martes, 25 de marzo de 2014

CÓMO ES QUE SUCEDIÓ 2/3


2. Después de la invasión, abrazar la nueva cultura y religión. Aceptando las nuevas leyes, autoridades e instituciones, olvidando la práctica comunitaria, familiar y personal de las bases culturales de la Toltecáyotl.


Asesorado eficientemente por Malinche, que fue una mujer preparada y muy ambiciosa, Hernán Cortés se asume y se presenta como el “capitán de Quetzalcóatl”, diciendo que había sido enviado del otro lado del mar por Quetzalcóatl, (a quien asocia perversamente con el rey de España), para rectificar las desviaciones filosóficas-religiosas que había implantado Tlacaélel. Que Quetzalcóatl tenía un poderoso reinado del otro lado del mar, por dónde se había ido y que estaba preocupado por lo que sucedía en el Anáhuac.


Como el año de 1519 era en el calendario del Anáhuac la fatídica fecha de la profecía del regreso de Quetzalcóatl y como, desde las costas del Golfo se tenía seguimiento de los avistamientos de las dos expediciones anteriores, la de Francisco Hernández de Córdoba en 1517 y la de Juan de Grijalva en 1518, la Triple Alianza estaba al tanto de las aproximaciones de los europeos y estaba preocupada por el cumplimiento de la profecía, en tanto, se sabía transgresores del legado filosófico-religioso-cultural de la Toltecáyotl.


Cortés logra urdir su trama de engaños a través de la valiosa información que le proporcionó Malinche (Malinalli Tenépatl), quien fue entregada por el tlatoani de Tabscoob (Tabasco) ante su derrota en Centla con los españoles. Malinche tenía como lengua Madre el náhuatl y aprendió la lengua maya cuando fue parte de un botín de guerra entre los derrotados nahuas de Xicalango y los vencedores mayas de Potonchán.


Malinche sabía hablar náhuatl y maya, y se comunicaba en esta última lengua con Gerónimo de Aguilar, quien naufragó en 1511 en las costas de Quintana Roo y vivó entre los mayas de Chetumal hasta 1519 –en que fue rescatado por la gente de Cortés-, donde aprendió a hablar la lengua maya. Esta serie de “circunstancias favorables” para armar y recrear las mentiras con las que Cortés pudo “penetrar” en los Altépetl nahuas del Altiplano Central, sin ser rechazado, como si lo hicieron los mayas que no transgredieron la Toltecáyotl, o ser combatido hasta el exterminio como les pasó a otros conquistadores en América, fue por la valiosa y estratégica información que Malinche les brindó a los invasores-conquistadores.


De modo que los aventureros y “rescatadores de oro” se asumieron con el líder de la expedición, como “los enviados de Quetzalcóatl”. En los “usos y costumbres” milenarios de la Toltecáyotl en el Cem Anáhuac, los enviados o embajadores eran tratados con mucho respeto y consideración, además de que “la palabra” era profundamente respetada. Cortés manejó hábilmente la información que Malinche le fue proporcionado, dado que inmediatamente Malinche aprendió la lengua castellana.


Al principio, los totonacas de Cempoala y después los nahuas de Tlaxcala se aliaron a los “enviados de Quetzalcóatl”, no solo porque fueran los enemigos de la Triple Alianza, sino fundamentalmente porque sabían de la transgresión filosófica-religiosa y la profecía del regreso de Quetzalcóatl.
Este punto es muy importante para entender “el momento histórico” que se vivía en el Anáhuac. No fue, como afirman los historiadores hispanistas y neocoloniales, que la conquista fue “un hecho de armas” europeas contra anahuacas, donde la pólvora, el caballo, el acero y el valor de los europeos, determinaron la victoria.


Fue en cambio un cisma filosófico-religioso que venía desde la partida de Quetzalcóatl a mediados del Siglo IX y las transgresiones ordenadas por Tlacaélel al sobreponer a Huitzilopochtli por encima de Quetzalcóatl en la creación de la ideología mixtico, materialista, guerrera de la Triple Alianza, las que fueron usadas hábil y perversamente por Cortés.


Posteriormente vino el apoyo fundamental y decisivo que recibieron del texcocano Ixtlilxóchitl, quien había sido desposeído del Altépetl de Texcoco por Moctezuma, ya que Nezahualpilli (hijo de Netzahualcóyotl), decidió antes de morir, que lo sucedería su hijo Ixtlilxóchitl. Moctezuma cabildea e impone a su sobrino (hijo también de Nezahualpilli y un hermana de Moctezuma). Texcoco se divide y  Ixtlilxóchitl entra en conflicto con Moctezuma y antes de que Cortés llegue a la Ciudad de Tenochtitlán se le presenta con trescientos mil guerreros para luchar en contra de Moctezuma.


El verdadero comandante en jefe de todos los aliados anahuacas de Cortés fue Ixtlilxóchitl. Cortés no podía comandar los ejércitos porque no hablaba y no entendía la lengua y menos “los usos y costumbres” militares del Anáhuac. Ixtlilxóchitl ha sido “borrado” literalmente de la historia hispanista de la conquista, pero él fue el que lideró las batallas, convocó a los pueblos del Altiplano a sumarse a su causa y puso el ejemplo a los demás tlatoanis de convertirse a la fe cristiana. A tal punto que, amenazó de muerte a Yacotzin, su propia madre, porque ella no aceptaba bautizarse y españolizarse.


Lo que sucedió en Texcoco entre Cortés, Ixtlilxóchitl, Yacotzin y los texcocanos, es un excelente ejemplo de lo que posteriormente se repetirá en todo el Cem Anáhuac. Ixtlilxóchitl se pone al servicio de  Cortés y lo invita a Texcoco, lo agasaja con un banquete, le pide que lo bauticen y ordena que decenas de miles de texcocanos se bauticen y como su madre, quien había sido la esposa de Nezahualpilli, le  respondió a su hijo “que debía de haber perdido el juicio, pues tan presto se había dejado vencer de unos pocos bárbaros como eran los cristianos”, la amenaza de muerte de no acceder.


El punto es que por ambición o por creer en que los extranjeros eran los enviados de Quetzalcóatl, los tlatoanis y los pueblos se empezaron a aliar a los invasores en contra de sus hermanos. La verdadera conquista del Cem Anáhuac comienza apenas el 13 de agosto de 1521 con la caída de Tenochtitlán y ha seguido sistemáticamente hasta nuestros días. Siempre con la ayuda a los extranjeros por parte de “los malinches” y las autoridades.


Abandonamos nuestra milenaria cultura por creer que el regreso de Quetzalcóatl se ha cumplido. Año tras año, siglo tras siglo, “el ala y la cola”, el pueblo, vive con la esperanza inconsciente del regreso de la Quetzalcóatl y su sabiduría La Toltecáyotl. Esta visión nos ha hecho creer una y otra vez en los sucesivos conquistadores disfrazados de iluminados redentores que han ido llegando a nuestras tierras. Desde la cristianización hasta la globalización, siempre ha sido lo mismo. Desde los misioneros hasta los inversionistas, la historia se repite por no conocerla y comprenderla.


3. Las autoridades surgidas del Estado Suyuano, ante la invasión y para mantener  su poder ilegítimo se aliaron a los extranjeros invasores.
Ante el cisma religioso, filosófico y político que crean las mentiras de Cortés asumiéndose como el embajador de Quetzalcóatl y los temores de la Triple Alianza por las transgresiones hechas a La Toltecáyotl. Y dado que Cortés fue avanzando a través de las debilidades y rencillas de los pueblos del Altiplano, pero sobre todo, que se presentó como embajador y no como conquistador. Las autoridades de la Triple Alianza, hasta la Matanza del Templo Mayor, siempre lo consideraron diplomático, y como tal, así lo trataron. 


Al interior de las autoridades del Altiplano las contradicciones e indecisiones pululaban como el polen en primavera.  Las altas autoridades civiles y religiosas de los Altépetl sabían que se había trasgredido La Toltecáyotl, tanto los aliados como los dominados por la Triple Alianza. Unos consideraban la posibilidad de enmendar el error y creían que al hacerlo, Cortés y sus hombres regresarían por donde habían llegado. Esta idea fue la que finalmente venció en el Tlatócan.


Se ha querido pintar a Moctezuma como un hombre pusilánime y cobarde, totalmente falso. Era un valiente y experto guerrero ya que era seleccionado por sus mejores cualidades por el Tlatócan, no era un puesto que se heredaba. Pero también era devoto de la advocación filosófica religiosa de Quetzalcóatl. Pero sobre todo, se le pone como “un rey europeo" que tomaba decisiones personales y no es cierto. Moctezuma “mandaba obedeciendo” al Tlatócan o Consejo Supremo de la Triple Alianza. Las decisiones se tomaban de manera colegiada.  Y este es el punto.


Los errores con los invasores europeos desde que se bajaron de sus navíos fue el creerlos enviados de Quetzalcóatl, darles un trato de embajadores, obsequiarles, alimentarlos, avituallarlos y servirlos. Primero las autoridades de Cempoal, Tlaxcala y Texcoco, y después todos los demás, hasta nuestros días.
Se necesita “entender el momento histórico” y el periodo de decadencia cultural que se vivía en el Anáhuac. Los temores de la profecía, la incertidumbre de la verdad sobre Cortés, el desgaste del rito a Huitzilopochtli. Las atrocidades que aterraban y horrorizaban  a los anahuacas a través de las matanzas, como la de la ciudad santa de Cholula, los brutales aperreamientos y la facilidad para asesinar. 


Pero sobre todo, el brutal choque humano de una cultura de la guerra, el robo, la mentira y el abuso, contra una cultura humanista y espiritual, -aunque en un periodo de decadencia, en especial la Triple Alianza-. Esto no se ha querido ver y comprender por los “mitos de conquista”. Pero los españoles venían con el sistema de “terrorismo de Estado” a través de horrorosas matanzas, herencia de la “Guerra de Reconquista” y de la Edad Media.


Pero lo más importante y decisivo, poco tomado en cuenta y dimensionado en toda su magnitud por los historiadores hispanistas, fue la indescriptible catástrofe que representó la viruela para las personas, las familias y los pueblos. En efecto, la enfermedad que trajeron al Cem Anáhuac los españoles resultó la primera guerra bacteriológica del planeta. La mortandad, la incapacidad para curarla y su total desconocimiento, de una civilización que manejó por siglos una eficiente ciencia médica, hicieron de la viruela la destrucción física y emocional de la sociedad. Se pensó que era un castigo divino por la transgresión a la enseñanza y religión de Quetzalcóatl.


Ante este caos religioso, ideológico y mortandad, muchas de las autoridades, primero en el Altiplano Central y después de 1521, en todo el Cem Anáhuac, decidieron unirse al bando de “Cortés-Quetzalcóatl” y se sumaron a la invasión, luchando contra pueblos y culturas que resistieron y siguen resistiendo la agresión hasta nuestros días.  


Vale la pena, para concluir este apartado, recordad la figura y la posición de Xicoténcatl Axayacatzin, el guerrero tlaxcalteca que desde el primer momento vio a Cortés y los españoles como peligrosos invasores. Los combatió y se opuso a la alianza con el invasor pero el Tlatócan de Tlaxcala decidió hacer la alianza, y Xicoténcatl tuvo que obedecer, pero no colaboró en la guerra contra los mexicas por lo cual Cortés lo mandó ahorcar. Xicoténcatl el ejemplo del guerrero del Anáhuac, como Gonzalo Guerrero, Cuitláhuac, Cuauhtémoc, Morelos, Mina, Guerrero y Zapata. 


4. Las autoridades y los líderes de opinión anahuacas, abrazaron la cultura, lengua y religión del invasor para mantener su estatus y su posición social.
Ante el momento histórico que se vivía, especialmente en el Altiplano Central, los pueblos de todo el Cem Anáhuac (desde Nicaragua hasta el Norte de E.U.), estaban enterados del desplome de la Triple Alianza y la catástrofe humanitaria que vivían los pueblos nahuas del Altiplano por la epidemia del sarampión.


La cultura guerrera del Estado Suyuano (periodo Postclásico) tenía como “uso y costumbre”, que en las guerras de expansión, el vencido se incorporaba como “socio-aliado” del vencedor (como Alemania con la OTAN). Esta modalidad fue la que hizo que la Triple Alianza se expandiera y creciera en poder cuantitativo y cualitativo de manera muy rápida.


Cuando los mexicas y sus pocos aliados fueron vencidos por los ejércitos comandados por Ixtlilxóchitl al servicio de Cortés, los propios mexicas se pusieron a las órdenes de Cortés, y ellos mismos participaron en la conquista del Cem Anáhuac para beneficio del nuevo orden religioso, filosófico, cultural, económico y político encabezado por Cortés.


Debe decirse lo que han callado los historiadores hispanistas, Cortés llegó a tener tanto poder, -en hombres a sus órdenes como en metales preciosos-, que en su momento acarició la idea de convertirse en rey del Anáhuac, razón por la cual la corona le entabló un Juicio de Residencia (igual que a Colón), para someterlo y subordinarlo al imperio español.


En este “fin del Quinto Sol”, que debe entenderse como un colapso cultural, provocado y manipulado por Cortés, quien siendo asesorado por Malinche, logró crear primero, un caos y el derrumbe del Estado Suyuano mexica, y posteriormente, siguió con los demás pueblos y territorios del Cem Anáhuac. Poco a poco fue sumando aliados-vencidos o aliados-convencidos, que tanto por la derrota militar como por una “estrategia de sobrevivencia” se aliaron con los nuevos detentadores del poder.


Para entender este punto, es necesario recordar la famosa reunión a la que fueron convocados por Moctezuma todos los tlatoanis de los Altépetl, aliados y tributarios de la Triple Alianza, en la cual Moctezuma, delante de Cortés, les anuncia a que a partir de ese momento la nueva autoridad es “el embajador de Quetzalcóatl” y que así como él, todos los demás, obedecerán y servirán en lo que les mande Cortés. Esa fue la entrega de la Triple Alianza a Cortés (2ª Carta de Relación. E. Purrua. pp. 59). Al terminar la reunión Cortés le dijo a Moctezuma que, como “el rey de España-Quetzalcóatl” necesitaba oro, mandara a su gente y que él mandaría también a españoles, a que fueran a los Altépetl de los tlatoanis a pedirles el oro requerido.


Lo cual no sucedió por la llegada a Veracruz de 1500 hombres al mando de Narváez, enviados por Velázquez, el gobernador de Cuba, para tomar preso a Cortés por haber salido prófugo de Cuba, ya que se había descubierto que planeaba traicionarlo –como sucedió-, y que se “apropiaría” de la expedición que “legalmente” le correspondía a Velázquez y sus asociados. De modo que Cortés dejó “el proyecto” de ir a “rescatar oro” para después, y se dicó a comprar a los hombres que enviaba Velázquez para fingir una lucha en la que él salía victorioso.


Aquí es necesario aclarar la mentira sistemática de los “historiadores hispanistas” de que Cortés tenía un ejército con soldados, falso. Los ejércitos modernos se iniciaron en Europa hasta el Siglo XVII, en ese momento solo existían “tercios”, que eran asesinos y ladrones al mando de un “capitán”. No tenían cadena de mando, uniformes, armas reglamentarias, etc., eran simples mercenarios dirigidos por un líder al que llamaban “capitán”.


Cortés no era “hombre de armas”, era más un leguleyo que había sido expulsado de la Universidad de Salamanca por el bajo desempeño académico (no terminó).  No traía soldados, sino mercenarios que habían sido contratados por los inversionistas  de la expedición para “rescatar oro”, o inversionistas que personalmente participaban, solos o con esclavos y subalternos. A esta gente se le llamó “capitán”, pero tampoco eran “hombres de armas” como los verdaderos capitanes de los tercios que existían en Europa.


La invasión de España a los pueblos del continente Ixachillan (nombre en lengua náhuatl), desde Colón hasta la última expedición, fue producto de la iniciativa privada de inversionistas y aventureros. La corona nuca financió las expediciones (ni el primer viaje de Colón, lo de “las joyas de la reina” es solo otro más de los mitos hispanistas”). La corona solo otorgaba permisos para “rescatar oro o fundar” a cambio del 20% de lo robado, a lo que llamaron con eufemismo “el quinto real”.


La historia hispanista nos ha hecho suponer que Cortés era un “capitán”, que traía un ejército con soldados, mandos, uniformes, insignias, banderas  y que dependía de la corona española, totalmente falso. Los viajes de Colón, como todas las expediciones españolas fueron financiados por inversionistas. La conquista de América fue una EMPRESA PRIVADA, la colonización en cambio fue un acto imperial.


Eran un conjunto de inversionistas y una padilla de aventureros que no eran militares, no venían enviados por la corona, solo tres sabían leer y escribir. Lo único que los “uniformaba” era su codicia, ser ladrones y asesinos, además de estar permanentemente en luchas internas por el poder y el despojo de lo robado. A tal punto, que en su momento trataron de matar a Cortés, quien tuvo que traer una “guardia personal” para protegerlo de sus propios compinches.


Al término de la Batalla de Tenochtitlán Cortés envía a un puñado de españoles con miles de “aliados y vencidos” anahuacas a “visitar” es los tlatoanis de los Altépetl en busca del oro. Así es como comenzó la verdadera conquista del Cem Anáhuac. La dirigieron un puñado de españoles que más o menos obedecían a Cortés, -entre sus traiciones y luchas de poder-, y decenas de miles de guerreros tlaxcaltecas, texcocanos, mexicas, xochimilcas, etc. El caso de la traición a Cortés por Cristóbal de Olid es el ejemplo clásico de las relaciones entre los mercenarios.


Así como relatamos como Ixtlilxóchitl se pasó voluntariamente al bando de Cortés, así mismo lo hicieron muchos Tlatoanis en todo el Cem Anáhuac. Para no perder el poder en sus Altépetl y mantener sus privilegios y canonjías, aceptaron, no solo sumarse a los españoles, sino aceptar su religión, su idioma, su cultura y mantenerse en el “nuevo orden” como autoridad. 


Esto fue hecho por convicción, como el caso referido de Ixtlilxóchitl o por simulación, como el caso tlatoani zapoteco de Tehuantepec, Cocijopij, quién no solo se convirtió a la religión católica y fue bautizado, sino para demostrar su devoción religiosa a los españoles, pagó de su propio patrimonio la construcción del templo y convento de Santo Domingo de Guzmán en Tehuantepec, pero siguió en su casa profesando la religión ancestral, hasta que fue descubierto por la Santa Inquisición.  

  


Debe recordarse que, a lo largo de toda la Colonia, el número de españoles o peninsulares fue muy bajo. En el censo de 1800 se reportan 15 mil peninsulares en el Virreinato. Por lo que en las primeras tres décadas después de la caída de Tenochtitlán, muchos tlatoanis se mantuvieron en el poder en el nuevo orden colonial y fueron desplazados poco a poco, conforme los peninsulares, los criollos y hasta los mestizos empezaron a ocupar los puestos de autoridad, especialmente en los lugares más alejados e inaccesibles de la Ciudad de México y ciudades del interior del virreinato.


Esta “conversión” de las autoridades resultó ser un factor muy importante en la conversión de los anahuacas “del ala y la cola”, es decir, de los masehuales que veían como la clase dirigente abrazaba la cultura y religión de los invasores. Se transformaban y trataban, no solo  de hablar, vestir y comer, igual que los conquistadores-colonizadores, sino que empezaron a asumir sus valores y principios como propios.


En efecto, la propiedad privada, el comercio, el consumo de alcohol y los productos “de castilla”, así como la explotación de los masehuales, fue el nuevo orden al que se “adaptaron” y comenzaron a jugar el papel de “colonizados-colonizadores”, es decir, aceptar sumisamente la explotación del colonizador, pero en la primera oportunidad, jugar el papel de feroz colonizador con aquellos que están más abajo en la escala social del sistema colonial.




Esta práctica viciosa y perversa nos ha hecho mucho daño. Ha permitido la formación de una cultura “mestiza” de abuso y violencia. Una cultura de la ilegalidad, la corrupción y la simulación. Una sociedad de “vencedores y vencidos”. De “chingones y chingados” hasta en el más mínimo espacio, acabando con nuestra cultura de respeto, solidaridad y fraternidad.


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martes, 11 de marzo de 2014

CÓMO ES QUE SUCEDIÓ 1/3


Durante los primeros 25 años de mi vida, el sistema educativo SEP/UNAM, el de mi propia familia y el círculo social, me enseñaron una “Historia de México” colonizada e hispanista, muy confusa, aburrida y lejana. Los griegos, los romanos y la revolución francesa estaban más cerca de mí.


Este país surgió gracias al valor de un puñado de europeos que lucharon contra cientos de miles de aborígenes salvajes, caníbales e idólatras. Posteriormente, gracias a la presencia de piadosos religiosos, “medio se educó y civilizó a los indios”. Y por la “visión”, capacidad y trabajo de esforzados españoles se logró hacer producir la tierra y generar riqueza. 


El origen de “mi cultura y mi país”, según lo enseñado por el sistema, era de hombres españoles y de la cultura occidental. Y la lucha se mantenía en el esfuerzo nacional de integrar a los mexicanos que no tenían “la cultura occidental” y por tal, eran pobres y generalmente belicosos insurrectos.


Fue hasta que viví dos años en Europa, que me di cuenta de que mis raíces más profundas, mi identidad más primigenia no estaba allá. No era que fuera superior o inferior a los españoles, lo que me di cuenta es que era totalmente diferente en “lo profundo y en lo esencial”.


Me di cuenta que había vivido perdido 25 años en un “laberinto de la desolación” de no saber en realidad quién era yo. Fue entonces que regresé en la búsqueda de mi “rostro propio y corazón verdadero” y empecé a buscar “la salida del laberinto”. “Aquel por quien se vive” en su designio inescrutable me mandó a Oaxaca, donde nací espiritualmente y desde entonces he quedado atrapado por la mágica fuerza telúrica de sus generosas montañas. 


Gracias al trabajo cultural, a las vivencias con los pueblos y culturas indígenas, y desde luego, a “maestros” que me enseñaron a ver, sentir y comprender lo que la colonización no me permitía percibir de mí mismo y de “mi realidad” encontré a la Toltecáyotl. Tuve que vencer cinco siglos de ideología colonial, de mentiras infames y dolosas verdades a medias.


Descubrí entonces una increíble civilización que alcanzó grandes y profundos niveles de conocimientos a partir de una visión muy avanzada de la vida, el universo y su trascendencia en el plano espiritual. Donde el ser humano recibe la misión de colaborar con las fuerzas rectoras del universo para mantener el equilibrio y la armonía. 


Una civilización con objetivos muy elevados, en donde la ciencia y la espiritualidad se unen como un par de opuestos complementarios para impulsar y trascender la vida, tanto en el plano personal, familiar y comunitario.


Y aquí viene el punto. Cómo fue posible que se perdiera la continuidad cultural de más de siete milenios y medio, en tan solo cinco siglos. Qué fue lo que nos sucedió qué perdimos el camino que durante siglos nuestros venerables maestros nos enseñaron. 


El cual nos llevó a lograr el más alto nivel de bienestar humano para toda la población en la historia de la humanidad. Qué fue lo que nos sucedió que llegamos a estar en las miserables condiciones que hoy vivimos. Cómo es que se perdió tanta sabiduría colectiva, organización social y conciencia espiritualidad.


Fue gracias a las lecturas de visionarios como Guillermo Bonfil, Laurette Séjurné, Rubén Bonifaz Nuño y de una relectura crítica y analítica de “las fuentes históricas” y los historiadores hispanistas del sistema neocolonial, que empecé a descubrir la extraordinaria grandeza de nuestro glorioso pasado. Entendí el perverso proceso al que han sometido al pueblo para que pierda su memoria histórica y su identidad cultural y quede indefenso, amnésico y dócil, apto para cualquier injusticia y explotación.


A lo largo de estos años he tratado de encontrar la respuesta a partir de la investigación y reflexión crítica y analítica. Dejando atrás “la leyenda negra de España” y el lugar común de que “los españoles fueron los culpables”, sin menoscabo del innegable holocausto y el epistemicidio criminal que la corona española y algunos españoles hicieron en el Virreinato de la Nueva España (sin perdón y sin olvido). 


Pero también debemos tomar en cuenta que a partir de 1821 se ha continuado con el mismo “ejercicio del poder” por la oligarquía criolla. En esencia, nada ha cambiado en los últimos dos siglos de neo-colonialismo en “su país”. 


Es decir, lo mismo que se empezó a hacer en 1519 se ha mantenido hasta nuestros días a pesar de que Hernán Cortés y Malinche murieron, además de que la “corona española” desapareció y ha sido en los dos últimos siglos un triste remedo de lo que en su día fue.


Me siento comprometido a investigar y reflexionar sobre este importante tema. Por ahora, comparto un primer avance en el entendido que son las primeras reflexiones de lo que deberá ser un trabajo más profundo y compartido con los comprometidos. 


Hasta ahora, por lo menos encuentro siete causas muy importantes que influyeron en el proceso de colonización y retroceso cultural, la degradación social, la pérdida de la memoria histórica y la identidad cultural de nuestros pueblos. Estas causas generales concatenadas con causas específicas de carácter regional propiciaron el que hayamos perdido la sabiduría, claridad y fuerza de nuestra civilización Madre.


El investigar y conocer los orígenes de nuestros problemas de orden cultural nos permitirá encontrar las soluciones requeridas para erradicar los males. La auto crítica es esencial para conocer las causas. Comencemos por enumerarlas y luego tratar de describirlas.


1. Antes de la invasión, la transgresión filosófica y religiosa de la Toltecáyotl en el periodo Postclásico. 2. Después de la invasión, olvidar y no defender la práctica comunitaria, familiar y personal de las bases culturales de la Toltecáyotl. 3. Las autoridades surgidas del Estado Suyuano, ante la invasión y para mantener  su poder ilegítimo se aliaron a los extranjeros invasores. 4. Las autoridades y los líderes de opinión abrazaron la cultura, lengua y religión del invasor para mantener su estatus y posición social. 5. El mal uso y el abuso que se hizo de la milenaria herencia cultural del pueblo por el absoluto respeto y la estricta obediencia a las autoridades civiles y religiosas. 6. Gran parte de los pueblos asumieron la modernidad como proyecto propio y aceptaron su rol de “colonizador-colonizado”. 7. Empezó una lucha fratricida para lograr posicionarse a cualquier precio en la nueva sociedad colonial y posteriormente neocolonial perdiéndose el valor sagrado de la Vida y la cultura comunitaria. 




1. Antes de la invasión, la transgresión filosófica y religiosa de la Toltecáyotl en el periodo Postclásico.

El mito de “La partida de Quetzalcóatl” nos habla de que después de vivir “largo tiempo” en el Anáhuac, el “conocimiento envejeció” y desapareció en una estrategia concertada desde Nicaragua hasta el Norte de Estados Unidos, dejando la promesa de la restauración o “regreso” de Quetzalcóatl, el arquetipo cultural y símbolo de la sabiduría y la espiritualidad.


En el periodo Postclásico (850 a 1521) Alfredo López Austin afirma que algunas culturas trataron infructuosamente de rehacer la hegemonía lograda por los toltecas en todo el Cem Anáhuac en el periodo Clásico, pero por las armas. Se crearon los señoríos, las disputas y las guerras. El investigador a esta degradación le llama “el Imperio Suyuano”.  


Del año 850 aproximadamente al año 1440, en que toma el poder Moctezuma Ilhuicamina, podemos apreciar un lógico decaimiento cultural ante la partida o ausencia de los Venerables Maestros y la destrucción de casi todos los centros de conocimiento llamados ahora “zonas arqueológicas” del periodo Clásico. La “condición humana” es la imperfección y la “inercia de la materia” hizo que poco a poco, se fuera decayendo en la práctica comunitaria, familiar y personal, los valores y principios de la Toltecáyotl.


Pero la ascensión al poder de Moctezuma, y sobre todo, las ideas de cambio del Cihuacóatl Tlacaélel, trajeron grandes y dramáticas transformaciones del pensamiento filosófico y religioso de la Toltecáyotl en el pueblo mexica, sus aliados y los pueblos que iban dominando. Pero este cambio no se dio en todo el Cem Anáhuac, solo fue en los dominios de la Triple Alianza que eran muy limitados, el Altiplano Central y una parte pequeña de la costa del Golfo de México en la zona cultural totonaca.



 

Como los mexicas iban en un periodo de expansión, pesaba sobre el futuro inmediato el final del Quinto Sol, “inminente desde la partida de Quetzalcóatl” en el 850. Así que cada 52 años llegaba la fatídica fecha de “uno caña”. Tlacaélel decidió cambiar la historia antigua del Cem Anáhuac en donde ellos aparecerán como el pueblo elegido e hicieron suyo el ancestral mito de la partida de Aztlán y la búsqueda de la “tierra prometida”. Mito fundacional, por cierto de carácter universal, que no podía encarnarlo el último pueblo en llegar al Altiplano Central.


No solo cambió las bases espirituales de la Toltecáyotl, sino “bajó” de nivel a Quetzalcóatl y subió en su lugar a su numen tutelar Huitzilopochtli, vinculándolo como “par de opuestos complementarios” con Tláloc. Ordenó la destrucción de los códices antiguos toltecas. La Batalla Florida de carácter personal la cambió por una guerra permanente contra sus vecinos para someterlos e imponerles fuertes tributos. El sistema de educación se transformó en escuelas militares. La sociedad y la religión se militarizaron. Se empezó a usar el cacao como instrumento de cambio y se desarrolló el comercio. Se empezó a usar la propiedad privada a partir de logros militares y riqueza de los pochtecas.


El sacrificio interno espiritual se cambió por el sacrifico de seres humanos tomados prisioneros en las “batallas floridas mexicas”. La propuesta ideológica de Tlacaélel resultó grotesca pero efectiva…temporalmente. Los mexicas se asumieron como “El Pueblo del Sol” y se abrogaron el “sostenimiento” del Quinto Sol a partir de los sacrificios humanos. Asegurando larga vida a la Triple Alianza y al mundo donde ésta se expandía. Pero eso solo fue en un limitado espacio, no en todo el Cem Anáhuac y sobre todo, fue por un periodo muy corto de tiempo. La expansión del imperio duró de 1440 a 1521, es decir, tan solo 81 años.



Primero el discurso de los conquistadores y después el discurso de la oligarquía criolla en el periodo neocolonial, han querido generalizar las practicas decadentes mexicas a todos las culturas y la milenaria historia del Cem Anáhuac, lo cual es totalmente falso. También pretender hacer creer que “eran super poderosos”, falso. Que hacían miles de sacrificios humanos, falso. Que eran politeístas, falso. Que tenían sojuzgados a todos los pueblos y culturas del Cem Anáhuac, falso. Que eran un pueblo esclavizador, falso. Que eran caníbales, falso.


Existen respetables corrientes de pensamiento que niegan categóricamente los sacrificios humanos de los mexicas. “No se puede tapar el Sol con un dedo”.  El ser humano en todos los lugares y en todos los tiempos ha hecho y sigue haciendo sacrificios humanos, no solo los mexicas. En esos en la península ibérica también se hacían, solo que se les llamaba “autos de fe” y hoy se siguen haciendo, solo que se llaman “daños colaterales” de la guerra y de la economía. 



En el México contemporáneo, según la UNICEF mueren cientos de niños diariamente por problemas generados por la miseria.


De no conocer y entender la decadencia y transgresión de la Toltecáyotl en el Cem Anáhuac. Decadencia, en los más de cinco siglos (850-1440), desde la partida de Quetzalcóatl del Anáhuac a la expansión de la Triple Alianza. Transgresión, desde el ascenso al poder de Moctezuma Ilhuicamina a la caída de Tenochtitlán. No se puede entender la conquista. No es posible que solo 850 europeos hayan podido vencer a varios cientos de miles anahuacas. Los hechos militares estuvieron a cargo de los anahuacas en los dos bandos. Las intrigas, las mentiras y las discordias creadas entre los pueblos estuvieron a cargo de Malinche y Hernán Cortés, justamente por la transgresión a la Toltecáyotl y la sustitución religiosa-filosófica de Huitzilopochtli por Quetzalcóatl.


Si los mexicas no hubieran transgredido la religión y la Toltecáyotl, como los mayas, los europeos no habían podido conquistar tan fácilmente el Cem Anáhuac y no hubieran aceptado la religión y la cultura del invasor-conquistador-colonizador. La resistencia cultural sería más fuerte de lo que ha sido. Resistencia cultural como la que han mantenido los pueblos mayas, oaxaqueños, huicholes, yaquis, tarahumaras, mayos, por citar algunos ejemplos.


Se puede observar en el actual mosaico cultural de México, que los pueblos que aceptaron el cambio religioso-filosófico de Quetzalcóatl por Huitzilopochtli, especialmente los nahuas del Altiplano Central, fueron los pueblos que aceptaron más fácilmente el cambio religioso cultural de la cristianización-modernidad.


Continuará...


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