miércoles, 26 de enero de 2011

La triple conversión: Lenkersdorf, Ruiz y Marcos.



La milenaria Civilización del Anáhuac ha “convertido” a muchas personas “no anahuacas” a su cosmovisión. Desde el principio de la invasión europea hasta nuestros días, la gente que ha tenido la “sensibilidad” y capacidad para flexibilizar su mente y abrir su Espíritu a otra percepción diferente del mundo y la vida, ha sido “tocada” y transformada por los valores, principios y actitudes de una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad.

                                       Gonzalo Guerrero y su familia maya

En efecto, desde Gonzalo Guerrero, el marinero que naufragó en las costas de Chetumal en 1511 y que no solo aprendió a hablar la lengua maya, sino que se asumió como culturalmente como maya, al lograr obtener su libertad, pues cuando se le capturó se le hizo esclavo. Como hombre libre se casó con una doncella bajo la ley, religión y cultura maya, procreó los tres primeros mestizos de México (producto del amor y dentro de un matrimonio entre una mujer maya y un hombre español). Cuando Cortés lo mandó “rescatar”, Gonzalo Guerrero no aceptó embarcarse en la expedición aduciendo que tenía una familia, y finalmente, murió defendiendo la cultura que había abrazado combatiendo a los invasores europeos.

                                        Fray Bartolomé de las Casas (+)

Pasando por el propio Fray Bartolomé de las Casas que dedicó su vida a defender a los pueblos anahuacas de las injusticias, crímenes y torturas de los españoles, hasta llegar al Siglo XX con tres personajes que al tener contacto con los anahuacas mayas, poseedores de la Toltecáyotl en sus tradiciones, usos y costumbres, cambiaron la visión colonizada que a lo largo de cinco siglos de exclusión y negación, hemos creado de los llamados “pueblos y culturas indígenas”.


                                        Carlos Montemayor (+)

En estos cinco siglos de colonización, exclusión y desvaloración, han existido hombres que han trabajado hombro con hombro con los pueblos anahuacas como Carlos Montemayor que dedicó su vida a dignificar la literatura actual de los pueblos indígenas del país.



Para la cultura dominante, sea española en los tres primeros siglos de Colonia (1521 a 1821). O para la cultura neocolonial de los “criollos”, que en los dos últimos siglos han tenido el poder, los pueblos y culturas indígenas jamás han representado un potencial, un tesoro y un patrimonio para construir el país desde 1821 hasta nuestros días. Las ideas sobre lo que debe ser “su país”, siempre han venido de afuera. Los modelos han sido español, francés y ahora norteamericano, pero nunca el modelo milenario de organización social y Valores Humanos de los anahuacas.



Sin embargo, para unos cuantos la convivencia a nivel de “iguales” con los anahuacas mayas y gracias a su sensibilidad y descolonizada percepción del “otro” (el que es diferente a mí), les permitió “descubrir” un universo de sabiduría humana que ha venido manteniéndose a través de los siglos a pesar de los feroces ataques destructivos de la cultura colonizadora sea de gachupines, de criollos o mestizos deculturizados.

                                 Carlos Lenkersdorf (+)

Cada uno de estos tres personajes llegó al estado de Chiapas por diferentes motivos, pero los tres fueron “atrapados” por la sabiduría ancestral y los “igualó” con los anahuacas mayas. Los hizo hermanos en la medida que ellos aprendieron a escuchar “al otro”, al “ignorante, al pobre entre los pobres, al más débil entre los débiles, al “históricamente despreciado y excluidos”. Y de estos hermanos analfabetos aprendieron a valorar la vida y el mundo de manera diferente.

                                                   Samuel Ruiz (+)

Estos tres personajes han “tendido puentes” de comunicación, entendimiento y respeto entre los anahuacas y su ancestral y endógena cultura, y los mestizos y criollos, con su moderna y sincrética cultura foránea. Sin “idealizar” la cultura anahuaca, nos han enseñado que existe otra posibilidad, otra forma de relacionarnos, otras maneras de vivir en comunidad y con la naturaleza.

                                   Subcomandante Marcos

El sentir, pensar y actuar de estos tres personajes ha molestado, incomodado y perturbado a los círculos de poder, tanto de la ideología criolla local y nacional, como de los capitales e ideología neoliberal-globalizadora. Temen que la sabiduría y la luz de la Toltecáyotl despierte a la inmensa masa de mestizos desculturizados, o como los llamaba el Dr. Guillermo Bonfil, “los indios-desindianizados” y que recuperen su “memoria histórica” y activen el “banco genético de información cultural” que cada uno posee en el fondo de su corazón.



La ignorancia de sí mismos, es el arma más poderosa de los neocoloinzadores. Mientras los millones de mestizos se sigan educando y formando en los valores que les da la televisión comercial, está garantizados otros cinco siglos de colonia. Mientras “los mexicanos” sigan despreciando, rechazando y negando lo más valioso de sí mismos, seguirán perdidos en el laberinto de la desolación, la explotación y la injusticia.



Por esto, la vida comprometida y congruente de personas como el lingüista Carlos Lenkersdorf, el sacerdote Samuel Ruiz y el guerrillero “Marcos”, serán grandes puentes de comunicación y revaloración en la búsqueda de la conformación de otro tipo de sociedad, en la que se acabe para siempre, los vencedores y los vencidos. En la que la mayoría de los ciudadanos de este país se conozcan, acepten y se valoren en toda su continuidad histórica-cultural.



No se puede ni se debe seguir excluyendo la parte ancestral de nuestro ser. Pero tampoco negar lo que en estos cinco siglos de sincretismo y apropiaciones culturales hemos construido para formar nuestra identidad. Somos un país y un sinnúmero de culturas mestizas, no solo con los pueblos llamados indígenas. La tercera raíz esta presente en nuestro rostro actual, y muchos otros pueblos y culturas de diversas partes del mundo que en el Anáhuac han venido a encontrar refugio.



La triple conversión de Lenkersdorf, Ruiz y Marcos nos señalan un camino de pluralidad y respeto. Cada uno de ellos no se convirtió en “indígena”. Sin dejar de ser lo que fueron y lo que son, solo aprendieron a ver “al otro” como igual y a entender con respeto su visión del mundo y la vida. Por ello nos enseñan que existen caminos diferentes a la colonización, la exclusión y la explotación para construir una nación más justa y humana.

Visite http://www.toltecayotl.org/


10 comentarios:

Anónimo dijo...

Maestro, como siempre puntual, certero y crítico. Ha sido una gran pérdida para las causas justas del mundo, la muerte de Tatik.
Muchas gracias.

Anónimo dijo...

Maestro, sin duda es un buen historiador, pero no hablemos de estos tres tipos y mas del marcos, que usted sabe de ante mano que es un personaje manejado por el gobierno, un titere que no srive para nada, sabe el pueblo que tipo de persona es el y como se comporta con los indigenas, no se equivoque maestro, me extraña que siendo un gran pensador de nuestra historia nos haga hacer ver perspectivas tan incongruentes como es la vida de este titere vendido bueno para nada, el gobierno cada día nos muestra más porquería y ese tipo fue uno de ellos.

con todo respeto. gracias

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo en que la cultura maya y la sensibilidad de cada uno de estos personajes los cambió. Necesitará Marcos morir, para que se aclare su presencia en la historia. A Samuel Ruiz también en su día lo acusaron de muchas cosas y hasta orden de detención tenía.
Gonzalo.

Anónimo dijo...

Algunas personas siguen pensando que los “indios buenos” fueron los que construyeron pirámides para apoyar el turismo y ya están “bien muertos”. Los “indios malos”, son los revoltosos, ignorantes y subversivos que reclaman sus derechos y su autodeterminación política, económica y cultural. También en su día a Hidalgo, Morelos y Matamoros se les acusó “por el gobierno” de ser traidores y títeres de oscuros intereses.
Héctor.

Anónimo dijo...

Da tristeza que no se entiendan sus aportaciones Don Guillermo, solo viviendo la toltekahiotl podemos disfrutar de el aroma ancestral y le agradezco sus aportaciones.

Anónimo dijo...

Yo pienso que nada les tenemos que aprender a los indios, al contrario, por más que la cultura occidental ha tratado de civilizarlos, siguen de flojos, borrachos y sin aspiraciones. Creo que el Sr. Marín, con todo respeto, tiene alucinaciones del pasado. Gloria.

Anónimo dijo...

He leído los comentarios, no solo de este artículo, y me parece muy honesto y valiente el autor deje pasar las críticas adversas. Quien expone se expone y me parece muy bueno que se abra a la crítica. Debería ser así en todos los medios. Además el contenido del blog resulta más que interesante y nadie tiene que estar totalmente de acuerdo con lo que se publica. A mi me gusta, aunque difiero en algunos puntos, pero en general, tiene mucha información que yo desconozco o que no la había analizado desde la perspectiva del autor. En fin.
Gloria.

Anónimo dijo...

Maestro lo felicito, muy pocos reconocen la historia del indígena. Muchos nos olvidamos de nuestras raíces, de lo que somos; sin embargo, nuestros rostros nos delatan. Se crean falacias en cuanto a la imagen del indio, pero estamos en muchos espacios y no somos flojos, ni borrachos; también seguimos preparándonos día con día, con esfuerzo y dedicación, somos profesionistas y estamos en distintos espacios.
MUCHAS GRACIAS.

Anónimo dijo...

Es quiza que podemos ser más humildes, dejar de lado el yo tan sólitario y lleno de dudas. Para reconocernos parte de todo,es que no conocemos un nosotros respetuoso. Iniciar un camino de autoconocimiento no siempre es aceptado por la sociedad. Formarse en una comunidad eurocentrica, moderna es complicado. Reconozco el valor de nuestros hermanos y me siento un tanto avergonzado de mí . Deseo aprender más de nosotros para formar mejores caminos. Deseo conocer más del corazón humano para expresarme en un canto. Gracias por la luz.

Anónimo dijo...

«Gonzalo Guerrero, como hombre libre se casó con una doncella bajo la ley, religión y cultura maya, procreó los tres primeros mestizos de México (producto del amor y dentro de un matrimonio entre una mujer maya y un hombre español.»

Olvida usted decir que los tres primeros mestizos quedaron reducidos a dos. Aquellos bárbaros sacrificaron años después a la hija de Guerrero para aplacar a sus dioses con ocasión de una pertinaz sequía.