miércoles, 13 de febrero de 2013

TOLTECÁYOTL, “el arte de vivir en equilibrio”


Cada una de las seis civilizaciones originarias de la humanidad tuvo una estructura de pensamiento que no solo interpreta el mundo y la vida, sino plantea fundamentalmente la trascendencia de la existencia, tanto en el plano individual como en el de la comunidad.
 

Estos diferentes y supremos “propósitos sociales”, poseían un arquetipo. Así fue como Akenatón, Buda, Krisna, Zoroastro o Quetzalcóatl, entre otros, construirán complejas estructuras de pensamiento a las que en general podríamos llamar “filosofías”, pero que están planteadas en sus religiones ancestrales, sus milenarias tradiciones, usos y costumbres.


Para el caso de la civilización del Anáhuac el símbolo supremo fue “el Quetzalcóatl”, que no era un personaje toda vez que aparece con los olmecas 1500 a.C., sigue presente con los toltecas en Teotihuacán 400 d.C. y aún se mantiene con los mexicas en Tenochtitlán 1519 d.C., todo esto durante más de tres mil años.



Quetzalcóatl no es un “dios”, es en cambio el símbolo del equilibrio buscado entre la parte espiritual del ser humano representada por un quetzal y la parte material de lo humano representada por la serpiente que repta en el suelo y nombrado en lengua náhuatl como cóatl.


De esta manera, “el Quetzal-cóatl” es el símbolo de la búsqueda por lograr el ansiado “equilibrio” en la vida humana entre el mundo espiritual y el mundo material.


El “equilibrio” entones ocupa un lugar fundamental en el pensamiento filosófico del México antiguo, razón por la cual lo que enseña la Toltecáyotl en esencia es lograr “el equilibrio” en el plano cotidiano de la vida diaria.


Este “par de opuestos complementarios” logran la unidad perfecta con “otro par de opuestos complementarios”, formados por la parte derecha del ser humano o el tonal y la parte izquierda llamada nahual. La primera asociada al mundo masculino, el sol y sobre todo el mundo racional.
 
 
La segunda asociada al mundo femenino, la luna y sobre todo asociado al mundo intuitivo. No es casual que en casi todas las filosofías ancestrales se plantee lo mismo. El Yin y el Yang se rigen por el mismo principio de un par opuestos complementarios.


Así pues, la propuesta tolteca es que el ser humano está inmerso en la búsqueda del equilibrio de su vida, tratando de “recorrer equilibradamente” los cuatro rumbos de la existencia, simbólicamente representados por los cuatro rumbos cardinales, cuatro figuras religiosas, cuatro animales y cuatro colores.


No puede y no debe darle mayor prioridad a cualquiera de los cuatro. Cada uno es una parte importante de nuestro “ser y hacer”, pero cada uno con su medida y su proporción, sin perder el equilibrio priorizando alguno de ellos.



Los Viejos Abuelos toltecas dejaron innumerable iconografía y arquitectura de este precepto. Por ejemplo: un patio rodeado de cuatro habitaciones apuntando perfectamente a los cuatro puntos cardinales.


Pero tal vez uno de los más impresionantes y estéticos que se conservan hasta nuestros días son los llamados “voladores de Papantla” en el que está representada esta alegoría filosófica.


Cuatro voladores apuntando a cada uno de los cuatro rumos de la existencia, un quinto volador que está en el centro y es el encargado de mantener el equilibrio y con “flor y canto” agradece a “Aquél por quien se vive” la oportunidad del desafío.
 
 
Los cuatro voladores dan cada uno 13 vueltas hasta llegar al tlaltipac o tierra desprendiendo su vuelo del poste que significa la ceiba que une al cielo con la tierra y sus raíces llegan al inframundo.


La propuesta tolteca sigue siendo válida y vigente hasta nuestros días. Más aún en el tiempo que nos ha tocado vivir, donde TODO ES DINERO Y CONSUMO a través del culto al becerro de oro.
 
 
En efecto, en la sociedad en  que vivimos los “mercaderes” tienen el poder y todo lo han convertido en un “vil y vulgar negocio”.


La alimentación, la salud, la educación, la organización, el amor, la realización humana. Todo es negocio y “en los negocios como en el amor, TODO SE VALE”.


En esto de “hacer dinero” no existe ética, valores, respeto, dignidad, fraternidad, honradez, religión, ley, autoridad, tradición, Estado de Derecho, etc.
 
 
El “pez grande se come al chico”, el abuso, la fuerza, el cinismo, la corrupción, la impunidad es el medio que justifica el fin supremo…tener dinero a cualquier precio, por encima de todos y de todo…sin medida, tanto en el sector privado como en el público.


Para esta visión necrófila del mundo y la vida el antídoto es la sabiduría ancestral de la Toltecáyotl, que nos da un camino con un rostro propio y un corazón verdadero.
 

 
Tan válida como el budismo o el hinduismo, pero diferente en tanto es la “propia-nuestra”, nacida y desarrollada en nuestra tierra y por nuestros Viejos Abuelos hace miles de años.


Tenemos que cambiar. “Lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo”.
 
 
 
 
 
 

martes, 5 de febrero de 2013

EL ESPEJO ENAMORADO o repensando a Rubén Bonifaz Nuño.




No he de morir todo. Me has dejado
decir de tu presencia, me aseguras,
por eso, el no morir. Y las futuras
horas verán tu espejo enamorado.
RBN

Para mi caso, la historia de la descolonización inició a los 25 años cuando me fui a España en “búsqueda de mis raíces”. Durante un cuarto de siglo en mi casa, en la escuela, la TV y todo el mundo me hizo creer que yo, “era occidental y que tenía a un abuelito español”. 


Después de vivir dos años con los españoles me di cuenta que mis raíces más profundas no estaban allá. No era ni mejor ni peor que los españoles, tan solo profundamente diferente. La pregunta calló fulminante como un rayo, “entonces qué eres”. Algo en mí, me decía desde lo más profundo que mi raíz ancestral estaba en mi país. Lo que me hizo regresar en su búsqueda.


En ella he invertido tenazmente los últimos 36 años de mi vida y fue “la suerte” la que me envió a Oaxaca a trabajar en la Casa de la Cultura de Tuxtepec, ahí fue el comienzo. Posteriormente trabajando en la Casa de la Cultura de la Ciudad de Oaxaca, un día invité al Dr. Rubén Bonifaz Nuño a hacer una lectura poética (1982). El encuentro fue determinante y el Dr. Bonifaz se hizo un invitando permanente a Oaxaca y “una tea que no humea” para mí,  al inicio de la década de los años ochenta.


De mi experiencia en España regresé con la idea que “los mexicanos éramos indígenas en la forma de entender el mundo y la vida. Es decir, indígenas (todos) con rasgos occidentales y no occidentales con rasgos indígenas… que todo mundo trata de desaparecer. La amistad con el Dr. Bonifaz fue alimentando y afinando esta percepción, sumada al encuentro de trabajo, que luego se tronó de amistad e investigación con el Dr. Guillermo Bonfil Batalla en el año de 1985.


En 1987 escribí en el texto “Apuntes sobre administración cultural”, editado por la Casa de la Cultura Oaxaqueña, “Los pueblos de México tienen una herencia histórico-cultural de casi ocho mil años, de éstos, aproximadamente siete mil quinientos años se desarrollaron en el marco de las culturas indígenas, y por otra parte tenemos el desarrollo de una cultura mestiza en los últimos cuatrocientos sesenta y seis años.

  
Así pues, las culturas indígenas han jugado un papel relevante para conformar la filosofía, la psicología y la cultura de los mexicanos actuales y sus culturas regionales. Por lo anterior nos atrevemos a proponer que: los mexicanos somos indígenas con rasgos occidentales y no occidentales con rasgos indígenas, como nos creemos actualmente.

Encontrar lo indígena en nuestras formas culturales contemporáneas, es una tarea inaplazable. Reflexionar sobre lo indígena en nuestra forma de ser, no sería entender por indígena la marginación o un aspecto folcloroide.  Sería por el contrario buscar en la sensibilidad, en la espiritualidad, en nuestras formas de relaciones personales y con la naturaleza, en nuestras tradiciones y costumbres, en la “cultura popular” y en el subconsciente colectivo de nuestros pueblos.” 


Las lecturas y la amistad con la Maestra Laurtte Séjurné, así como la obra de Carlos Castaneda me habían sensibilizado para abrirme a “una realidad aparte”, pero tal vez lo más importante fue la enseñanza que me dieron los pueblos y culturas oaxaqueños. Podría decir, si temor a equivocarme que “nací espiritualmente” en Oaxaca hace 36 años y en gran medida la partera fue “la abuelita mazateca”.


Pero volviendo al Dr. Rubén Bonifaz Nuño, su sencillez, su humildad, pero sobre todo su finísimo sarcasmo de sí mismo y de la vida me cautivaron. En la primera vista a Oaxaca, en el aeropuerto para despedirlo le dije, “Maestro, vuelva pronto a Oaxaca para que lo tratemos como usted se merece”, -inmediatamente me contestó-, “Oiga usted, si regreso, pero me tratan como ahora, no como yo me merezco”.


Inmerso en la búsqueda de mi verdadero rostro y a partir de las intensas conversaciones sobre el tema, el Dr. Bonifaz me dedicó su libro “De otro modo lo mismo” con esta reflexión, “Para el licenciado Guillermo Marín Ruiz en homenaje a su noble búsqueda de la identidad mexicana; en reconocimiento a su generosa amistad.” Él fue quien me enseñó a ver el ángulo colonizador de la historia de la conquista y la “historia prehispánica”. A leer entre líneas los textos de “las vacas sagradas” de la historia, arqueología y la antropología.

 
Lo que no entiende los “cultitos” y los historiadores, arqueólogos, antropólogos y literatos integrados en el sistema colonial que fue justamente, el profundo conocimiento de “los clásicos grecolatinos” y su inmensa sensibilidad lo que le permitió penetrar al inconmensurable y maravilloso mundo de La Toltecáyotl, la sabiduría ancestral del Anáhuac. Esa es su proeza no entendida y si perseguida por el sistema académico y de investigación neocolonial criollo.


El aporte más importante del Dr. Rubén Bonifaz Nuño no fue su gran tarea de traductor de los clásicos, ni el tamaño inmenso de su poesía, ni sus inolvidables cátedras, sino la propuesta de ver nuestra historia y cultura de manera descolonizada. Tener el valor de evidenciar a los extranjeros y a los lacayos nativos que “estudian” nuestro pasado ancestral argumentado toda clase de mentiras y bajezas, denigrantes de nuestra grandeza ancestral.



“De esta suerte, valiéndose de análogas complicidades, los eruditos estadounidenses han formado, respecto de la cultura olmeca, un sistema de mentidas conjeturas cuyo cuyas principales características son el desdén y la ignorancia.

Condenable es eso, pero no es, en mi opinión, lo peor; lo peor consiste en que los estudiosos mexicanos, voluntariamente sometidos a una perversa forma de colonización extranjera, se sujetan, por lo común, a las sistemáticas equivocaciones de los eruditos estadounidenses, y las repitan y las confirman como verdades, acaso con el deseo y la esperanza de que éstos los tengan por iguales suyos.

De estos casos, por obvio principio de dignidad, no quiero ofrecer ningún ejemplo.”  (Rubén Bonifaz Nuño. 1995)


Fue Bonifaz Nuño el que predicó en el desierto una nueva visión de nosotros mismos, de nuestro pasado. Luchando contra lo dicho desde Hernán Cortés hasta Mel Gipson con su película Apocalypto, que es la misma historia solo que en el cine y a todo color. Bonifaz platea reconocernos en toda nuestra verdadera dimensión y entender que somos los que hemos sido y seguiremos siendo, y que este legado es lo mejor que tenemos para construir el futuro. Eso es justamente lo que persigue y censura el colonizador y por lo cual fue silenciado y negado en vida el Maestro Bonifaz Nuño. Esa es la verdad que no dicen los medios.


“...el hombre es el principio de la creación del mundo y el encargado de su preservación y su desarrollo hacia lo perfecto. Sobre esta concepción se edifica  a sí mismo, y edifica el mundo a su alrededor. Así es como construye la cultura de que somos, hasta hoy, exclusivos herederos.”  (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)


La creación al final de su vida del “Seminario de Estudios para la Descolonización de México”, es el intento de difundir desde la UNAM una nueva forma de reconocernos y de entendernos, como herederos de una de las seis más antiguas sabidurías de la humanidad que no ha muerto y sigue presente y vigente en el “México profundo” y en el subconsciente de los mexicanos. Por esta posición ante la “intelectualidad criolla hispanista colonizada”, Bonifaz Nuño tuvo que enfrentar el rechazo de las instituciones, las vacas sagradas, los intelectuales y por supuesto, la sociedad dominante que es anacrónicamente hispanista e ignorante de sí misma.


“Victoriosas sobre las injurias y el desprecio de los extranjeros, se levantan aún las señales de aquel sistema espiritual de iluminación que construyeron nuestras antiguas ciudades.

Allí el urbanismo, la ingeniería, la arquitectura, la escultura, la metalurgia, la pintura, las artes todas, allí las ciencias, la matemática, la astronomía, la medición del tiempo, florecieron obedientes al mismo entusiasmo del hombre seguro de sí mismo, orgulloso de ser fuente y camino ascendente de la perfección de la vida. 



Cuando Bonifaz Nuño declara al periodista Carlos Martínez Rentería (La Jornada 5/02/13) Nosotros somos indios con una cultura occidental impuesta. Yo, como indio que soy, tengo que adueñarme de esa cultura, no para asimilarme a ella, sino para dominarla y usarla de instrumento de poder. De ahí que yo haya estudiado latín y griego, a los clásicos españoles; que pueda leer poesía en cuatro idiomas modernos.”  Deja clara su posición frente a la colonización y entendemos por qué los “colonizados intelectuales mexicanos” no pueden ni siquiera vislumbrar la grandeza y sabiduría de la Toltecáyotl. No la entienden porque ni siquiera entienden la cultura occidental de fondo, han sido siempre una copia mal hecha y sin sentido “del otro”, su colonizador. 



“Feliz, el hombre vivió y edificó durante cerca de 30 siglos el glorioso testimonio de su paso sobre la tierra. Fundamento ideal para la felicidad de los hombres actuales, la creación olmeca, es decir la maravilla de la cultura de Mesoamérica, permanece allí, multiplicada en obras que son ejemplo sin tregua. Y esa maravilla es herencia nuestra particular que nos honra y nos distingue entre todos.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1992) 


Para los que afirman que con la conquista nos llegó “la civilización y la cultura”, el discurso de Bonifaz Nuño es veneno puro. Sus textos nos abren los ojos, nos dan luz y nos sacan de las mazmorras oscuras de la colonización mental y cultural. Encienden el fuego interno que ha estado apagado estos cinco siglos y nos dan fuerza y orientación en la batalla florida por la descolonización de México y los “mexicanos”.


“Y ahora júzguese el progreso del fenómeno cultural ocurrido en el territorio de Mesoamérica durante cerca de tres milenios; piénsese en la índole de la humana energía que poseyó la capacidad de edificar, entre otras muchas, las ciudades antes indicadas, ciudades en las cuales dieron flor y frutos las artes y las ciencias; donde la sabiduría sirvió de raíz y coronamiento a los gigantescos esfuerzos materiales requeridos por tal edificación.


Habrá que concluir que sólo una concepción moral plenamente optimista y feliz, habida por el hombre acerca de sí mismo y de su mundo, pudo engendrar el núcleo de esa energía incalculable. Una dichosa concepción humanista de veneración por la vida en la totalidad de sus manifestaciones”. (Rubén Bonifaz Nuño. 1992)


En la entrevista que le hace Carlos Martínez en 1988 dice, Mire, soy un hombre viejo, tengo 63 años. En este momento, en verso y en prosa, considero mi obligación decir lo que soy yo, como parte de un grupo de mexicanos, concretamente los pobres y los pelados, con la esperanza de proponer un camino de acción que parte de la educación, para que nos demos cuenta de quienes somos verdaderamente y podamos aspirar a realizarnos”.  Tengo el gusto y el privilegio de pertenecer a ese numeroso grupo de mexicanos que trabajamos en la educación, por la memoria histórica, la identidad cultural y la descolonización mental, guiados entre otros, por la sabiduría visionaria de Rubén Bonifaz. www.toltecayotl.org


Fiablemente recordaré al Dr. Rubén Bonifaz Nuño en nuestra última entrevista en sus oficinas de la Biblioteca Central de C.U. de la UNAM en 2010, cuando le fui a proponer abrir una corresponsalía en Oaxaca  del Seminario de Estudios para la Descolonización de México. Me dijo, “puede usted hacerlo Guillermo, pero debe pensar bien a lo que se va exponer, véame a mí, totalmente bloqueado y silenciado, la descolonización es un camino lleno de incomprensión y represión”.  

 

“Victoriosas sobre las injurias y el desprecio de los extranjeros, se levantan aún las señales de aquel sistema espiritual de iluminación que construyeron nuestras antiguas ciudades.
Allí el urbanismo, la ingeniería, la arquitectura, la escultura, la metalurgia, la pintura, las artes todas, allí las ciencias, la matemática, la astronomía, la medición del tiempo, florecieron obedientes al mismo entusiasmo del hombre seguro de sí mismo, orgulloso de ser fuente y camino ascendente de la perfección de la vida.

Feliz, el hombre vivió y edificó durante cerca de 30 siglos el glorioso testimonio de su paso sobre la tierra.

Fundamento ideal para la felicidad de los hombres actuales, la creación olmeca, es decir la maravilla de la cultura de Mesoamérica, permanece allí, multiplicada en obras que son ejemplo sin tregua.

Y esa maravilla es herencia nuestra particular que nos honra y nos distingue entre todos. (Rubén Bonifaz Nuño. 1992) 



Para conocer más sobre el trabajo del Dr. Rubén Bonifaz Nuño:






lunes, 28 de enero de 2013

TOLTECAS Y TOLTECÁYOTL…por qué exaltarlos




Algunas personas me preguntan el por qué exalto tanto a los toltecas y la Toltecáyotl. La respuesta es muy sencilla, primero porque representan lo mejor que tenemos de lo “propio-nuestro” y segundo, porque debido a la colonización mental y cultural esta información nos es desconocida y negada.


Pero además, podría añadir, se exalta sin límite y hasta la saciedad las culturas grecolatina o la anglosajona, pero cuando uno exalta “la propia-nuestra”, -porque debemos de recordar que somos parte de una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo-, inmediatamente viene el feroz juicio prejuiciado y colonizante… “!estás idealizando demasiado, los toltecas no eran perfectos!, los colonizadores ingleses fueron peores que los españoles, etc.”.


Es curioso, pero la gente en general en este país está totalmente desinformada de la historia, cultura y filosofía de su civilización Madre, y aquellas personas que supuestamente “están informadas”, sus fuentes son hispanistas y colonizantes, comenzando con la llamada “Historia oficial” escrita por los vencedores en las que conoce la batalla ganada por los mexicas a los invasores extranjeros como “de la noche triste”.

 
El hecho de que los textos escritos por conquistadores, misioneros y colonizadores a principios de la invasión/ocupación, después de cinco siglos sigan siendo tomados como “verídicas fuentes históricas” desnuda totalmente la estructura del discurso histórico de los vencedores, desde Hernán Cortés hasta Mel Gibson.


Estos textos fueron escritos por intereses personales y mezquinos, Hernán Cortés para tratar de legalizar su situación de prófugo de la ley de Cuba; Bernal Díaz después de decenas de años, ya anciano, escribe para pedir una pensión a la corona española, los misioneros para dar a conocer la cultura y las prácticas religiosas de los invadidos-colonizados y poder hacer más eficaz la destrucción de su cultura y religión a manos de la iglesia católica.


Todos tienen en común el rechazo y la total incomprensión de una civilización que era, en sus preceptos sociales, culturales, religiosos muy superior a la europea venida del medievo. Sobresale la falta de interés de verdaderamente conocer y tratar de entender la visión del mundo y de la vida de los invadidos. 


Jamás se “descubrió al otro”, al anahuaca se le subsumió en el mundo conocido europeo, por eso les llamaron “indios”, pensando que habían llegado a la India. Hasta la fecha la sociedad dominante no conoce, ni le interesa conocer la visión del mundo y de la vida de los llamados pueblos “indígenas”. Lo que les interesa son sus territorios y recursos naturales.


Cuando digo que la anahuaca era una civilización superior a la europea, me baso al comprar la calidad y nivel de vida del ciudadano promedio de Madrid con uno de Tenochtitlán en 1519, periodo por cierto, postclásico de decadencia en el Anáhuac. En la alimentación, salud, educación y organización social los anahuacas estaban en un condición mucho mejor a nivel de pueblo común y corriente que los españoles.


Por supuesto las mentes colonizadas inmediatamente argumentarán que los mexicas hacían “pavorosos sacrificios humanos”, pero la verdad es que los españoles también los hacían, solo que les llamaban “autos de fe” que estaban a cargo de la Santa Inquisición en donde se quemaban vivas a las personas en las plazas públicas.


Los hispanistas colonizados argumentan que los mexicas eran guerreros y luchaban contra los pueblos vecinos. Los peninsulares tenían siglos enteros luchando contra los árabes y la cultura del medievo se caracterizó por las permanentes guerras entre reyes y señores feudales durante mil años. Algo que omiten es la violenta conquista que hicieron los reinos de Castilla y Aragón, en esos mismos tiempos, de los reinos que existían en la península hasta forjar, -a sangre y fuego-, el reino de España en 1516 (la doble conquista).


Los mexicas en cambio solo desde 1440 cuando Moctezuma Ilhuicamina tomó el poder y a través de las “guerras floridas” en donde estaba prohibido matar al enemigo empezó 81 años de un limitado dominio tan solo del Altiplano Central y parte de las costas del Golfo, pero jamás dominaron todo el Cem Anáhuac, eso es un mito colonizador.


Sin embargo, los “hispanistas colonizados” nunca hablan de los más de mil años del periodo Clásico del esplendor del Anáhuac (200 a.C. a 850 d.C.). Nunca toman en cuenta que en este periodo no hubo guerras, ni sacrificios humanos, que se inventó el cero matemático, la cuenta perfecta del tiempo, que se construyó el mayor número de pirámides del mundo.


Pero aún más, los “hispanistas colonizantes” no hablan que somos la única civilización antigua que inventó su alimento, es decir el maíz. Que desarrolló un asombroso y eficaz sistema alimentario, desde la milpa, los sistemas de riego, la chinampa, pasando por una excelente alimentación e higiene tanto familiar como comunitaria. No hablan de que la inteligencia y sabiduría del Anáhuac ha dado al mundo el chocolate, el nopal, la vainilla, el amaranto, la calabaza, más de cuarenta productos que hoy alientan a la humanidad.


Tampoco hablan de que la civilización del Anáhuac fue la primera que tuvo un sistema de educación en el mundo. En efecto, desde probablemente el año 1500 a.C. todos los niños del Anáhuac tenían que ir a la escuela de siete a 18 años, y que esta educación era obligatoria, pública y gratuita, misma que los colonizadores inmediatamente desaparecieron, destruyendo las escuelas, quemando los códices y asesinado a los maestros. Europa tuvo el primer sistema público de educación en Italia hasta 1596 d.C.


No mencionan que en el Anáhuac no se inventaron armas. Las mismas que recibimos de la prehistoria, después de más de siete milenios, con esas mismas enfrentamos la invasión. Si bien la cultura mexica fue guerrera, ésta solo imperó en el Altiplano Central y parte de la costa del Golfo 81 años, es decir, de 1440 a 1521. Los colonizadores pretenden hacernos creer que “la historia de los mexicas” (1325 a 1521) representa la historia de la civilización del Anáhuac (6000 a.C. a 1521 d.C.). Totalmente falso y doloso.


Los apologistas de la “hispanidad colonizadora” no argumentan que en el Anáhuac no se desarrolló la moneda para impedir la expansión del comercio, la explotación y el atesoramiento. Tampoco se permitió la “propiedad privada”, todo era comunal y comunitario.


Pero lo fundamental, el propósito social era eminentemente de carácter espiritual. En efecto, así como en la cultura occidental dominante actual, el propósito social, familiar, personal y del Estado es generar la riqueza material, entiéndase acelerar el consumo y la economía, en el Anáhuac estaba sustentado en la trascendencia espiritual del mundo material. 



En síntesis, no era una civilización basada en la guerra, la propiedad privada, el comercio, el consumo. La prueba irrefutable es que los vestigios de sus magnas construcciones como Teotihuacán, Monte Albán, Chichen Itzá, Palenque y Xochicalco, por citar solo algunas, no fueron construidas como fortalezas, palacios o zonas habitacionales. 


Sus grandes y majestuosas construcciones, como en el caso de Monte Albán, en las que invirtieron 1350 años en su proceso constructivo nos demuestran que existió “un propósito comunitario compartido a través de muchas generaciones” y que tuvo un objetivo-propósito muy elevado que no caducó o pasó de moda.


Lo cierto es que todo este esplendor civilizatorio que llevó a los más elevados niveles “el desarrollo humano”, tuvo un colapso generalizado desde Nicaragua hasta el Norte de los E.U. Una acción concertada en al que los venerables maestros abandonar y destruyeron de súbito estas maravillosas construcciones. Dejando dicho en la mitología anahuaca que regresarían a restaurar la sabiduría y el equilibrio en el año “uno caña” que se repite cada 52 años.


A partir del año 850 empezó la decadencia religiosa y filosófica en el Anáhuac. Se crearon los Señoríos, empezó a desarrollarse las rivalidades, las envidas y por supuesto los conflictos y guerras. La llegada del Norte de los mexicas como chichimecas (barbaros), el “pueblo sin rostro”, la fundación de Tenochtitlán en 1325 y la trasgresión filosófica y religiosa de la milenaria sabiduría tolteca conocida como Toltecáyotl marcó el último periodo cultural del Anáhuac, pero ni fue el más importante ni el más largo.


Finalmente quiero decir que sería una verdadera tontería suponer que en el Anáhuac y en su longeva civilización “la perfección humana se logró”. La esencia de lo humano es justamente su imperfección. Sí fuéramos perfectos no seríamos seres humanos, acaso ángeles o seres celestiales. La sabiduría y la virtud es justamente darse cuenta de esa imperfección y trabajar en consecuencia para mejorar, sabiendo que la perfección en inalcanzable.


En el Cem Anáhuac existieron y siguen existiendo individuos y grupos humanos de poco desarrollo y limitada consciencia. Aún en los mismos días del esplendor existían pueblos primitivos o básicos, poco evolucionados que eran belicosos y guerreros. Así como hoy en el país más rico y capitalista del mundo existen 30 millones de pobres. Por fortuna la condición humana es diversa y la pluralidad desbordante, esa es una de las “maravillas de lo humano”.


Pero si se puede generalizar y se debe generalizar cuando se construye los fundamentos de una Identidad Cultural y una “memoria histórica” de una nación. Así como occidente sustenta sus “mitos civilizatorios” en las bondades y virtudes de la cultura grecolatina, sabiendo que los griegos eran un puñado de pueblos esclavistas, guerreros y desunidos, en permanentes guerras fratricidas, y que los romanos eran una sociedad imperialista, explotadora que llegó a bochornosos niveles de degradación moral, ética y política. Occidente fundamenta su modelo civilizador en los mejores logros de estas culturas. Esto es válido y todo mundo está de acuerdo.


De la misma manera, los que nos pensamos como los hijos de los hijos de los pueblos originarios, los que nos sentimos legítimos herederos de la sabiduría humana atesorada, sistematizada y trasmitida a lo largo de ocho milenios hasta nuestros días, no importando si hablamos una lengua originaria o vivimos en las montañas o desiertos o en una ciudad, los que hemos activado el “banco genético de información cultural” que se nos ha legado y que es nuestra mayor herencia cultural, sentimos el orgullo de ser parte de esta civilización vigente, vibrante y vital, que no ha muerto. Nosotros nos sentimos orgullosos del Anáhuac y de la Toltecáyotl, como otros pueblos se sienten orgullosos de India y el hinduismo o de China y el taoísmo o confusionismo. Ni más ni menos.


Los que creemos que existen otras formas de relacionarnos entre los seres humanos, la naturaleza y el cosmos. Que los seres humanos durante estos diez mil años de “civilización humana” no solo hemos estado pensando en atesorar, explotar, comerciar, sojuzgar, guerrear, dominar y explotar a la naturaleza. Que han existido muchas civilizaciones, culturas y pueblos que han buscado fines humanistas y espirituales, sustentados en el respeto, el equilibrio y la equidad.


Los que estamos indignados por los cotidianos excesos e injusticias sobre los pueblos del “México-profundo-anahuaca” a manos del “México-imaginario-criollo”, y el desvergonzado cinismo y abuso de un puñado de corruptos en el poder político y económico que han des-gobernado y destrozado “su patria” desde 1821, excluyendo a la gran masa popular en la toma de decisiones y en el reparto de la riqueza.  


Los que pensamos que el futuro de nuestro pueblo justamente está en el conocimiento y práctica de los valores y principios ancestrales que guiaron a nuestros venerables antepasados en los momentos más elevados y virtuosos de su desarrollo humano.


Los que creemos que la Toltecáyotl es una valiosa herencia que puede cambiar, para bien, nuestro destino como personas, familias, pueblos y nación. Por estas razones dedico mi trabajo a investigar, promover y difundir la civilización del Anáhuac y su filosofía, la Toltecáyotl. Desde esta perspectiva, su exaltación es una necesidad emergente e impostergable.





Visite: www.toltecayotl.org