domingo, 12 de febrero de 2017

PERMANENCIA Y DESAFÍO DE LAS LENGUAS DEL ANÁHUAC


A partir del primero de enero de 1994, “aparecieron los indígenas” en este país. En el mismo instante, que la mayoría de los “euromexicanos” entraban al “primer mundo”. Irrumpió un grito centenario que exigía justicia, el cual cimbró “las buenas conciencias”. 
Apenas repuestos del susto, y de la resaca de la noche de fin de año, los “euromexicanos”, en defensa de “su país”, clamaron por todos “sus medios masivos”, que los indígenas estaban manipulados por fuerzas del exterior, que Marcos era un vividor y abusador de los indígenas, al igual que el “demoníaco obispo”. 
Muchos “mexicanos” no sabían de la existencia de los pueblos indígenas, de sus condiciones de vida y de la explotación que han hecho los criollos y mestizos estos últimos dos siglos de existencia del Estado neocolonial criollo.
De esta manera, se “pusieron de moda”, los “indígenas”. Hasta el 31 de diciembre de 1993, se les conocía como: “deprimidos”, indios, yopes, prietos, etc. Un batallón de intelectuales, artistas, feministas, activistas izquierdosos, llegaron como moscas a San Cristóbal. 
Muchos miles de millones de pesos, el Estado necolonial criollo destinó a los pueblos indígenas, mismo dinero que fue a parar a las corruptas manos de los funcionarios de los tres niveles de gobierno. 
Y realmente, nada mejoró, por el contrario, empeoró, por la entrada a escena de los carteles de la droga, el crimen organizado (con uniforme y sin uniforme) y partidos políticos, que: “no son lo mismo, pero operan igual.  
Los lingüistas, también se apropiaron de “su espacio”. Desde entonces a la fecha, han iniciado una “lucha en la defensa de las lenguas indígenas”. Con sus grandes y honrosas excepciones, como el Dr. Carlos Lenkersdorf, los académicos se han autonombrado los “rescatadores de las lenguas indígenas”.  
cada año “se rasgan las vestiduras en defensa y rescate de las lenguas autóctonas”, y los políticos, afinan su canto de jilguero o de cotorra, para la ocasión.
Muy pocas personas se han acercado al problema de las lenguas originarias de las culturas del Anáhuac, de una manera descolonizada, crítica y, sobre todo, respetuosa. 
En primer lugar, debemos decir, que las lenguas tienen una estructura interna de carácter filosófico. Es decir, una forma determinada y precisa de entender el mundo y la vida. La lengua es la verbalización del pensamiento y su materialización es la cultura
Cuando una lengua es dejada hablar por un pueblo, es porque, “ya no se vive de acuerdo a su filosofía milenaria”, razón por la cual, caduca, y se convierte en obsoleta. Si se trata de ser “moderno”, es mejor aprender inglés o español.
En segundo lugar, las lenguas anahuacas no se escriben, por la sencilla razón de que, -quienes las inventaron-, pensaron y así lo decidieron por miles de años, que no se necesitaban escribir, dado que las culturas del Anáhuac son esencialmente audiovisuales. 
No fue por “deficiencia o incapacidad”, que los Viejos Abuelos no hayan inventado alfabetos, por el contrario, fue un gran avance cultural, en el cual, durante decenas de siglos fueron a la escuela y ahí aprendían el uso correcto de su lengua.
Tercero, las lenguas anahuacas se están perdiendo, porque ya no se vive la filosofía de vida que ellas nombran. De manera práctica, las personas prefieren aprender español o mejor inglés. 
Así, que no es con “lingüistas filudos”, cursos y talleres, o la creación de la lectoescritura, de “afuera hacia adentro” de las comunidades, que se “rescatarán las lenguas indígenas”. 
Sino tendrá que ser de “adentro hacia adentro”, revalorando la filosofía de vida, los valores, principios, actitudes, tradiciones, saberes y costumbres, como la lengua se fortalece y perpetua.
Lo más triste “del problema de las lenguas”, es que el español se está perdiendo y, ni los lingüistas, ni el gobierno, en sus tres niveles hace nada por impedirlo. 
En efecto, en los últimos 15 años ha existido una campaña orquestada por los medios masivos, los políticos, los funcionarios, el magisterio y los padres de familia, para “destruir literalmente el español”. 
Las groserías son ahora, una moda, bien recibida y correctamente aceptada en la televisión, la radio, las oficinas de gobierno, la escuela y hasta los hogares. 
Las personas que se expresan con groserías, bulgaridades y bajezas, demuestran que no tienen la capacidad intelectual y cultural, para ordenar sus ideas, y las substituyen con majaderías. 
Y de esto, -“nadie dice nada”-, ¡porque todos dicen groserías! 


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