sábado, 20 de diciembre de 2014

EL SISTEMA DE ORGANIZACIÓN TOLTECA 3/3




El poder no es para hacer lo que el gobernante quiera. El cargo no debe hacer perder el juicio y el equilibrio. Debes ser mesurado, austero, justo, humilde. No presumas de tu estatus ni de tu responsabilidad, no humilles a la gente con tu autoridad, no abuses de ella con la gente. No tomes lo que no es tuyo y cuida el patrimonio de la comunidad y el gobierno, no lo desperdicies, dilapides y deshonres. 



“Pero no dobles las manos, más bien levanta la cabeza. No coloques frente a ti, no pongas encima de ti el tlatconi, el tlamamaloni. (No dejes que el hombre del pueblo se insubordine).
Debes hacer lo correcto para que la autoridad que representas, no se pierda entre la gente a la que tienes que servir. No te iguales con la gente. Honra y dignifica la autoridad que se te ha conferido temporalmente.

 
“También tranquilamente en la estera, en la silla (el poder) haz merced a la gente, acaricia a la gente. No hagas llorar, no hagas entristecer, no hagas gritar a nadie. Y si alguna vez golpearas en la cabeza, si hicieras aparecer tu furor, tu cólera, si alguien llamaras con enojo, provocarás asombro, escandalizarás.”

 Se ecuánime en el poder. Ayuda y trata bien a los gobernados. Que tus actos y decisiones no lastimen ni ofendan al pueblo. No sanciones con enojo. Que no haya ira en la aplicación de la ley porque esto provocará desconcierto y asombro entre el pueblo, desconfianza.

“No vayas a decir palabras vanas, a decir bromas, a colocar el ombligo (hacer burlas o críticas), pues las palabras vanas, las chanzas, no son de tu oficio”
No seas demagogo. Guarda y cuida tu lenguaje de tu alta dignidad. No te burles o critiques, no seas vulgar ni hagas bromas porque no es correcto por la autoridad que representas.




Aunque hasta hace poco te divertía el macehual, aunque te regocijabas como humano con tu hermano menor, con tu hermano mayor, ahora has sido deidificado. Aunque eres hombre como nosotros, aunque eres nuestro amigo, aunque eres nuestro hijito, aunque también eres nuestro hermano menor, aunque eres nuestro hermano mayor, ya no eres como nosotros, no te vemos como humano; ya representas a la gente, estás en lugar de la gente. Tú llamas, tú hablas en un lenguaje extraño con Dios, con Tloque Nahuaque. Él habla en tu interior, en tus entrañas. Viene a hablar por tu boca; eres su labio, la abertura de su boca, su lengua, sus ojos, su  oreja. A ti te hizo su recadero, te llenó de honra pues dispuso tus colmillos, tus uñas. (Dios hace justicia a través del tlatuani).
A pesar de ser un ser humano igual que todos, por la autoridad que se te ha conferido, tú ya no eres como la gente común, la responsabilidad que has asumido te hace diferente, ya no eres como antes, ahora debes ser una mejor persona, porque la divinidad suprema se expresará a través de ti, hablará con tus palabras, verá con tus ojos y escuchará con tus oídos, actuará con tu persona. Tu alta dignidad y la responsabilidad que posees, te acerca a lo sagrado y a lo divino, te transforma para servir a tu pueblo.




“Ya no te regocijes como en el tiempo pasado en que te dabas confiadamente al placer. Dispón tu corazón como de viejo (adquiere la sabiduría que da la edad), dignifica, haz fiero tu rostro, tu corazón, tu vida. Estímate a ti mismo, hónrate, hazte fiero. Dispón como viejo, haz aparecer como de viejo, has divina tu palabra, tu discurso.

Por tu alta dignidad y gran responsabilidad con tu pueblo, actúa con madurez y reflexión. Compórtate con seriedad y aplomo, con mesura lleva tus actos delante de tu pueblo. Se el ejemplo y la imagen de la rectitud y el equilibrio, de lo sagrado y de lo divino.  Habla con la verdad y con sabiduría, pide inspiración a la divinidad suprema para que por tu boca se exprese su designio.




“Ahora ya eres diferente, eres respetado, eres digno de respeto; fuiste colocado aparte, estás lleno de honra, lleno de fama; eres valioso, eres admirable, eres persona preciosa; digno de ser guardado, digno de ser honrado, de ser tenido como hijo menor (heredero de todos los bienes). No por ti mismo atemperes, no apagues tu voluntad. No coloques el obligo sobre la estera, sobre la silla, sobre el señorío, sobre el gobierno.”

Por la alta autoridad que has asumido ahora eres una persona de respeto y respetada. Tu responsabilidad conlleva fama y honra, y te hace valioso para el pueblo y eres admirado. Por la alta dignidad que has asumido eres una persona valiosa para la comunidad, eres su autoridad, el que decide, el que gobierna, representas el bien común más valioso del pueblo. Por ello no puedes hacer burlas o críticas desde tu puesto de responsabilidad.




“No te hagas como fiera; no estés del todo mostrando tus dientes (no seas inclemente). No enfurezcas por completo pues espaciarás las cosas (no robes, no malgastes, no desperdicies el trabajo de los demás y los bienes de Dios), espantarás, te harás lleno de púas, lleno de espinas. Esconde tus dientes, tus uñas (no seas insensible). Acaricia reúne, congrega, lisonjea, seduce, al cerro (a la comunidad), ordena sus lugares. Asista tu forma de ser, tu manera de vivir.”
Obra con rectitud y sabiduría en tus actos de gobierno. No te puedes enojar y menos en público, debes ser sereno y firme, sabio y terso en el trato con quienes te ayudan a gobernar y a organizar. Se amable y generoso con tu pueblo. Erradica la corrupción sé un mandatario limpio y transparente, verdadero, honesto y humano. Convoca, suma, se proactivo, receptivo y atento a las voces de tu pueblo. Imparte justicia con sabiduría y prudencia. Vive de manera austera, sobria y humilde. Se el primero en mostrar el ejemplo de la rectitud y la virtud en la vida.




“Pon atención, persona, tlatoani, noble mío, señor nuestro, persona preciosa. No cualquier lugar se puede pisar. No vayas a ejercitar tus pies pues no tranquilamente es buen lugar, no pacíficamente es lugar propicio el lugar de la estera, la silla (la autoridad), el lugar de la honra. En la tierra se deslizan, se resbalan las cosas; nadie avanza porque están juntos, están reunidos el lazo, el pozo, la trampa, las pajas duras, la cuerda.”

Entiende gobernante, no por tu alta dignidad puedes hacer o pasar por donde tú quieras. Tienes que respetar al pueblo y a las demás autoridades que también tienen su dignidad y su responsabilidad. Hay cosas y espacios que no se pueden hacer y tocar, ni aún el gobernante, porque de hacerlo se creará violencia y rencor. Evita los pantanos y los espacios materiales e inmateriales “resbalosos”. No hay enemigo pequeño y el terreno del gobernante es la ley y la justicia.  



“El sustento de Nuestro Señor nos de huesos, nos da carne, nos da fuerza. Consíguelo, pues en verdad se dice que no es tranquilo el gobierno; así es como se dice que no descansadamente hay bebida, hay comida.”

El pueblo necesita tener los bienes necesarios para satisfacer con dignidad sus necesidades. El gobierno debe ofrecer la posibilidad de que el pueblo con su trabajo satisfaga sus necesidades, el gobierno debe brindar la seguridad y el bienestar. El gobierno debe trabajar arduamente para auspiciar que no falte esto a su pueblo.



“No te alegres en el lugar de la estera, en el lugar de la silla; no gozarás, en ningún lugar estarás contento; sólo sufrirás, te afligirás, harás penitencia.”  

El ejercicio del poder no es para gozar y disfrutar de él. El gobierno es un lugar de trabajo y dedicación total y permanente. Si no es así, solo sufrirás y tendrás sólo problemas.



“Y atiende, oh, persona preciosa, señor nuestro, ojalá que no haya yo dañado tu corazón, que no haya levantado tu cólera, tu ira; que no haya hecho salir tus uñas, tus dientes.”

Señor gobernante, espero que no te hayan ofendido mis palabras, que no provoquen tu cólera y tú ira, tu enojo. Como gobernante debes saber escuchar con paciencia y humildad, para abrir tu corazón.



“Esto es suficiente. Ante ti me resbalo, me tropiezo, trastabilleo. Y delante de Él ando dando rodeos, paso adelante, salto allende Nuestro Señor Yohaualli Ehejecatl. Pues Él está aquí, nos escucha, se digna tomar, se digna oír la palabra, el discurso. El error que he hecho salir, el balbuceo de tartamudo, el sito de no estar, el sitio de no permanecer, lo he elevado, lo he colocado, lo he dicho.”  

Esto es suficiente. Espero no haber errado en lo dicho ante ti y la Divinidad Suprema que todo lo ve y lo escucha, que todo lo sabe.  Espero no haber incomodado.



“Es todo, pertenece, corresponde a la maternidad, a la paternidad, es la costumbre.”

Este discurso es el que nos han legado, como un tesoro, nuestros antepasados y es el mismo que se le da a todos los que asumen la autoridad, el gobierno, para que lo conozcan, para que lo recuerden, para que no lo olviden y lo lleven en su corazón. Esta es nuestra costumbre.



“Es todo. Yo, lo ofrezco (mi discurso) a la Persona, a Nuestro Señor. Él lo toma, lo escucha. A él lo doy, frente a él lo ofrendo.

Haz tu oficio, haz tu trabajo, persona, señor nuestro, tlatoani.”

Es todo lo que debe saber la autoridad, el gobernante, a él se lo ofrezco. Nuestro Señor lo escucha y lo toma, a Él también se lo ofrendo y es un tesoro de nuestros antepasados.

Gobernante, cumple con tu alta responsabilidad, eres un ser humano, eres nuestra autoridad, haz tu trabajo, cumple con tu digno cargo.  



Nota final del autor:
Siempre hemos dicho que el futuro está en el conocimiento del pasado. El pasado es nuestro futuro. Debemos de retomar la sabiduría ancestral "propia-nuestra" para construir nuestro futuro. No es idealización o desvarío, por el contrario es lo mas inteligente y sensato que debemos y podemos hacer ante los cinco siglos de colonización. Estos valores y principios debemos de exigirlos a nuestras autoridades "de aquí y de ahora". Lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo.   


Visite www.toltecayotl.org 


   


2 comentarios:

Joshua Beta Cihuaoquichtzin dijo...

Excelente...xD

La voz de la experiencia...xD

Lástima que hoy en día a los gobernantes de hoy, sin importar régimen, esto les entre por una oreja y se les salga por la otra... :(

Anónimo dijo...

tenemos que hacer que los gobernantes respeten nuestra historia y se comporten con los códigos de honor, ética y moral que nuestros antepasados, ellos son nuestros empleados y deben de obedecer al pueblo, no queremos ladrones ni asesinos. Eduardo González