viernes, 16 de enero de 2015

DESCOLONIZACIÓN DEL MESTIZAJE



El mestizaje cultural y racial es un hecho ancestral. Si partimos de que el “ser humano”, -como somos hoy en día-, “nació en África hace 50 mil años y empezó a poblar la Tierra.
Por fuerza tenemos que aceptar que todo ha sido una mezcla de mezclas raciales, y que, en cada lugar que se estableció debió encontrar soluciones al desafío de mantener y trascender la vida, por lo cual se crearon “diferentes culturas”.

 
En efecto, los que se asentaron en los valles tuvieron diferentes problemas y encontraron soluciones específicas para mantener la vida, que los que se asentaron en los bosques, costas o desiertos. Estas condiciones específicas dieron respuestas particulares, por lo que encontramos “culturas diferentes”.  

 
Los que se asentaron en desiertos, su piel se tuvo que hacer morena y los que vivieron en latitudes muy altas, sus pieles se tornaron blancas. Pero no solo en el aspecto morfológico, el medio habiente también influyó en sus temperamentos.
 
Los que vivieron por generaciones en las costas se volvieron comunicativos y los que habitaron las montañas se tornaron introspectivos. Pero todos los humanos venimos de un mismo origen y nos hemos mezclado.
 
Un ejemplo de un país actual producto de uno de los más grandes mestizajes es España. En efecto, la península en sus comienzos fue habitada por los llamados “pueblos originarios ibéricos”, pero empezaron a arribar a través de migraciones o conquistas: los bereberes, griegos, cartagineses, romanos, judíos, musulmanes, gitanos, godos, visigodos, francos, normandos, vikingos, franceses, ingleses y hoy en día africanos y latinoamericanos. Actualmente España es producto de una mezcla de mezclas.   

 
El concepto de “pureza racial” es producto de mentes ignorantes, enfermas y sobre todo, abusivas. El racismo como tal, surgió con la creación de la cultura moderna en 1492 y surge como un proceso ECONÓMICO. Cuando Colón decretó que “los descubiertos” no tenían alma, se consideraron “animales”; y bajo las ideas de Platón y las judeocristianas, los animales y el mundo estaban a la libre disposición de los hombres (blancos).

 
El racimos tiene como función ideológica “des-humanizar” al explotado para que no exista argumento jurídico y moral que lo impida, sean anahuacas, africanos o asiáticos. De aquí nace la realidad del país y usted puede entender como uno de cada cuatro “mexicanos” vive en la pobreza, y los blancos, extranjeros y sus hijos, conforman el 25% de los “mexicanos” que se consideran “humanos” y viven “como dios manda”.

 
Durante los tres siglos de Colonia española el mestizaje se aceptaba como “un mal necesario”, por la irrefrenable conducta libidinosa de los españoles que violaban impunemente a las mujeres anahuacas;  a diferencia de los colonizadores anglosajones, que por su religión puritana lo rechazaron y prohibieron.

 
Los mestizos en calidad de inferioridad y desprecio total, ocuparon un puesto menor en el Sistema de Castas de la Nueva España, superior a los negros y anahuacas, en trabajos de servidumbre, capataces, empleados de confianza, pero inferior ante gachupines y criollos.

 
En los dos últimos siglos del neocolonialismo criollo, los mestizos se han ido multiplicando y reduciendo los anahuacas y “gachupines/criollos”. En 1800 el censo colonial arrojó que existían cinco millones de anahuacas y un millón no anahuacas, entre un reducidísimo grupo de gachupines, criollos, mestizos y negros.

 
En la década de los años setenta, el 75% de los mexicanos vivían en el campo, y la gran mayoría de los campesinos tenían una fuerte raigambre a las prácticas culturales de los llamados pueblos originales. Hoy en día las ciudades del país están habitadas por familias que tienen una generación en la ciudad.

 
Sin embargo, el símbolo OFICIAL del “mestizaje mexicano”, está representado por el hijo de Cortés y Malinche, Martín Cortés “el mestizo”, porque Cortés tuvo un hijo criollo llamado Martín Cortés Zúñiga, ambos, igual que su padre, traidores frustrados de la corona española.

 
México sigue siendo un país colonial. Las relaciones económicas, políticas, culturales, educativas y religiosas son eminente y descaradamente racistas y clasistas.
 
Existe una división clara y bien demarcada entre “vencedores y vencidos”, entre “blancos y morenitos”, entre los hijos del “México imaginario y los hijos del México profundo”, entre “euromexicanos y nacos, peladitos, broza o como dijo la hija del Presidente: “la prole”.

 
La mayoría de “los mexicanos” somos cultural y racialmente mestizos. Comenzando con los pueblos anahuacas (indígenas) que, cultural y racialmente son mestizos.
 
No existe una “pureza indígena”, ni racial y mucho menos cultural. La Toltecáyotl que es la base del pensamiento anahuaca, es por lo general, desconocida por la mayoría de las personas que se asumen como “indígenas”.
 
 
Sin embargo, existen algunas personas que se asumen como "únicas y auténticas" poseedoras de la "indianidad" o de la sabiduría ancestral. Los primeros se asumen como de "raza pura" y otros como "gurúes" auténticos herederos del legado tolteca, excluyendo a "todos los demás". También ha traído "dividendos" ser indígena y ser gurú.
 

En general, los “indígenas” realizan las manifestaciones externas de su legado cultural ancestral. Legado que la cultura dominante ha llamado “folclor” y que explota para su beneficio económico. Pero más allá de la fronda de las manifestaciones culturales anahuacas, existe una raíz común a todos los pueblos.

 
Esta raíz, los académicos le llaman Toltecáyotl, los practicantes vivenciales le llaman toltequidad. No está de manera explícita en la vida comunitaria y en las tradiciones fiestas y costumbres, PERO EXISTE.
 
 
Desde mitad del siglo IX está “sabiduría” desapareció del Tlaltípac y solo es conocida y transmitida por un reducido y selecto grupo de hombres y mujeres de conocimiento.

 
Pasar esta sabiduría del mundo del nahual (lo abstracto) a su opuesto comentario, es decir, al mundo del tonal (lo concreto), es el desafío que enfrentan los pueblos anahuacas de nuestros días. Su liberación no podrá ser a través de las ideas del colonizador, tiene que ser, de la sabiduría “propia-nuestra”, la Toltecáyotl.

 
Y no se diga los criollos y gachupines, que a pesar de “presumir su pasaporte español”; por el hecho de vivir tantos años y generaciones en el Anáhuac, culturalmente son mestizos, aunque sigan mandando comprar sus mujeres a España.
 
 
A tal punto que en España no los quieren y les llaman peyorativamente “indianos”. No puede ser de otra manera, no pueden ir a España a presumir que “son españoles” y allá los ven como lo son: mestizos culturales y por tal, los llaman “indianos”, diferentes a ellos.

 
Qué somos TODOS los llamados “mexicanos”, sencillamente…MESTIZOS, como casi todos los pueblos del mundo. El problema es la colonización intelectual y cultural que desprecia “lo mestizo” para mantener la “supuesta” supremacía de los extranjeros avecindados y nacidos en el Anáhuac.

 
La ideología del Estado criollo neocolonial (1821-2015), desprecia oficialmente al “mestizo” y ubica su génesis y símbolo en “Martín Cortés el mestizo”, hijo ilegítimo y producto de la violación, lo que nos condena a ser eterna e históricamente… “hijos de la chingada”.

 
Sin embargo, tenemos, en la HISTORIA DEL ANÁHUAC a los tres hijos de Gonzalo Guerrero (marinero español que naufragó en 1511 en las costas de Quintana Roo) y Zazil Ha (doncella maya de Chetumal). Gonzalo se hizo maya, aprendió la lengua, se hizo guerrero, enamoró a Zazil y se casó por la religión y cultura maya.

 
Vivió en la cultura maya, tuvo la primera familia entre un español y una anahuaca, procrearon a los primeros mestizos, dos niñas y un varón. Les enseñó a los mayas las tácticas militares de los invasores y luchó contra la invasión española hasta la muerte, defendiendo a su familia y a su nuevo pueblo y cultura.

 
Ese es el glorioso origen del mestizaje. La dignificación y concientización de los valores de este encuentro amoroso y cultural, debe ser la inspiración para encontrar “el genuino rostro y el corazón verdadero” de nuestra nación.

 
Después de Gonzalo Guerrero han llegado muchos más españoles y extranjeros a trabajar y luchar, “con y por el pueblo”. No se puede generalizar sobre “los españoles, ni los extranjeros”.

 
Existen personajes como Bartolomé de las Casas y fray Juan de Tecto en la misma conquista. Francisco Javier Mina, español que puso su fortuna, su espada y su vida por la causa de la Independencia o Leona Vicario hija de un acaudalado comerciante español. Y qué decir de la pléyade de intelectuales y maestros, refugiados de la Guerra Civil Española en el siglo XX.

 
La ideología del Estado criollo neocolonial ha logrado, con unas serie de mentiras, verdades a medias, sitios comunes y una distorsionada “historia oficial”, para que el pueblo se quede “huérfano y en la nada”, por lo cual es inseguro, autodestructivo y vulnerable, fácilmente explotable.

 
Por una parte, la gente desprecia a “los conquistadores españoles” y al mismo tiempo presume de su imaginario y mítico “abuelito español”. Por otra parte, desprecia la parte indígena de “su ser y hacer”. Le da vergüenza su color y fenotipo anahuaca, desconoce la “verdadera historia” y la Toltecáyotl, pero en momentos se asume como “guerrero azteca”.

 
Lo que nos lleva a desconocer y despreciar la parte occidental de nuestro ser. Pero al mismo tiempo, desprecia la parte anahuaca de la Cultura Madre. A final de cuentas nos quedamos “en la nada”, por lo cual tres siglos tratamos de ser tercamente españoles (1521-1821), un siglo tratando inútilmente de ser franceses (1821-1921) y el último siglo (1921-2015) ser torpe y vulgarmente “gringos de tercera” en vez de mexicanos de primera.

 
Esta orfandad, este vacío, este desprecio e ignorancia de nosotros mismos es un “constructo” del sistema colonial. Está debidamente planificado e implantado. Ayer con las leyes coloniales, la iglesia, la Santa Inquisición; hoy, con la tv., la SEP, el sistema económico.

 
No podemos ni debemos renunciar a nuestra herencia europea, pero de la misma forma, no debemos seguir desconociendo y auto despreciando nuestro noble origen anahuaca. Somos producto de los dos y debemos encarnar lo mejor de los dos.

 
La “dialéctica cultural” nos permite ser una poderosa y fructifica realidad, producto de la mezcla del par de opuestos complementarios, que generan un tercero, diferente y mejor que los dos que lo generaron.

 
Somos un país mestizo, como todos los del mundo. Esta mezcla debe ser nuestro orgullo y la base de nuestra emancipación de las mentes abusivas que han fomentado el racismo como ideología para deshumanizar y explotarnos, por extranjeros y entre hermanos.

 
Debemos poner punto final a la colonización, sea material, intelectual y espiritual. Debemos fortalecer, con la herencia cultural de nuestras dos raíces una “conciencia insumisa”, para que a través de una visión y pensamiento crítico, rehagamos nuestra historia y nuestra identidad.

 
No existe “la pureza racial y cultural”. Somos todos, orgullosamente mestizos todos. Necesitamos recuperar la imagen simbólica de la primera familia entre un europeo y una anahuaca.
 
Se requiere descolonizar el mestizaje. Lo difícil no es hacerlo…sino imaginarlo.  
 

   

 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre, profe Marín, muy interesante. Se que a mucha gente no le cae el veinte sobre estos temas, pero son los fundamentales e imprescindibles para ser un país de verdaderos hermanos. sígale profe, con mucha fuerza.

Arturo M. dijo...

Ayer la santa inquisición hoy la SEP, muy bueno! Todo evoluciona y se adapta.
Le dimos fuerza al "mercado" y hoy es un ENTE vivo y autónomo, que se reconstruye en una inteligencia arropada por ...y tantos mil millones que dependemos de dicho ente.
Mercado que incluye todas y cada una de las actividades del hombre.
Acallar el mundo como decía mi madre, solo asi la verdad emergerá de nuestros tejidos, la sabiduría de los abuelos y el espíritu de nuestra especie. Hay que aplicar la voluntad en una coyuntura clave para cambiar el rumbo las cosas.
Inlakesh