lunes, 7 de diciembre de 2015

II.- EL SISTEMA DE CASTAS EN MÉXICO


Los mexicanos de ahora formamos parte de una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo. Los primeros siete mil quinientos años de existencia vivimos en un riguroso orden social.
 
En efecto, la organización social de los antiguos mexicanos fue de un orden estricto y de una compleja estructura en la que el grado de desarrollo espiritual conformaba los niveles sociales. Esta rigurosa estructura social aún en los decadentes tiempos de los aztecas en el período conocido como Postclásico, se mantuvo aunque con un sentido degradado. Superviviente de este orden social, podemos apreciar en las comunidades indígenas el sistema de cargos y el alto sentido espiritual de estas sociedades.
 
Con la llegada de los invasores en 1519, la civilización milenaria sufrió el holocausto más pavoroso de la humanidad. Hasta la fecha no se conoce y difunde los crímenes, horrores e injusticias que se cometieron contra de nuestros indefensos antepasados durante los primeros trescientos años del sistema colonial impuesto hasta nuestros días. Conocer lo que sucedió en esos trescientos años de colonia, nos ayudaría a entender en gran parte muchos de nuestros actuales problemas como pueblo. Los judíos lo refrendan cada año a nivel internacional y de muchas y diversas formas, para aquellos que opinen que esto es ocioso.
 
Una de las bases en las que se sostiene el actual orden de injusticias en nuestro país, es precisamente el hecho que la mayoría de los mexicanos desconocen el pasado. El Estado colonial desde 1521 se ha preocupado por mantener en calidad de amnésico al pueblo de México, lo ha logrado desposeer de su memoria histórica.
 
Para que el sistema colonial de explotación funcionara eficientemente en la extracción y depredación de nuestros recursos naturales a favor de la corona española, se instauró un estricto sistema de castas.

 
En efecto, el sistema de castas es el mecanismo con el cual se puede sin ningún aparente problema de orden moral o ético, llegar a los extremos más deshumanizados de la explotación de los seres humanos. Se requiere crear un orden social en el que la explotación de los seres humanos y la pérdida de sus derechos más elementales, dentro de un orden establecido, que comúnmente llaman "estado de derecho", permita la obtención de inmensas ganancias de unos cuantos sobre grandes conglomerados humanos a cualquier precio. Se requiere crear un espejismo con el cual sin el menor recato y con el mayor cinismo se puedan enriquecer unos cuantos a costa de la mayoría. Un arreglo "moral y ético" de carácter social que en nombre de la corona española o de las fuerzas del mercado, se pueda condenar a la más impensable miseria a una inmensa mayoría de personas con el mayor cinismo de acuerdo a "la ley y el orden establecido".
 
El sistema de castas desde un principio estableció una pirámide en donde en su vértice superior se ubicaron los españoles nacidos en España y en la parte más baja, en la base que sostiene este orden social estaban los indígenas. Debajo de los "gachupines" estaban los españoles nacidos en México, aunque eran hijos de padre y madre nacidos en España, por el sólo hecho de nacer en México pasaban a un segundo nivel. Los criollos no podían acceder a los puestos más altos del poder político, militar, económico y religioso, que era reservado sólo a los gachupines. Después le seguían los mestizos, generalmente de padre español y de madre indígena.
 
La violación sistemática y sin ninguna pena legal de las indígenas a manos de los españoles desde los primeros días de la conquista, se tomó como un derecho inobjetable de los vencedores sobre los vencidos.
 
Después seguían los negros, pues como eran artículo de importación de África, su costo les permitía tener un nivel alto entre los de abajo. Finalmente estaban los indígenas que durante gran parte del siglo XVI fueron considerados animales, carentes de alma y por lo cual podían ser tratados como animales de trabajo sin ningún derecho. Tuvo que realizarse un juicio en el Vaticano para demostrar que los "naturales" tenían alma. Si los naturales no eran animales, ni humanos, entiéndase europeos, entonces fueron designados como ¡indígenas! Nombre ambiguo que les escamoteaba la condición humana y permitía su explotación.
 
Para que el amable lector tenga una idea del holocausto mexicano, el mayor en la humanidad, le podemos decir que en los primeros cien años de colonia, los europeos mataron por medio de las armas, los trabajos forzados y fundamentalmente con enfermedades traídas de Europa a aproximadamente 24 millones de personas. México no volvió a tener 25 millones de habitantes hasta la década de los cuarentas en este siglo. Se calcula que para 1621 en la Nueva España existían un millón de indígenas y para 1800, tres siglos después, según un censo se supone que había cinco millones de personas en la Nueva España y de ellas, sólo setenta mil eran españoles nacidos en España. De esta cifra podemos deducir dos cosas, la primera es que el poder estaba terriblemente concentrado en unos pocos, (cosa que mantiene hasta la fecha el sistema colonial) y segundo, se supone que actualmente existen más de diez millones de indígenas en el país según los datos del INEGI, lo que comprueba que lejos de extinguirse, los pueblos indígenas están en plena expansión y se han sobrepuesto al proyecto de extinción al que estaban condenados como en Uruguay, Argentina o Estados Unidos.
 
Entre estas castas existía un número considerable de "sub castas" que venían de la cruza entre ellas, nombres como "salta Patras o lobo", nos hablan de esos pobres que no eran ni una ni otra cosa.
 
Este riguroso sistema de castas impedía la movilidad social. Oficios y trabajos, formas de vestir y hablar, lugares donde vivir, situación económica y futuro, estaban ya estrictamente preestablecidas, nadie podía cambiar de casta y de su nacimiento debía llevarla como una condición imprescindible para vivir en la sociedad colonial y si se quebrantaba este orden social, la muerte pública era el castigo con el que se pagaba el atentar contra el "estado de derecho colonial".
 
Así como la guerra de conquista fue una lucha entre indígenas aprovechada por los españoles, la guerra de independencia fue una guerra entre españoles peninsulares (gachupines) contra españoles nacidos en América (criollos). En efecto, después de trescientos años de ese injusto sistema de castas, no fueron los indígenas o los mestizos los que estallaron en rebeldía, sino los españoles nacidos en América que no soportaron ser segundones en la explotación de la colonia y sus habitantes. Los criollos muy hábilmente usaron a los indígenas en contra de los gachupines y por eso el cura Hidalgo en Dolores dijo... ¡a matar gachupines! Y trescientos años de injusticia fueron el fuego que alentó durante once años la guerra de independencia, que finalmente ganaron los criollos para quedarse con el poder colonial a través de la traición de Iturbide (criollo) a los gachupines, que le habían armado un costoso ejército para acabar a Guerrero y que en Acatempan, se realizó la "primera concertacesión" de nuestra reciente historia.
 
Se cambió todo para seguir igual. Con el triunfo de la guerra no se desmanteló el sistema colonial de explotación sólo cambiaron los mandos, ayer gachupines hoy criollos, más nada.
 
De 1821 a nuestros días el sistema colonial sigue en pie. Maquillado, el sistema de explotación deshumanizada de los de arriba sobre los de abajo es la realidad cinco centenaria de nuestro país. Por consecuencia el sistema de castas sigue vigente aunque muy maquillado y agazapado en la hipocresía social y la gubernamental.
 
Los extranjeros siguen teniendo el "sartén por el mango" y se siguen "despachando con la cuchara grande". La mayor parte de la riqueza se iba a España para la corona española, en nuestros días, la mayor parte de la riqueza que se extrae, se va vía el pago de servicio de la deuda externa a manos del capital financiero supranacional. En los últimos diez años, todos los mexicanos hemos pagado 445 mil mdd, sólo de intereses. Es la misma encomienda solo que más refinada y más letal.
 
En el actual sistema de castas los extranjeros y criollos siguen ocupando los primeros sitios de la pirámide de explotación. Lea aquellas listas de los "mexicanos" más ricos, de los sistemas nacionales de creadores o de investigadores,... casi puros criollos. Un ejemplo de lo extremadamente racista que es la sociedad mexicana es que en la T.V nacional, no aparecen personas morenas, sólo güeritos... se ha dado cuenta?. Después les siguen los mestizos, que con sus cremas blanqueadoras y sus tintes para el cabello, pretenden "discretamente" dar un saltito para arriba. Ayer el título nobiliario, hoy el título académico. Se ha fijado que cuando les preguntan el nombre a esas personas "don nadie", inmediatamente contestan con, "licenciado, ingeniero, contador fulano de tal". Sin embargo, en esto de los títulos académicos, ahora no basta con decir soy licenciado, sino... de qué universidad egresaste. Aunque siendo balnquito y de ojos azules, en México ya no se necesita título.
 
Los mexicanos vivimos una sociedad hipócrita donde el racismo y las clases sociales definen directamente grandes procesos sociales. En México seguimos aceptando sin remordimiento y vergüenza, que existan los vencedores y los vencidos. Que existan más de la mitad de mexicanos en la pobreza y que eso no nos afecte, ni nos preocupe. Cómo en la colonia, podemos ver sin inmutarnos que mueran decenas de miles de personas por hambre, enfermedades o trabajos forzados. Actualmente en México, según la UNICEF, se mueren diariamente 300 niños mexicanos, de recién nacidos a cinco años por problemas generados por la miseria, cada día... y a nadie le importan esos niños. Son sólo pobres, indigentes, indígenas, es decir, "no son ni seres humanos ni mexicanos". A muy pocos que tienen el poder, en verdad les importa que el salario mínimo no alcance para cubrir las necesidades mínimas de la vida cotidiana. En México existe la "gente bonita" y "los otros".
 
Permanencia de un sistema colonial camuflado, en México los explotadores no se comprometen con el futuro y bienestar de los explotados, ni con el de la nación. Ante cualquier amago, inmediatamente amenazan con sacar sus capitales e "irse a su tierra". En México no existe verdadero compromiso y preocupación por los pobres y los pueblos originarios; todo es simulación y corrupción, simple demagogia política e hipocresía social. El sistema de castas sigue imperando y está vigente; ahora es más sutil e hipócrita, pero no menos feroz.

 

3 comentarios:

Martin Pineda dijo...

GRAN VERDAD, EL SILENCIO DEL ANAHUAC.. ME ESPANTA.. QUIERO PENSAR QUE ESTO ES PARTE DE LA ENSEÑANZA...

GRACIAS MAESTRO POR TUS PALABRAS...

Arturo M. dijo...

Desde mi pequeño y personal punto de vista, creo que hay que convocar a otra convención de Anahuac. En la que los Tatas, primeramente y otros seguidamente, aporten pensamientos que den estrategia práctica al respecto; acción seguida del discernimiento.
Si no existe la posibilidad cosmogónica, social o las circunstancias que sean las adecuadas para rehacernos al cambio, entonces solo quedará continuar con la transmisión oral.
En lo particular pienso que tu trabajo es necesario, continua profesor...
Saludos cordiales.

Anónimo dijo...

Para cambiar a este país se necesita primero conocer su historia y su cultura, de no hacerlo, solo le estaremos dando una vuelta más a la yunta. Somos el pueblo sin rostro.