que la salud implica la conservación de los niveles óptimos de energía. No solo en el campo físico, sino emocional y espiritual. Recuperar los hábitos higiénicos, tanto personales, como familiares y comunitarios.
Lo tercero es volver a la esencia, valores y principios de nuestra educación ancestral. Entender que educar es preparar para tener una vida en equilibrio, consigo mismo, con los demás seres vivos y con la comunidad. 
Educar para servir a través de formar “rostros propios y corazones verdaderos”. Humanizar nuestro querer, para equilibrar nuestra energía .
En cuarto lugar re-encontrar nuestras milenarias formas de organización, sustentadas en el respeto, la solidaridad, la compasión y la humildad. 
“Re-cordar” (recuperar con el corazón) que la organización comunitaria a través de vivir cotidianamente en comunalidad es el mayor potencial que tenemos como seres humanos y como familia. 
Vivir para servir y mandar obedeciendo y unir, para “afinar” y potencializar la energía comunitaria en un solo pulso.
Es solo, la organización comunitaria, la respuesta a los problemas que vivimos en la actualidad. La pirámide de desarrollo tolteca, nos enseña, que debemos de enfocarnos en trabajar coordinadamente en los cuatro sistemas para lograr la autodeterminación y el principio de libertad y soberanía. La alimentación, la salud, la educación y la organización, son las bases de la plenitud.
No solo es danzando, tatuándose, emplumándose, metiéndose al temazcal y presumiendo que es “un guerrero azteca”. 
Es algo mucho más complejo, profundo y difícil; es vivir “en Toltecáyotl”. El Guerrero y la Guerrera tolteca, no luchan contra nadie, como se ve históricamente, sus “armas físicas eran simbólicas”. 
La lucha es interior, su macuahuitl es la conciencia y la responsabilidad, su chimalli “flor y canto”, entendidos metafóricamente como “equilibrio y sabiduría”.
Los únicos “mexicas” (mexicanos) que existen hoy en el Anáhuac, son los tepiteños. 
Tepito era un barrio de México-Tenochtitlán, mucho antes de la llegada de los invasores europeos. 
Han resistido quinientos años y son, guerreros de la vida, han desarrollado una cultura de resistencia cultural heroica, digna y ejemplar. 
Descolonizar es dignificar. 





www.toltecayotl.org