
¿Cómo es que hemos llegado a esto?
Nosotros creemos que todo comenzó cuando el filosofo Federico Nietzsche, destruyó la metafísica en Occidente y decretó la muerte de Dios; y por supuesto, el dominio de Occidente. Desde los filósofos presocráticos hasta Nietzsche, la trascendencia de la existencia se planteaba más allá de la muerte. El alemán dijo que "Dios había muerto" y que solo el ser humano tenía “el aquí y el ahora”. Que “el más allá” no existía y que el ser humano tendría que resolver y trascender su vida en el mundo material, pues muerto todo acababa. Es decir, Nietzsche acaba con una tradición de miles de años, en la que los seres humanos y los pueblos vivieron con la esperanza de una vida eterna en el reino del Espíritu, lo mismo en Asia, África y América.
Por esta razón, posteriormente los filósofos pasaron a ser economistas, pues la forma de resolver la vida del ser humano se dio en el mundo material. De los filósofos economistas como David Ricardo, Adams Smith, Carlos Marx y Federico Engels se dividió el mundo en dos visiones "materialistas-economicistas", solo que una creía que el Estado debía buscar el bien de la sociedad y el otro el Mercado, pero ambas en el mundo de la materia.
Este es el punto de esta entrega, amable lector. Cuando en una sociedad sus individuos ya no creen en una divinidad suprema, más que el dinero. Cuando ya no creen en una vida eterna espiritual, posterior a su muerte y creen que cuando mueran todo se acaba para siempre, como apagar la luz y más nada. Cuando la gente no tiene límites morales y éticos, cuando el culto "al becerro de oro" es la única religión universal y los mercaderes y financieros, son los altas jerarquías de este culto. Cuando el culto a la materia, al placer, al comprar, al tener, es la única satisfacción existencial del individuo en la vida. Cuando no tiene límites y puede hacer absolutamente todo lo que quiera y sin medida, pues no habrá juicio final, ni cielo o infierno. Cuando Dios misericordioso no existe, cuando no existe el alma y el espíritu. Todo, absolutamente todo está perdido, amable lector y caemos en un “estado animal”. Es cuando un individuo no tiene remordimientos, no tiene límites, leyes, autoridades, nada que pueda limitar y contener la caída en la inercia de la materia que lo arrastra a los oscuros abismos de la bajeza humana y la degradación espiritual.
Es esta la razón por la cual, los delincuentes de cuello blanco, los narcotraficantes, algunos políticos, los secuestradores, algunos policías, los violadores, todos, hacen lo que quieren y pueden en sentido negativo. Por el contrario, pareciera que el hundimiento en su bajeza y deshumanización les causa un vértigo de placer dulzón que se convierte en una morbosa adicción. Dañar por dañar, violar por violar, herir por herir, vejar por vejar. No existen contenciones religiosas, morales o éticas. Un libertinaje absoluto en el reino del culto al becerro de oro. Este libertinaje y este culto al dinero, tener y comprar, es diariamente alimentado y reforzado con la televisión y la sociedad de consumo.
En las escuelas se les enseña a los jóvenes a fincar sus éxitos en las debilidades y derrotas de los demás. No se les educa para la vida, solo para un trabajo explotador y depredador. No se les inculcan valores y principios, en cambio se les dota de técnicas y procedimientos que hagan rendir el capital a consta del trabajo mal pagado y el engaño al cliente. Los jóvenes no estudian para aprender y crecer integralmente, para servir a su comunidad y lograr la felicidad interior. Los jóvenes estudian una carrera para insertarse en el mercado de trabajo y tener dinero. Lo que quieren es poseer un gran poder de compra “y ser felices” en el dorado reino del becerro de oro.
Lo importante es tener dinero, consumir, poseer. No importa a qué precio. No importa a costa de quién se logre este dinero, ni la forma, ni el medio, ni que sea legal o moral. En la sociedad que les estamos entregando a los jóvenes no existe la decencia, la honradez, la honestidad. En cambio, el cinismo, la corrupción, la simulación, la prepotencia y el abuso son los medios por los cuales se optime el dinero. Lo ven en los gobernantes, los políticos, los narcos, los empresarios, los comerciantes.
Esto empieza desde la casa. El papá y la mamá se encuentran avasallados por la búsqueda y carencia del dinero. Agotados y apabullados por tratar de buscar “una vida mejor” para ellos y su familia, entiéndase, comprar y tener más. No hay tiempo para amar, para educar, para enseñar valores y principios, no hay tiempo ni humor. Los hijos se educan a través de la televisión y la calle. Pero lo mismo en el gobierno y en las empresas. Lo único importante es el dinero y el mundo material.
En esta sociedad no existe espacio para EL AMOR, la compasión, la solidaridad, la fraternidad. Todo es dinero, tener, comprar. Todos vivimos conciente o inconscientemente en el culto embrutecido y enajenado de venerar al becerro de oro. Creemos que nuestro bienestar y nuestro éxito esta en el poseer dinero. Hemos perdido el aspecto ESPIRITUAL, místico y SAGRADO de la vida y del mundo.






