miércoles, 17 de noviembre de 2010

“Quién son éstos que nos deshacen y perturban e viven sobre nosotros y los tenemos a cuestas y nos sojuzgan”


Lo que hoy es México fue la cuna de la civilización que logró el más alto grado de Desarrollo Humano para todos sus miembros en la historia de la humanidad.


Por lo menos desde el año 1500 a.C., la alimentación, la salud, la educación y la organización social, hasta la invasión europea fueron muy superiores al nivel y calidad de vida de todos los pueblos europeos.


Aún en 1519, en el periodo decadente o Postclásico (850-1521 d.C.), la calidad de vida de un habitante promedio de Tenochtitlán, era con mucho, superior al de una habitante promedio de Madrid o París de aquellos tiempos. Más aún en los mil años de esplendor del Anáhuac (200 a.C.-850 d.C.).


Sin embargo, debido a la invasión y colonización permanente que han sufrido durante cinco siglos los pueblos y culturas del Anáhuac, la calidad y nivel de vida esta muy por debajo de los estándares de los países que proporcionalmente, desde el punto del tamaño de su economía, son similares a México.



Los criollos en el poder desde 1821, actualmente representan aproximadamente el 10% de la población y poseen casi el 40% de la riqueza nacional, existen 85 mil “mexicanos” con más de un millón de dólares y tienen al hombres más rico del mundo en un país de pobres, (un “mexicano” llamado Carlos Slim Helú). Del otro lado, los pueblos anahuacas poseen tan solo el uno % de la riqueza de la nación. Según la Universidad Iberoamericana, más de 20 millones no tiene garantizado el alimento cotidiano, el 72% no cubre las necesidades básicas, somos el país que consume más refrescos embotellados del mundo y por consiguiente el que tiene más enfermos de diabetes, el país que más anuncios de alimentos chatarra permite en la tv. en el horario infantil y por consiguiente, tenemos un grave problema de obesidad infantil. Por otra parte, los gobiernos criollos se han caracterizado históricamente por ser incompetentes, corruptos, traidores. Somos con Haití, el país de mayor injusticia social del continente.



                  ¿Cómo ha sido posible esto?



Básicamente por medio de dos grandes estrategias. La primera a través de la OCUPACIÓN cinco centenaria: es decir, tres siglos de Colonia por los españoles y dos siglos de neocolonialismo por los criollos. Primero se destruyeron las estructuras propias del milenario desarrollo humano anahuaca. Es decir, se destruyeron LAS LEYES, INSTITUCIONES Y AUTORIDADES propias de los pueblos invadidos y se impusieron: leyes, instituciones y autoridades coloniales para favorecer los intereses de los extranjeros y la corono española. Los criollos se independizaron de los gachupines y de España en 1821, pero han mantenido maquillado el feroz sistema colonial de EXCLUSIÓN. Todo cambió hace dos siglos para seguir igual, solo que “más modernos”.


La segunda estrategia ha sido la colonización mental y cultural para que los pueblos anahuacas perdieran: la lengua, la memoria, los conocimientos, los espacios y la espiritualidad que milenariamente los caracterizó. De modo que: mudos, ignorantes de sí mismos, estúpidos e inseguros, sin arraigo y en “el aire”, y finalmente, fanáticos e idólatras de una religión ajena y manipulada por sus opresores, los pueblos descendientes de la civilización y culturas del Anáhuac, se han convertido en carne de cañón y han vivido una actitud esquizofrenica de “colonizador-colonizado”. Despreciando lo propio y exaltando lo ajeno. Tratando a toda costa en convertirse en otro explotador, en vez de liberarse a sí mismos y a su pueblo.


En otras palabras “la Patria patriotera de los criollos”, que tiene doscientos años de existencia, se ha apoderado de “la Matria anahuaca”, para explotarla y depredarla exaltando el malinchismo, la ignorancia y la corrupción entre el pueblo. Un país de ignorantes sin ley y sumidos en la corrupción, la violencia e impunidad; en el que, “el que tiene más saliva, traga más pinole”, y en el que “el pez grande devora al chico”. Es decir, los criollos nos aplican "la ley de Herodes" y nosotros a los que se dejan. Una sociedad de vencedores y vencidos, "el paraíso de los vívales y abusadores". 


Esto es lo que nos ha sucedido en estos cinco siglos. La “historia oficial” y los historiadores del sistema colonial han logrado que los anahuacas seamos: “mexicanos, extranjeros incultos en su propia tierra”. Pero esto que ha sucedido tiene que cambiar y los bien nacidos, los verdaderos hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas, los herederos CULTURALES de la Toltecáyotl. Sean indígenas, mestizos, criollos o extranjeros, tenemos que romper las cadenas de la ignorancia y la violencia colonizadora, para cambiar el destino de la nación.


Y como ejemplo, está la lucha que en el siglo XVI llevaron un español y un anahuaca. Me refiero a Fray Bartolomé de las Casas, quien valientemente se opuso, luchó y denunció los crímenes de Lesa Humanidad que estaban cometiendo los conquistadores y colonizadores en la invasión de América.



"Otra vez, este mesmo tirano fue a cierto pueblo que se llamaba Cota, y tomó muchos indios he hizo despedazar a los perros quince o veinte señores y principales, y cortó mucha cantidad de manos de mujeres y hombres, y las ató en unas cuerdas, y las puso colgadas de un palo a la luenga, porque viesen los otros indios lo que habían hecho a aquellos, en que habría setenta pares de manos; y cortó muchas narices a mujeres y a niños". Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias.


Y al Señor de Texcoco, Carlos Ometochtzin Chichimecatecatl quien en 1539 fue enjuiciado y quemado vivo por la Santa Inquisición, por públicamente oponerse a la OCUPACIÓN y COLONIZACIÓN europea del Anáhuac. Tomamos dos párrafos de -los dichos del inculpado-, de los documentos con los que se le juzgó.


“¿Quién son éstos (los españoles) que nos deshacen y perturban e viven sobre nosotros y los tenemos a cuestas y nos sojuzgan?”


Creo que sintetiza el mal que hemos vivido desde 1521. Y refiriéndose a la Iglesia Católica y al desorden social que vivieron a imponer y en el que seguimos viviendo para beneficio de los colonizadores refiere:


“huyamos de los padres religiosos y hagamos lo que nuestros antepasados hicieron, y no haya quien nos lo impida: en su tiempo no se asentaban los maceguales en petates ni en equípales, agora cada uno hace y dice lo que quiere: no había de haber quien nos impidiese ni fuese a la mano en lo que queremos facer”…


En síntesis, es la ignorancia de nosotros mismos, de nuestra historia verdadera, de nuestros ancestrales valores, actitudes, tradiciones y costumbres, por lo que hemos caído en la desolación, la ignorancia y la anarquía, campo fértil de nuestros opresores. El conocimiento de quienes somos en verdad a través de la educación, es lo que nos puede acabar con la ocupación y la colonización de nuestra Matria.

Más información http://www.toltecayotl.org/

miércoles, 10 de noviembre de 2010

TOLTECAS Y LA TOLTECÁYOTL



Mucho se ha escrito de los “toltecas” y en verdad poco se sabe de ellos. Se ha dicho –equivocadamente- que fue un “pueblo o cultura” y generalmente se confunden con las historias del periodo Postclásico decadente del Anáhuac (850-1521 d.C.)



Los toltecas fueron un linaje de conocimiento de la sabiduría ancestral del Cem Anáhuac. Es decir, tolteca es un “grado de conocimiento” de la Toltecáyotl. Todas las civilizaciones antiguas con origen autónomo tuvieron una “estructura de conocimiento” que les permitió desarrollar el “andamiaje cultural” con el cual transformar el mundo y darle significado, tanto en la material como en lo inmaterial. La Toltecáyotl es la suma sistematizada de los conocimientos de la civilización anahuaca por lograr “el equilibrio”, tanto en el plano material exterior, como en el plano inmaterial interior.



Toltecáyotl será entonces el “arte de vivir en equilibrio” y por eso “tolteca” es, -simbólicamente-, “el artista” entre los artistas. El que hace brotar los rostros propios y los corazones verdaderos, el que ilumina como una tea que no humea, “el maestro” entre maestros.



De modo que existían en el Cem Anáhuac un puñado de toltecas provenientes de todos los pueblos y culturas. Estos hombres y mujeres de conocimiento estudiaban y practicaban los conocimientos de la Toltecáyotl, en el periodo Clásico, en lo que hoy conocemos como “zonas arqueológicas” y que nunca fueron palacios, fortalezas, ciudades o “centros ceremoniales”. Sino, centros de investigación y estudio de las posibilidades humanas en torno a parámetros energéticos que hoy la ciencia occidental empieza a percibir. El centro irradiador de la Toltecáyotl fue Teotihuacán lugar en donde “los seres humanos alcanzaban la divinidad”.



La Toltecáyotl y los toltecas, seguramente surgieron desde el periodo Preclásico. Evolucionaron desde ser nómadas, cazadores, recolectores; pasando por sedentarios agricultores hasta lograr desarrollar y construir un complejo sistema de conocimientos y valores que les permitieron resolver sus problemas existenciales de carácter material de manera eficiente, para pasar a plantear la solución de los problemas existenciales de orden inmaterial o de trascendencia, con la llamada cultura olmeca.



En efecto, los llamados olmecas o conocedores “de la medida del movimiento”, fueron los primeros “maestros” que empezaron a estructurar lo que conocemos como Toltecáyotl. Es interesante observar que a lo largo de la historia anahuaca, desde aproximadamente el año seis mil u ocho mil antes de la era cristiana, existió una línea de pensamiento unificador que estructuró y permeó los tres periodos (Preclásico, Clásico y Postclásico) con una misma raíz filosófica cultural, que se puede observar en la arquitectura, iconografía, rituales, valores, usos y costumbres de todos los pueblos anahuacas, aunque totalmente diversificada a través de sus pueblos y culturas en el espacio y en el tiempo anahuaca. El maíz y Quetzalcóatl son los símbolos por excelencia de la realidad “material y espiritual” del Anáhuac.



Por ello, Quetzalcóatl no fue ni un personaje y menos “un dios” como lo dijeron algunos pueblos anahuacas del periodo Postclásico, y los conquistadores respectivamente. Quetzalcóatl en cambio es un símbolo filosófico y un arquetipo humano como lo han tenido las otras civilizaciones antiguas de la humanidad.

La Serpiente Emplumada olmeca


Porque podemos observar en la cultura olmeca en el año 1200 a.C. en Chalcatzingo, Morelos a la “Serpiente Emplumada” esculpida en los grandes peñascos de la zona arqueológica. Pero también lo apreciamos en Teotihuacan en el año 200 d.C. en el periodo Clásico, y aún en la Gran Tenochtitlán en el periodo Postclásico con los mexicas en 1500 d.c. De modo que no pudo ser un ser humano. Tampoco fue un “dios”, pues sabemos que en la religión anahuaca no existían dioses. Solo se percibía una divinidad suprema que no tenía forma, nombre y no podía ser representada. Sin embargo, existían múltiples manifestaciones o advocaciones de su inconmensurable poder y presencia. Estas múltiples advocaciones de lo desconocido, innombrable, invisible e impalpable, los colonizadores de ayer y de hoy, por ignorancia o por dolo les han llamado “dioses” para justificar su erradicación y la imposición de su evangelio, y los investigadores, su errados y desafortunados trabajos, que reducen la Toltecáyotl a un puñado de idolatrías y “primitivas creencias”.


                                       La Serpiente Emplumada tolteca

Pero la realidad es otra. “El Quetzalcóatl” nos esta hablando de una figura filosófica o de una aspiración humana por encontrar “el equilibrio” a través del uso correcto de “la medida”. Para la Toltecáyotl el ser humano metafóricamente se divide en cuatro partes a partir de “su centro” o llamado “co” en lengua náhuatl, que significa “ombligo”. Del ombligo a la cabeza simboliza el cielo y el Espíritu, se representa con el Quetzal el ave más bella que remonta las alturas deseadas por el ser humano. Del ombligo a los pies simboliza la Tierra y la materia, se simboliza con una serpiente que en lengua náhuatl se dice “cóatl”. De modo que “Quetzal-cóatl” significa filosóficamente la unión y el equilibrio entre el Espíritu y la materia. Las otras dos partes vienen de la división longitudinal del ser humano en la parte derecha o tonal y la parte izquierda o nahual, que representan del mundo y del individuo respectivamente: El Sol, lo masculino y la razón; y la Luna, lo femenino y la intuición.

                                        La Serpiente Emplumada mexica

Quetzalcóatl, la Toltecáyotl y los toltecas son la parte más decantada, -“el fruto florecido”-, de la civilización del Anáhuac y que hasta la fecha, poco se sabe de este portentoso conocimiento que dio sabiduría, dirección y continuidad a más de tres mil quinientos años de Desarrollo Humano en el Cem Anáhuac.



De esta manera podemos afirmar que los maestros “toltecas olmecas”, tuvieron su continuidad con los maestros “toltecas mayas, zapotecos y nahuas”, por citar solo tres de las diferentes culturas del Anáhuac. Sin embargo, a partir del “colapso del periodo Clásico” alrededor del año 850, “los toltecas” desaparecieron del tlaltipac o faz de la tierra, destruyendo sus numerosos centros de conocimiento y encubriendo su milenario conocimiento. Dejando la profecía que regresarían a restaurar la armonía y el equilibrio en el Anáhuac en el año uno caña, que se repite cada 52 años.



El mito o metáfora de que Quetzalcóatl es que fue engañado y derrotado por su contraparte Tezcatlipoca, quien logro vencer “las defensas” que lo protegían en su palacio y le entregó un espejo como regalo, el cual al verlo Quetzalcóatl, “encontró a un anciano” y por lo cual se trasgredió y pecó, perdiendo su pureza. Motivo por el cual abandonó el Anáhuac. La metáfora nos sugiere que el conocimiento “envejeció” y tuvo que “retirase” temporalmente para “restaurarse” con la promesa de que regresaría para restablecer la armonía y el equilibrio.



Tiempo después, el recuerdo de Quetzalcóatl y sus enseñanzas empezar a transformarse y corromperse con las sucesivas generaciones. Algunos pueblos transformaron los ancestrales mitos y los ajustaron a “su historia”, en la cual aparece Quetzalcóatl como un dios o un personaje. Este nuevo periodo se conoce como Postclásico y el “recuerdo” de Quetzalcóatl se irá transformado según los intereses de los grupos de poder. En efecto, durante el periodo Clásico existió un periodo de paz y los pueblos vivieron en armonía y equilibrio durante más de diez siglos guiados por los venerables maestros toltecas y la sabiduría de la Toltecáyotl. Floreció la cultura en su diversidad pero mantuvo su raíz filosófica y sobre todo, una unidad cultural asombrosa.



Esta “unidad en la diversidad cultural”, no solo se manifestó en los múltiples idiomas, manifestaciones religiosas, arquitectura, iconografía, arte, alimentos, vestido, etc. Sino fundamentalmente en el aspecto filosófico. Una región tan extensa como el Cem Anáhuac y con tantos pueblos diferentes, mantuvo la unidad cultural en base a la matriz filosófica cultural que representó la Toltecáyotl. El tolteca, no importaba que hablara lengua náhuatl, maya o zapoteco, hablaba de los mismos conceptos filosóficos y mantenía los mismos valores y principios. Lo que permitió que todos los pueblos fueran diferentes pero hermanados por las mismas elevadas aspiraciones existenciales.

Ocho Venado conquistador mixteco

A partir del Siglo X en el Anáhuac se inició la búsqueda de “re-construir” esta asombrosa unidad cultural que duró un milenio, pero ya no con la sabiduría, sino con las armas y las alianzas entre pueblos y linajes familiares. En la ausencia de los toltecas algunos pueblos y líderes trataron de reunificar esta totalidad cultural. Los mayas, los mixtecos, los purépechas y finalmente los mexicas lo intentaron, pero con logros parciales y limitados en tiempo y espacio hasta la llegada de los invasores europeos.



Sin embargo, es importante señalar que los toltecas solo “desaparecieron” del tlatipac, pero nunca se extinguieron o se acabo la toltecáyotl. Los toltecas siguieron con el desarrollo de la Toltecáyotl, pero ahora fuera del mundo cotidiano e inmediato. Los toltecas han seguido sus linajes de conocimiento a través del tiempo. Su capacidad e impecabilidad los ha hecho ser “invisibles” en medio de los tumultos de la colonia y el México independiente, llegando hasta nuestros días impecables e inmaculados. Por otra parte, La Toltecáyotl ha seguido viva en el subconsciente de los pueblos y culturas de lo que hoy conforma México.



Finalmente los historiadores colonizadores desde Clavijero hasta los contemporáneos –nacionales y extranjeros-, han hecho de los “toltecas” un pueblo y una cultura. Cosa que es un equivoco y una muestra del desconocimiento y desprecio con el que han “investigado y estudiado” el pasado ancestral de nuestra civilización. Actualmente en el mosaico multiétnico de la nación, no aparecen los “toltecas” dentro de los 62 pueblos originarios. Sí fueron un pueblo, y éste fue tan importante, cómo es posible que no exista en la actualidad, cuando encontramos pueblos como los tacuates que, a pesar de su relativa importancia en el “pasado indígena de la nación”, permanecen y han sabido sobrevivir a su muerte histórica. Los toltecas nunca han sido un pueblo ni una cultura, sino un grado de conocimiento de la Toltecáyotl.



Lo cierto es que los toltecas ocultaron sus conocimientos. No sabemos la razón, pero la destrucción de lo que hoy conocemos como zonas arqueológicas del periodo Clásico, no solo representó un formidable esfuerzo, sino es el símbolo irrefutable de que su conocimiento se “encubrió”, pero que ha seguido en pleno y permanente desarrollo. El hecho de que la cultura dominante no lo pueda conocer y manipular esta sabiduría, no implica necesariamente que no exista. Solo se ha mantenido fuera de “la realidad o mundo conocido” de la cultura dominante.



La Toltecáyotl y los toltecas son el mejor recurso que tenemos para construir un país de justicia, igualdad y humanismo. Representa el Patrimonio Cultural más importante que hemos heredado de los más de siete mil quinientos años que conforman el pasado del Cem Anáhuac. La profecía de su retorno sigue viva en el subconsciente y en el corazón de los pueblos que conforman el “México” de nuestros días.



Bibliografía recomendada sobre el tema:

“Toltecáyotl: aspectos de la cultura náhuatl”.
Miguel León-Portilla FCE. Méx. 1983.

“Historia Verdadera del México Profundo”.
Guillermo Marín. www.toltecayotl.org
Sección Libros.

viernes, 5 de noviembre de 2010

HIEROFANIAS DEL ANÁHUAC


Los antiguos mexicanos forman parte de una sola civilización, por más culturas diferentes que han existido en tiempo y espacio en el Anáhuac. Lo que implica, fundamentalmente, que compartieron una misma matriz filosófica cultural.


Este conjunto de ideas que explica la vida y la muerte y su relación con la naturaleza, el universo, así como el sentido sagrado y divino de la existencia, en lo fundamental, no es muy diferente de las otras cinco civilizaciones Madre del planeta. En efecto, cuando un ser humano o un pueblo han llegado a un estadio superior de desarrollo, cuando han satisfecho las necesidades básicas de subsistencia material, necesariamente buscan darle significado a su vida y trascender su existencia en el plano espiritual, sagrado y divino. Porque la toma de conciencia de un mundo real y significativo se halla en íntima relación con el descubrimiento de lo sagrado.


Aunque la agricultura se inventa en el Cem Anáhuac hacia el sexto milenio antes de la era cristiana, la Cultura Madre aparece decantada y con su propia personalidad, entre los estados de Veracruz y Tabasco alrededor del año mil quinientos a.C. Los olmecas nos dejaron testimonios de las bases de lo que será la civilización del Anáhuac. En el Período conocido como Formativo o Preclásico, los Viejos Abuelos desarrollaron y perfeccionaron los sistemas: alimentario, de salud, de educación y de organización social, que serán los cimientos estructurales de donde se desprenderá lo que más adelante se conocerá como Período de Esplendor o Clásico, que comprende del 200 a.C. al 850 d.C.




Los toltecas llevarán al cenit civilizatorio el proyecto filosófico del Cem Anáhuac que iniciaron los olmecas. Testimonio de esta continuidad “filosófico-cultural-sagrado-divina” la podemos apreciar en la iconografía, que nos presenta los diseños y símbolos fundamentales que dejaron esculpidos, labrados, pintados o bordados: como el quincunce, la serpiente emplumada, el jaguar, el águila y la dualidad divina a partir del par de opuestos complementarios que “humanizan” al mundo y que se observan claramente a través de dos perfiles encontrados de dos serpientes o dos quetzales. Y por supuesto el sistema constructivo de pirámides truncadas, juegos de pelota, patios cuadrados flanqueados por cuatro habitaciones, estelas, esculturas en tres dimensiones y un largo etcétera, que llegará casi intacto y con pequeñas variantes hasta la misma llegada de los españoles.




Poca gente observa estas similitudes que se mantuvieron por lo menos tres milenios, no solo en el Cem Anáhuac, sino que asombrosamente, lo comparten todos los pueblos indígenas desde Alaska hasta Tierra del Fuego; pero que la visión eurocentrista y colonizadora nunca ha aceptado que en estas tierras existían antes de la invasión, pueblos con una civilización mucho más adelantada que la europea de aquellos tiempos. Y lo que también es importante señalar, que todos los pueblos compartían una misma matriz “filosófica-cultural-divina-sagrada”. Los colonizadores siempre han estudiado a los pueblos y culturas invadidas por sus diferencias, no por sus semejanzas. Las cuales son muchas y muy asombrosas.


Pero el punto de esta reflexión es la necesidad de conocer la estructura del pensamiento filosófico-religioso del Anáhuac, para que a partir de su esencia y su raíz, podamos entender y visualizar el tronco y la fronda del proyecto civilizatorio que eminentemente es de carácter sagrado y divino. Este desafío es fundamental para entender de raíz nuestra civilización Madre y acabar para siempre la paupérrima visión colonizadora. La Hermenéutica del México Antiguo se nos presenta como una próxima tarea urgente a emprender.


Nuestros antepasados más remotos, después de haber logrado satisfacer las necesidades básicas de subsistencia, enfocaron toda su capacidad, talento y sensibilidad para trascender los limitados espacios materiales de la vida y penetrar a los insondables campos del Espíritu Humano, el Universo y llegar a la fuente primigenia, es decir, despegarse del mundo profano y entrar al universo de los sagrado y de lo divino. La toma de conciencia de la sacralidad del mundo y de la vida, liberan al ser humano de su estado animal-profano, donde satisfacer sus necesidades materiales es todo cuanto existe en el perímetro de su existencia elemental. La conciencia de un mundo sagrado y la sacralidad de la vida humana permitieron a los Viejos Abuelos crear su portentoso universo cultural. La conciencia de lo sagrado fundamenta ontológicamente la existencia de la Civilización del Anáhuac. El Anáhuac empieza a ser mundo en la medida en que se devela su sacralidad y el ser humano deja de ser un animal con necesidades básicas materiales, hasta que toma conciencia de su potencial espiritual, su sacralidad y su misión en la vida y el universo.


Lo hicieron los egipcios, los mesopotámicos, los chinos, los indios y por supuesto que también lo hicieron nuestros Viejos Abuelos.


Este conocimiento es el legado más importante que hemos heredado de miles de años de evolución y desarrollo humano. A este conocimiento los Viejos Abuelos le llamaron TOLTECÁYOTL y se entiende como el legado de los toltecas. Nuestra incapacidad para entender lo más preciado de nuestro legado histórico-cultural, deviene en parte de que actualmente vivimos en una cultura materialista, desacralizada y pragmática; y por supuesto, por el colonialismo mental, cultural y espiritual en el que hemos vivido los últimos cinco siglos.



Las bases de este conjunto de ideas es que la tierra es un ser vivo con conciencia y vive ciclos cósmicos. Que el ser humano y la Tierra están en íntima relación interdependiente. Que en la búsqueda de la perfección humana, la tierra sufre cataclismos y que reinicia de nuevo, con la experiencia acumulada del ciclo anterior. De esta manera, el sentido histórico es cíclico y no lineal. Este concepto se explica en el mito de la creación del Quinto Sol. El tiempo deja de ser ordinario y pasa a ser sagrado en la medida de que el ser humano toma conciencia de su responsabilidad y su misión en el mantenimiento del equilibrio energético y la pureza espiritual que debe de alcanzar.


Existe una fuente suprema de la energía creadora, invisible, impalpable, innombrable, que se inventó así misma. Este principio creador tendrá muchas advocaciones diferentes y representaciones parciales de su grandeza. Estas múltiples manifestaciones sacras los europeos las han traducido como “dioses”, pero no lo son. Pues en verdad actúan como representaciones parciales de la sacra totalidad.



De esta manera tenemos “expresiones parciales” de lo inconmensurable. No son dioses en el sentido Occidental, sino manifestaciones fragmentadas de una misma totalidad. Así que el Sol, la Luna, Venus, La Vía Láctea, el agua, el viento, el fuego, la dualidad, la serpiente emplumada, el jaguar, la serpiente, entre otros, son solo símbolos metafóricos de la divinidad que entra en contacto con los humanos y el mundo profano.


Existen siete puntos cardinales de la existencia humana. El ombligo o centro unificador del universo. Los cuatro rumbos de la existencia dirigidos a los cuatro puntos cardinales. Cada uno de ellos tiene un significado filosófico, religioso y esotérico. El cielo que cuenta con trece niveles hacia el cenit y el inframundo que posee nueve niveles hacia las profundidades.



El ser humano realiza su existencia material entre los primeros cinco puntos. Empieza a ser “trascendente” en la medida que toma conciencia de su potencial espiritual. En ese momento nace la historia y la cultura. Si logra equilibrar el par de opuestos complementarios que surgen de la relación Norte-Sur y Oriente-Poniente en el “centro unificador”, logrará la elevación y trascendencia. Pero si desarrolla más alguno de los opuestos complementarios, el desequilibrio lo arrastrará al abismo de la estupidez humana. De esta manera la búsqueda del “equilibrio” resulta uno de los elementos fundamentales para entender esta filosofía y su íntima relación con el quincunce, macuilxochitl o la cruz de Quetzalcóatl, revelaciones de una interpretación filosófica, religiosa y sagrada del Anáhuac.



El ser humano fue creado por el sacrificio de “los dioses”. Por ello se nombra “masehual”, que significa “merecido del sacrificio de los dioses” y en consecuencia su vida será un sacrificio espiritual permanente. El ser humano encuentra un significado a su vida, más allá de tener comida, vestido y techo. El mundo material profano es solo un medio para penetrar al mundo espiritual sagrado. Es precisamente la toma de conciencia de la sacralidad y la divinidad lo que nos hace humanos. Aquí se encuentra la base de nuestra civilización. Los dos grandes objetivos existenciales que tiene el ser humano son el de ayudar a los dioses al sostenimiento del universo y el de trascender su existencia material en el plano espiritual. Sin esta misión la vida del ser humano no tiene ningún sentido.



Del primero diremos que a diferencia de la cultura Occidental, donde Dios ha creado a su imagen y semejanza al ser humano y le entrega a la Tierra y todos los seres que en ella viven para su dominación, explotación y transformación. En cambio, los antiguos mexicanos interpretan a la Tierra como su “madre querida” y se ubican como sus pequeños hijos. Tienen como obligación, no solo velar por preservarla y mantener el equilibrio original, sino también “humanizarla” a partir de la energía espiritual que puede producir el ser humano a través de una vida virtuosa.



Este aspecto es muy importante. La humanización del mundo implica darle un sentido sagrado y divino “a todo lo que nos rodea”. Es solo el ser humano, quien puede hacer este milagro a partir de su potencial espiritual. Este es uno de los propósitos más importantes de la civilización del Anáhuac. Una misión que rebasa con mucho a un solo individuo, a un pueblo y a muchas generaciones. El concepto de una responsabilidad histórica y colectiva, seguirá viva aún en el periodo Postclásico decadente, aunque transgredido por las reformas ideológicas-religiosas del cihuacóatl mexica llamado Tlacaélel. Y nos explica cabalmente como fue posible realizar proyectos constructivos de más de un milenio de duración, como el caso de Monte Alban, que inició su construcción en el año 500 a.C y fue abandonado mil trescientos cincuenta años después en el 850 d.C.




El segundo objetivo civilizatorio es la búsqueda individual de la trascendencia existencial a partir de un trabajo muy decantado y difícil, que implica el dominio y conocimiento de sí mismo a partir enseñanzas muy sofisticadas de carácter hermético. En el que básicamente se toma al mundo y a los seres humanos como cargas energéticas y productores de energía.




A este segundo objetivo le llamaron los toltecas simbólicamente “La Guerra Florida”. Los valientes que la emprendían se les llamaban “guerreros” y según su carga energética podían ser águilas o tigres. Sus armas eran “flor y canto”, entendidos como belleza y sabiduría. El objetivo supremo de los guerreros de la muerte florecida era “hacer florecer su corazón” y darse como alimento espiritual a su pueblo.



Es importante apuntar que los Viejos Abuelos mantenían una cohesión social muy sólida y estratificada. Que existían “el ala y la cola” de la sociedad integrada por masehuales. Personas que vivían su vida de manera común y corriente. Campesinos, artesanos, servidores públicos y lo que podríamos identificar como especialistas en la medicina, la construcción, el arte, la ecuación, la religión, etc. Guiados por las sólidas bases sociales, religiosas y morales que les proporcionaban una reducida élite de personas que se dedicaban totalmente a el estudio, la investigación y sistematización del potencial espiritual-energético del ser humano. Estas elites vivían en los alrededores de los que hoy conocemos como “zonas arqueológicas”, que nunca fueron ciudades, palacios o fortalezas, como las mentes colonizadas e ignorantes presuponen en la “historia oficial”.



Lo que no han querido aceptar los colonizadores, es que los Viejos Abuelos poseían una profunda y decantada sabiduría humana. Tan importante como las producidas por las civilizaciones de Egipto, China o India. Que su proyecto civilizatorio estaba más allá de “la dominación y explotación” del mundo material. Que el potencial de su sabiduría estaba enfocado a alcanzar la aspiración más elevada de la conciencia humana. Nos referimos a trascender al plano divino y sagrado de la existencia a partir del desarrollo espiritual.



Los colonizadores desde el Siglo XVI hasta hoy, no aceptan que los pueblos originarios y los hijos de sus hijos posean la condición humana” y por supuesto, mucho menos reconocen el grado de desarrollo material que tenía la civilización del Anáhuac. Aún en el siglo XVI y en pleno Periodo Postclásico decadente los pueblos del Cem Anáhuac tenían mucha mayor calidad y nivel de vida que los pueblos europeos. Esta es una inmensa verdad que los “investigadores” no han querido ver y que echa por tierra todo el discurso cientista colonizador de la inferioridad cultural de los invadidos y conquistados. Veamos por qué:



La alimentación de los Viejos Abuelos era de mayor calidad nutricional y variedad. Poseían la “chinampa” que implica la más alta tecnología humana hasta nuestros días, para hacer producir intensivamente a la tierra todo el año. Inventaron el maíz a partir de las transformaciones biogenéticas que le hicieron al pasto llamado Teozintle. El sistema de salud había llegado a niveles de excelencia. Las trepanaciones, así como la sabiduría de lo que hoy llamamos herbolaria y el uso de las “plantas de poder” llegaba a todos. El concepto de higiene personal, habitacional y urbana, era más avanzada que en nuestros días. El sistema educativo encontrado en 1519, era muy superior al europeo. La educación popular tenía 3 milenios y en europea apenas inició en 1596. Los Viejos Abuelos vivían en una civilización escolarizada que duró milenios antes de la invasión. El sistema de organización social y régimen jurídico era tan eficaz y eficiente, que ha sobrevivido hasta nuestros días en el sistema de cargos de las comunidades indígenas y campesinas del México contemporáneo.




El mundo “material” del Anáhuac era mucho muy superior al europeo. El concepto de urbanismo que encontraron los invasores en la Gran Tenochtitlán en el siglo XVI, solo lo llegaron a tener las ciudades europeas hasta muy entrado el siglo XIX. Agua potable, el sistema reticular de las calles, calzadas, avenidas, canales, puentes, uso comunitario y gratuito del transporte, escuelas, hospitales, mercados, bibliotecas, museos, zoológicos, canchas deportivas, centros culturales, oficinas administrativas y un vasto etcétera.



Pero el “mundo material” es solo un espejismo para las conciencias decantadas. Cuando un individuo o un pueblo han llegado a un nivel de desarrollo existencial, buscan traspasar las sólidas murallas del limitado mundo material y penetran al inconmensurable y maravilloso mundo del Espíritu, de lo sagrado y de lo divino de la existencia. El mundo material es solo la base de despegue que requiere el “mundo espiritual” para trascender. Lo importante de la herencia de nuestros Viejos Abuelos es precisamente la sabiduría que se acumuló durante siete mil quinientos años para trascender nuestra existencia en el plano espiritual y que nuestros colonizadores no han podido ver por dolo y mucho menos comprender por incapacidad.



La riqueza cultural, nuestro mayor Patrimonio Cultural, no esta en las “ruinas materiales” de las llamadas zonas arqueológicas, ni en los “tesoros” que están guardados en los museos de todo el mundo. El gran logro cultural de nuestra civilización Madre se encuentra depositado en el corazón de cada uno de los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos. El Tesoro esta dado en “flores y cantos” que viven en nuestro “Ser espiritual”. En los sentimientos y en los pensamientos que como flores y cantos pueden ayudarnos a trascender este precario y caótico mundo material en el que ahora vivimos.



Es de esta forma que la TOLTECAYOTL se nos revela como el potencial cultural más importante que hemos heredado de nuestros antepasados. La sabiduría sistematizada sobre el potencial espiritual que está agazapada en el mundo cotidiano, en la llamada Cultura Popular, en los valores y principios de la educación familiar. Esta milenaria sabiduría que vive refugiada en las tradiciones, fiestas, usos y costumbres, es la que nos sigue dando “un rostro propio y un corazón verdadero” y es la que nos puede conducir a la liberación del oscuro, grotesco y deshumanizado mundo material en el que hemos caído estos últimos cinco siglos.


Hasta ahora los investigadores solo han hecho arqueología e historia del mundo material y profano del México antiguo. Son tiempos en que los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos hagamos arqueología del espíritu e iniciemos la reconstrucción de la historia sagrada del Anáhuac.            



Es necesario investigar, reordenar la información y crear nuevos conocimientos a partir de acercarse a las manifestaciones de lo sagrado y de lo divino que nuestros Viejos Abuelos nos dejaron, no solo en vestigios materiales, sino también en símbolos, mitos, ritos, tradiciones, leyendas, fiestas, usos y costumbres. Tanto en el Patrimonio Cultural tangible como en el intangible. Tenemos que entender que somos una sola civilización que sigue manteniendo su permanente y necesaria continuidad a lo largo de ocho milenios.



La pérdida de la menoría histórica por los procesos de colonización es solo superficial y muy temporal. La esencia sagrada de nuestra civilización, sus valores y principios siguen vivos y vigentes en cada uno de los individuos, familias y pueblos que la conforman. El colonizador nos ha tratado de hacer pensar que no existe ninguna conexión entre los Viejos Abuelos y los mexicanos contemporáneos. Que el pasado indígena esta total e irremediablemente perdido y extinto. Pero indudablemente seguimos siendo la misma civilización, solo que ahora potencialmente más enriquecida por cinco siglos de apropiaciones e intercambios culturales con otros pueblos del mundo.




Nuestra potencial cultural seguirá latente hasta el momento que tomemos plena conciencia de nuestra riqueza espiritual, a partir de recuperar la memoria histórica.




El legado más valioso que poseemos de los Viejos Abuelos indiscutiblemente es la espiritualidad y el misticismo con el que interpretamos el mundo y la vida. Esta visión sagrada y divina se encuentra atesorada en la TOLTECAYOTL y representan las hierofanías del Anáhuac.

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